Durante el pasado Liber fui invitado por PEFC (un sistema de certificación forestal que asegura y certifica que los bosques son gestionados de forma responsable, y que el uso del papel que hace una empresa o una industria  de todos los productos forestales (madera, papel, corcho, setas, resinas, esencias…) proviene de estos bosques, garantizando al consumidor que está comprando productos de bosques gestionados sosteniblemente.

Cuando redacté las líneas generales de mi intervención establecí dos líneas de exposición, por un lado todo lo referido a ecoedición editorial, y por otro el proyecto que estamos desarrollando en la Feria del Libro de Madrid en materia de sostenibilidad. Para no hacer extremadamente largo este post voy a comentar la parte referida a ecoedición, y en unos días subiré un post con lo referido al planteamiento de sostenibilidad de la Feria.

Hace ya unos años asistí a un congreso sobre ecoedicion que desarrolló ASPAPEL en Sevilla, pensé que este tema iba a ser asumido por la industria editorial inmediatamente, pues bien, han pasado tres años desde aquel evento y observo muy pocos cambios y avances en el tema, en un momento especialmente delicado en materia ambiental, y donde los signos sobre el cambio climático son ya difícilmente cuestionables y/o rebatibles.

Desde mi punto de vista, la industria editorial ha avanzado muy poco en este tema. El uso de certificaciones PEFC o FSC, ambos distintivos sobre la procedencia del papel, se observa muy raramente en los ejemplares que se editan, lo que debería conllevar que el distintivo apareciese en alguna parte de los créditos de cada ejemplar, y por ejemplo, con textos como este:

El papel utilizado en este ejemplar es reciclable, libre de cloro y obtenido de una gestión forestal medioambientalmente sostenible.”

Pero si nos referidos a algo más complejo como puede ser el uso de alguna etiqueta de ecoedición, el panorama resulta ya desolador. En el congreso al que antes me he referido, una de las ponencias me resultó especialmente interesante, la titulada «De la huella de carbono a la etiqueta ecológica en los libros: una experiencia real en Hachette Livre», que presentó Ronald Blunden, Vicepresidente Senior de Hachette Livre. La ponencia mostraba el etiquetado que estaba poniendo este grupo, siguiendo recomendaciones de directivas europeas, y la acogida magnífica que estas etiquetas, insertadas en las páginas de créditos, estaban teniendo entre los lectores franceses.

Aunque estos programas de etiquetado creo que son todavía voluntarios, la idea de la etiqueta ecológica europea en materia de ecoedición debería estimular a las empresas editoriales a comercializar los productos con el mejor comportamiento medioambiental posible. Se señaló que en un plazo muy corto de tiempo las directivas europeas fijarían ya los plazos de inclusión de estos datos en los libros y publicaciones. Desde las certificaciones PEFC o FSC de consumo de papel a partir de madera de bosques certificados, cadena de custodia, y Huella de Carbono.

La inclusión en los créditos de los libros de huella de carbono, agotamiento de recursos fósiles, y agotamiento de de ozono es ya muy poco negociable, es una necesidad imperativa. La huella de carbono mide la cantidad GEI –Gases de efecto invernadero– emitidos a la atmósfera a lo largo del ciclo de vida de un producto (kg CO2e), la idea de su cálculo es la siguiente:

  1. Conocer la carga ambiental de un producto en términos de su contribución al CG –calentamiento global–.
  2. Establecer valores objetivo y evaluar las reducciones de emisiones de GEI.
  3. Comunicar la huella de carbono a todos elementos de la cadena de valor y por supuesto a los lectores.

En los mercados de consumo en España comienza ya a aparecer este tipo de etiquetado, pero en materia de edición resulta algo totalmente desconocido e inusual, al día de hoy parece evidente que la edición debe comenzar a implementar el tema de manera inmediata, entre otras cosas por una cierta exigencia de los propios lectores de libros y revistas, de manera que el lector pueda acabar adquiriendo libros de una determinada editorial que hace de la ecoedición un parámetro más en cuanto a consumo responsable y sostenible, y por otro, por la propia política medioambientamente responsable de la industria. No debe verse esto como una simple etiqueta de marketing sino como un serio compromiso de la edición con el medio ambiente y de responsabilidad social con los lectores y con las generaciones futuras. Conocer, como consumidores y lectores, la cantidad de dióxido de carbono (CO2) emitida durante la fabricación, transporte e incluso destrucción de libros es hoy más que importante. Reproduzco aquí un modelo de etiquetados de ecoedición que deberían aparecer ya  en multitud de productos editoriales:

El avance en estos temas debería provenir de la confluencia público-privada. Por un lado, las administraciones públicas deberían comprometerse desde ya en el desarrollo de manuales de contratación pública sostenible en esta materia, cuando se plantea una licitación debería exigirse unas condiciones de sostenibilidad en la línea que planteo, como así hizo en el año 2014  la Junta de Andalucía (desconozco como esta este proyecto en la actualidad), y en paralelo la industria debería comenzar a formar sus editores en este tipo de planteamientos. Pocos proyectos me parecen tan justos, significativos e importantes, como avanzar en la sostenibilidad de la edición, y en este punto la ecoedición es una responsabilidad inaplazable. La formación desde las organizaciones gremiales acerca de los beneficios actuales y futuros de implementación de prácticas cercanas a una economía circular como intersección entre aspectos ambientales y económicos es fundamental. El sistema lineal de nuestra economía (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. Y es en este punto donde la edición puede ser un altavoz decisivo en el desarrollo de una conciencia ciudadana en esta materia. Mitigar las consecuencias del cambio climático es responsabilidad de todos, también de la edición.

Post Data. Para los que les interese el tema “sostenibilidad”, les comento que hace unas semanas, la gente de Naos Libros, conociendo mi interés por este tema, me sugirió la lectura del libro “Cómo prosperar en la economía sostenible”, de John Thackara, publicado por Editorial Experimenta. Pues bien, el libro es verdaderamente magnífico y muy recomendable. Todos los elementos que abarca la sostenibilidad son analizados con precisión. Para mí ahora mismo la referencia en el tema, y muy interesante para editoriales en términos de ecoedición, pese a no tratarse directamente.

Por otro lado señalo los enlaces a dos manuales de ecoedición que pueden descargarse libremente. Uno de la Junta de Andalucia y el otro del  Proyecto Greening Books LIFE .

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

2 Comentarios

  1. […] mediados de diciembre pasado publique un post titulado “Ecoedición y sostenibilidad”, pues bien, desde entonces he recibido numerosos correos de colegas que me sugieren que de mi […]

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  2. […] En tiempos donde las causas y consecuencias del cambio climático son difícilmente rebatibles o cuestionables, la industria editorial en general ha avanzado muy poco en las cuestiones de ecoedición y sostenibilidad. El uso de certificaciones PEFC o FSC, ambos distintivos sobre la procedencia del papel, se observa muy raramente en los ejemplares que se editan y, aunque estos programas de etiquetado son todavía voluntarios, la idea de la etiqueta ecológica europea en materia de ecoedición debería estimular a las empresas editoriales a comercializar los productos con el mejor comportamiento medioambiental posible. En este artículo, Manuel Gil brinda una interesante reflexión sobre esta problemática: “El sistema lineal de nuestra economía (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. Y es en este punto donde la edición puede ser un altavoz decisivo en el desarrollo de una conciencia ciudadana en esta materia” (Antinomias Libro, 5 minutos). […]

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