En estos días son muchos los amigos y colegas que me preguntan sobre las cifras que aparecen en los medios sobre la debacle del libro. Obviamente los medios han ido mostrando cifras desde fuentes internas del sector, y estas se han publicado como si fuese la secuencia de un bingo de extrarradio. Primero fueron 800 millones, luego 1.000, después 1.200 y finalmente se alcanzó los 1.600.

Vamos a darle una vuelta a estas cifras.

Hagamos un ejercicio relativamente fácil para llegar a algunas cifras que podemos considerar razonables. La última cifra que nos muestra el Informe de Comercio Interior de la FGEE nos dice que la cifra de facturación alcanzada fue de 2.363 millones de euros. Esto significaría unas ventas mensuales de 196,9 millones al mes eliminando el factor estacionalidad. Si observamos que la venta ha estado interrumpida 2 meses significa en términos absolutos 393 millones. Esta cifra es una demanda perdida, no aplazada.

Tendríamos pues el siguiente cuadro:

      • Enero, febrero y marzo: 591 millones se habrían vendido. Los 15 días cerrados de marzo los desplazamos a los 15 días de mayo que se estará cerrado.
      • Abril y mayo: 0 millones.
      • Nos quedan 7 meses de facturación para cerrar el año.
      • Si nada hubiese ocurrido diríamos que 7 x 197= 1.379 millones.

Pero el problema surge en cómo se va a comportar la demanda en estos meses. Seguimos con el ejercicio.

Tomemos la cifra de 1.379 y estimemos dos posibles descensos:

      • Al 20%. Tendríamos una cifra de 275,8 de descenso. Dejaría los 7 meses en 591+ 1.098=1.689 millones.
      • Al 30%. Tendríamos una cifra de 414 de descenso. Dejaría los 7 meses en 591+ 958=1.549 millones.

Si finalmente cerramos esta hipótesis el resultado sería movernos en una horquilla de entre 1.689 y 1.549 de resultado en las cifras de comercio interior 2020. Una debacle de proporciones dantescas sin duda, una proyección radiográfíca del sector que nos remite a los años 90, época en la que se alcanzaban cifras similares. Abordar estos escenarios debería ser objeto de análisis más profundos. Es por eso que al comienzo del confinamiento propuse la constitución de un observatorio de la crisis, integrado por analistas independientes, no se hizo ni caso, sé que alguna institución montó un comité de crisis, pero dos meses después no he visto ningún análisis ni estudio de proyecciones. Se hace bueno el dicho de si quieres que nada cambie, monta una comisión.

Si observamos el gráfico vemos que la cifra más alta fue en 2008, siendo 2013 el punto más bajo de la crisis financiera. Desde ese año se inicia una “relativa recuperación”, muy matizable por el peso que tuvo en esos años la implantación de la LOMCE, una ley educativa que supuso tener que comprar libros de texto  a los 8,2 millones de escolares, un mercado cautivo de pingues beneficios. En España este segmento está 15 puntos por encima de la media europea en su cuota de mercado sobre el total de la comercialización del libro. Y con las librerías independientes cada vez más ajenas al segmento. Ahora se está pendiente de una nueva Ley (LOMLOE) que derogaría la anterior y que está pendiente de tramitación parlamentaria. Que cada tres o cuatro años se instaure una nueva ley educativa es el sueño húmedo de este perfil de la edición.

Lo que nos dice todo esto es que el sector en 2019 no se había recuperado de la crisis de 2008, seguía en estado de encefalograma plano, pues en 2019 todavía estaba alejada un 25% sobre aquel año. El papel del libro de texto en la leve mejoría de cifras entre 2013 y 2019 fue enorme. El resto de otras áreas de la edición fue muy pequeño. Las cifras de la venta por materias así lo demuestra.

Luego al observar hipótesis sobre la situación a 2020 tenemos que tener presente sobre qué año comparamos.

Vamos a seguir comparando.

Si el sector en 2020 cierra con la horquilla antes mencionada, entre 1689 y 1549 significaría:

        • Sobre la cifra de ventas de 2019: retroceso de entre el 28,6% y el 34,5%.
        • Pero si comparamos con la cifra de 2008 el retroceso sería de entre el 47% y el 52%.

La conclusión es obvia. Una debacle absoluta que retrotrae al sector a cifras de hace 20 años. El sector no estaba nada bien, y ahora le llega esta pandemia. No quiero ser agorero ni profeta de desventuras, pero la situación no va a ser buena. A nivel macroeconómico del país hay que pensar en una caída en torno al 9% del PIB, un desempleo en torno al 19%, un enorme endeudamiento como país, una demanda bajo mínimos, rentas precarias, etc…Si la pandemia ha sido un doloroso desastre humano, lo que viene después es un desastre económico brutal.

Leo unos datos que comparte Roger Domingo, editor de Deusto, en los que a partir del Nielsen BookScam muestra la caída durante este marzo y abril pasado. Las cifras que muestra son demoledoras. Recomiendo vivamente acceder a su ponencia pues suministra datos de crecimiento de lectura y compra de libros electrónicos sumamente interesantes.

¿Cómo sostener una industria con cifras semejantes? Pues obviamente van a desaparecer pequeñas editoriales y librerías. Inevitable. A diferencia de lo que ocurrió en 2008, el mercado de exportación con América Latina en estos meses va ser menos que cero. Pensemos que las monedas latinoamericanas están cayendo a mínimos históricos ante el dólar, prácticamente sin excepciones. Entre las mayores economías de la región, los países más afectados por la depreciación de su moneda desde que comenzó la propagación del covid-19 son Brasil, Chile, México, Argentina, Perú y Colombia. Las economías de América Latina están cayendo en recesión y dibujan un escenario que no presagia nada bueno, incluyendo proyecciones de déficit fiscales masivos. Si en aquellos años muchas editoriales medianas y pequeñas aguantaron gracias al comercio con América, en esta crisis, y durante muchos meses, este mercado no va a existir. Algunos pueden recordar una frase de la época: “vendemos más en América que en España”. Esto conllevó que los pequeños editores aguantarán mejor que las librerías, pues estas se dejaron por el camino una cifra en torno a 1000. Los pequeños editores encontraron “El Dorado” en América, no así las librerías, pues las que sobrevivieron incrementaron su debilidad y vulnerabilidad.

Las medidas que los poderes públicos está aprobando presentan un problema, o se aplican ya (inmediatamente) o no valdrán de nada. El apoyo crediticio debería ser para incidir sobre el activo circulante (bienes y derechos líquidos de las empresas) y cubrir el desfase entre ingresos y gastos fijos, al menos durante 4 o 5 meses. Hace unos días mi colega Bernat Ruiz Domenech analizaba las medidas de Ministerio con precisión cirujana. En la “pirámide de los gatillazos” las instituciones del sector han alcanzado el top, en vez de una política de beligerancia se ha optado por “la parálisis por el análisis”, demorando continuamente el agitar el árbol. En vez de “momento wow” hemos tenido el “momento gatillazo”. Un error con implicaciones de ”alta geopolítica” editorial.

Obviamente el sufrimiento del libro será desigual y asimétrico. Cuando leo la coletilla del “eslabón más débil” aplicado a las librerías pienso que se equivocan. Si nos referimos a “debilidad económico financiera” es correcto, pero si nos referimos  a “posición competitiva” no lo acepto. En este tipo de situaciones las librerías tienen la sartén por el mango, pues tienen el control y acceso al cliente, por tanto, en este punto no hay debilidad si se sabe jugar las cartas. Otro colectivo que va sufrir mucho es la pequeña edición, la situación que se vislumbra lleva a pensar en un incremento importante de la concentración y en una lucha descarnada por el control de los lineales de los puntos de venta. ¿Qué espacio va  a quedar para las micropymes editoriales? Muy poquito. Ahora que se van a implementar compras para bibliotecas me hago una pregunta: ¿se va a garantizar la bibliodiversidad en esas compras? ¿Se va a comprar lo que la ciudadanía quiere leer o lo que la ciudadanía debería leer? Preocupante. Otro colectivo del que se habla poco es el de los autores, primer eslabón de la cadena del libro y en una situación de indefensión absoluta.  Puede verse la serie de tres artículos magníficos publicados por Guillermo Schavelzon titulados “De que vive un escritor” para entender el problema.

Me hace una reflexión un pequeño editor al que tengo en gran estima por su finura de análisis y bagaje intelectual, me señala que la macrocrisis financiera del 2008 acabó con muchas cosas, y una de ellas fue la desaparición del “sector” como concepto de análisis y representatividad colectiva. En esos años la industria fue incapaz de levantar políticas de choque y reconversión, todo se quedó en “sálvese el que pueda”. Ahora piensa que vamos por el mismo camino. Esos años fueron el momento de la verdad para emprender una reforma estructural del sector. No se atacaron las disfunciones que el sector presentaba y ahora tampoco se abordarán. Para unas industrias carentes de rentabilidad y  beneficios, esta nueva crisis las pone en el borde de precipicio. Es obvio que si fuesen industrias salubres, hace años que el capital riesgo y los fondos buitre habrían recalado aquí.

Si hay algo en lo que todos podemos estar de acuerdo es que la pandemia incidirá directamente sobre cambios profundos tanto en hábitos sociales  como en hábitos de compra y consumo de contenidos. En estos cambios, los hay que tendrán un “efecto rebote”, es decir, volverán más o menos a pautas similares a las de antes del confinamiento, y hay otros que se instalarán en el imaginario público y en los comportamiento de compra y consumo. Cuando el mundo real ha cerrado ventas, el virtual ha abierto sus puertas. En estos meses se ha producido la explosión de lo digital, pensemos en áreas ya maduras, como el comercio electrónico para compra de papel, digital y audiolibros. Si observamos que tanto la lectura digital como la compra de libros por Internet ya estaba en niveles muy altos, el confinamiento ha conllevado una extensión y adopción de un hábito de compra que tendrá efectos importantes sobre otros canales de comercialización. La rápida adopción del hábito durante el confinamiento conlleva en desplazamiento hacia canales menos transitados hasta ahora por amplias capas de lectores y compradores de libros. Como señala algún analista,  en las últimas semanas se ha recorrido una década en la evolución de los indicadores de digitalización.

La lectura de diversos informes sobre la evolución del canal online pone de manifiesto muchas cosas, pero tres principales por lo que pueden incidir a futuro:

        • El canal online sigue ganando adeptos tanto entre consumidores fieles como en nuevos usuarios.
        • Aquellos que lo tenían como un canal secundario, han visto como la pandemia les ha conducido a considerarlo canal principal.
        • Incremento de la frecuencia de compra, esencialmente por rapidez, y ahora por seguridad.

Termino con un tema también doloroso, la situación de los jóvenes, que deberían ser el motor de una recuperación del comercio del libro. Durante abril el paro entre los jóvenes ha crecido un 13%, la tasa actual se sitúa en el 33%, entre los 460.000 empleos destruidos desde el comienzo de la pandemia, el 50% corresponden a menores de 35 años. Pensemos que los jóvenes que tienen un empleo es en condiciones de absoluta precariedad y salarios de indigencia. Reactivar el tráfico hacia las librerías implica necesariamente generar bonoslibro de manera inmediata y continuada para estos segmentos demográficos. En este punto los poderes públicos tienen mucho que aportar. La compra para bibliotecas a las librerías es una buena medida, pero debe ser complementada por un apoyo decidido a la inducción de demanda y tráfico a los puntos de venta físicos. Cuando hay voluntad política, técnicamente se puede hacer todo. Y perdonen que insista, la mejor forma de entender el libro como bien de primera necesidad es que se pueda desgravar en el tramo autonómico de la declaración de la renta, no sólo libros de texto, cualquier tipo de libro. Quizá ha llegado el momento de abrazar el concepto francés de “excepcionalidad cultural del libro”, el momento es el adecuado. Si se piensa en el sector a varios años vista, hay que convenir que el futuro no siempre está por llegar, hay futuros que han pasado.

Leí hace unos días que tras la peste vino el Renacimiento, ahora no sé lo que puede venir. Me inclino más por un futuro negro parecido a los episodios de Black Mirror. Observo pocos antídotos y salidas de emergencia, y cierro con una frase de Albert Einstein, “En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento”.

 

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

4 Comentarios

  1. Hola Manuel , ¿ Por qué ha sido un sector tan poco dinámico en estos últimos años “buenos” 2015-2019 , en operaciones de compras , ventas , fusiones ? Como se podía creer que el mercado continuaría creciendo como si la disrupción digital no existiera?

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  2. […] Gil, director de la Feria del Libro de Madrid y gran conocedor del sector del libro en España, publicó un excelente artículo en su blog en el que dijo algo que me hizo […]

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  3. Fernando Zapata 11/05/2020 en 22:51

    Formidable por lo real y cierto el Antinomias de hoy, pues una cosa es decretar catástrofes con cifras al aire y otra, muy distinta, considerar que ellas pueden ser ciertas y peores, pero precedidas del análisis de las cifras.

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  4. Triste y excelente articulo, D. Manuel. Un abrazo

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