En estas últimas semanas se han cerrado varias librerías, lo que ha generado artículos y comentarios en prensa escrita y digital de lo más variopinto, pero todas con un denominador común, panegíricos y loas de despedida, muy poco sobre sus problemas estratégicos y  evolución, y nada sobre políticas públicas de apoyo.

En este país la lectura y el libro han estado siempre en crisis, lo que forma ya parte de la naturaleza profunda del sector. Y la crisis que atraviesan las librerías no es sino el estandarte de una crisis profunda de toda la industria, con serios problemas de articulación y estructuración. A mi modo de ver no es una crisis de un eslabón de la cadena de valor del libro, es una crisis del sistema, siendo éste el que condena  en muchos casos a las librerías.

El volumen de agentes editoriales con actividad en 2017 es una cifra de vértigo. Se puede interpretar como una riqueza enorme en bibliodiversidad, pero también como un sistema que necesita ser reordenado, como un problema. A partir de este volumen de agentes se establece una sobreproducción que sale al mercado y se acaba por reflejar en las librerías.

Si analizásemos la desaparición de editoriales, o al menos las que cesan en su actividad entre dos años nos llevaríamos un sorpresa. Desde 2008 se han estado creando en España unas 300 editoriales al año, pero también en esos años han cesado en sus actividad cerca de 1000. Este cuadro muestra los nacimientos y el siguiente los decesos.

Un dato curioso de estas cifras es que Madrid representa el 28% tanto en altas como en inactividad, 73 empresas editoriales nuevas y 233 en inactivas. Esta aparente pérdida neta de tejido editorial refleja también la inconsistencia de los modelos editoriales y su debilidad económico-financiera. Si se pudiesen analizar los ratios financieros del ecosistema  editorial es muy probable que observásemos que son francamente débiles.

Del gráfico anterior se puede analizar que en este entramado conviven un elevado número de agentes con publicaciones esporádicas, de una vida corta e irregular, con editores estables con proyectos consolidados. De los 3.032 agentes editores, el 20,4 %, es decir, 620 editores, han publicado un solo libro en 2017. Por su parte, 1.351 editores (el  44,6 % del total) han publicado entre dos y nueve títulos, lo que supone que el  65,0% de los editores publicaron menos de diez títulos en 2017. En el apartado de autores-editores, el  76,8 % solo ha editado un libro en 2017 y los que publicaron menos de diez títulos fueron el 99,2 %.

Con este volumen,  la distribución se encuentra al borde del colapso, de manera que cada vez son más los editores que optan por modelos directos, obviando la distribución general y por supuesto las librerías. El problema de estos modelos es que acaban tensionando el sector y confluyendo en puntos de frágil equilibrio.

Todo lo anterior pone de manifiesto la debilidad sistémica que la edición tiene, de manera que también en edición hay una crisis profunda, quizá menos visible que los cierres de librerías. El problema se acerca a lo que se denomina “destrucción creativa”.

Desde 2008, año de irrupción brutal de la crisis en España, las librerías han sufrido enormemente, desapareciendo más de 1.000 librerías en todo el territorio, muchas de ellas librerías de fondo y con una arraigada tradición en el mercado del libro, auténticas referencias en muchas ciudades de España. En el último mapa de librerías  se aprecia un ligero incremento hasta alcanzar las 3.967, cifra que creo demasiado elevada si se tiene un criterio  restrictivo de lo que es una librería, pues creo que en  esa cifra hay también mucha papelería con un portfolio de libros relativamente limitado.

Las librerías en España padecen principalmente seis problemas  (entre muchos otros):

  • Margen. Hay que recordar que en Francia y Alemania la librerías independiente trabajan con unos 8 puntos más que en España.
  • Tráfico. En numerosos estudios de retail la librería aparece como uno de los puntos de venta menos visitados, sobre todo en el segmento demográfico de jóvenes.
  • Rotación. Al tener muy poco tráfico de compradores, a rotación del stock es muy baja, y por tanto deficitaria.
  • Elevado inmovilizado. El coste de mantener el stock genera un problema  de cash flow permanente y problemas de liquidez agobiantes.
  • Rentabilidad. Todos los ratios económico-financieros son malos: liquidez, tesorería,  disponibilidad, fondo de maniobra,  endeudamiento, autonomía financiera, rotación media de las existencias, días para vender las existencias, rotación de los activos totales, rotación del activo fijo, rotación del activo circulante, etc.
  • La venta directa de editores y distribuidores. Cerca del  40% al margen del canal y en muchos casos en precio libre.

En relación a este último problema veamos estos cuadros:

Si eliminamos del cuadro anterior la facturación en librerías y cadenas nos encontramos con esta situación: 1.094 millones de euros están en canales ajenos a las librerías y cadenas, lo que representa el 47% del comercio minorista del mercado interior.

Si observamos el epígrafe Empresas e Instituciones observamos que la cifra de 346 millones de euros representa el 14,9% del comercio interior y es venta directa de la edición al margen de las librerías y cadenas.

Después de analizar estos gráficos cobra sentido la diapo que mostró hace unos meses Juan Miguel Salvador (Librería Diógenes, Alcalá de Henares) en el Congreso de Librero de Sevilla. En ella se muestra el ratio de rentabilidad, que obviamente es malo y compromete el futuro. ¿No habrán empeorado en estos últimos meses?

También en estos últimos días ha estado en los medios el tema del libro de texto, con unas regulaciones disparatadas en las que cada comunidad autónoma ha diseñado su modelo de gratuidad, y en la mayoría de los casos modelos que aíslan la librería a la hora de ser el canal natural de acopio.  Las librerías, papelerías y cadenas solo absorbieron el 56% del volumen, luego el 44% fue venta directa. Es importante señalar que no discuto el tema de la gratuidad, convertida en España en un tema tema puramente electoral, pero al menos que sean las librerías, por tanto todo el canal, los depositarios del movimiento comercial. Gratuidad por supuesto, pero en las librerías.

Es por ello que insisto en que hace falta de manera urgente abordar en España el problema del libro, lo que quiere decir abordar el problema de la lectura, de los lectores y de las librerías. Un gran Pacto Nacional en torno al Libro parece necesario. Es así que me atrevo a sugerir algunas cosas:

Campaña Nacional de Fomento del Libro. La puesta en valor del libro como mediación cultural resaltando los valores tangibles e intangibles del mismo parece más que necesaria. El ejemplo a copiar sería la campaña anglosajona ”Books are my Bag”, de la que he hablado aquí en algunas ocasiones.

Plan de Apoyo a Librerías. Colocar en el debate público la protección a la librería como eslabón crucial del libro que garantiza  la diversidad cultural y el derecho universal al acceso. Hace un par de meses leí una entrevista con el Presidente del Grupo Planeta, don José Creuheras, en ella reclamaba un “plan de librerías”, pues bien, habría que montar de manera urgente una Mesa de Trabajo y abordar el problema. Los problemas que azotan a las librerías son un problema del sector, he defendido la “intersectorialización” del problema, si la edición pierde “ventanas” físicas de exposición está ante un  gran problema, y el mundo online no soluciona esto.

Código de buenas prácticas. Parece obvio que hay que reordenar el sector y un código aportaría estructuración a las prácticas comerciales que hoy parecen cuando menos dudosas.

El descenso del tejido de librerías en Europa es innegable, los factores que llevan a esta situación son numerosos y requieren planes de choque, seguir lamentándonos vale de muy poco. Hay que abordar el problema, no sólo en torno a las librerías, sino también al libro, la lectura y las bibliotecas.

El único lugar donde se aprecia un resurgimiento de las librerías independientes es en Estados Unidos, un fenómeno curioso en un país de precio libre y con Amazon como “rey del mambo”. Las cifras que muestra la  Asociación Americana de Libreros (ABA), así lo demuestran. Si en 2009 sus librerías afiliadas eran 1.651, el mínimo histórico del país, en 2017 se contabilizan 2.320, con un incremento de las ventas del 10% en 2015 y del 5% en 2016.

Si no hay contratiempos o imponderables, tendremos a Oren Teicher, secretario de la ABA, en la próxima Feria del Libro de Madrid para que comparta esta evolución positiva y nos muestre la situación.

 

Termino remontándome a 1968, en concreto al 1er Congreso de Libreros de España. Observen sus conclusiones:

  • Lograr la exclusividad absoluta como canal difusor del libro.
  • Conseguir que los libros escolares y de texto vuelvan nuevamente a la librería.
  • Disfrutar de un margen comercial más holgado.
  • Poder optar eficazmente a los concursos y servicios a bibliotecas o instituciones culturales, ahora no al alcance de los libreros.
  • Formulación de una normativa comercial entre libreros, distribuidores y editores.
  • Se requiere un poder vinculante moral mayor entre editores y libreros para evitar prácticas anticomerciales, se estima aconsejable que este convenio sea escrito y sin mayor fuerza de obligar que la que se deriva de un “pacto de caballeros”.
  • Establecer una ponderación y calificación de la entidad librera.
  • Incorporar las suscripciones a publicaciones periódicas a las librerías.
  • Estudiar la forma de financiación de las ventas a bibliotecas.
  • Desarrollo de exenciones fiscales a través de un régimen tributario especial en los ámbitos, local, provincial y nacional.
  • Acceso al sistema de créditos prioritarios en cuanto a los capítulos de inversiones fijas y financiación de stocks.
  • Creación de una entidad financiera y crediticia al servicio de las librerías.
  • Campaña Nacional del  Libro en televisión, prensa y radio.

 

Para los que pensamos que el futuro de las librerías es indisociable de la política de preservación del patrimonio cultural de un país y de su preocupación por propiciar y  facilitar su acceso universal, resulta dramático leer estas conclusiones. La sensación de no haber avanzado nada es obvia. Mismos problemas, carencia de soluciones, tiempo perdido. Abordar una política cultural en torno al libro es imprescindible.  Invoco a San Jerónimo, patrón de los libreros desde el siglo XVI,  para ver si es posible que se estructure una defensa seria de las librerías y del libro en España.

Anuncios

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

2 Comentarios

  1. […] según los últimos datos aportados por CEGAL. Creo, compartiendo también muchas de las recientes reflexiones de Manuel Gil, que es lo primero sobre lo que deberíamos […]

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s