Cuando una industria es incapaz de adaptarse es probable que acabe equivocando totalmente la estrategia. Cuando hace unos años comencé a escuchar de manera pertinaz un discurso centrado en la piratería que justificaba el desmoronamiento de la venta de libros, pensé que estaban matando moscas a cañonazos. Cuando una industria es incapaz de rediseñar el mercado es probable que acabe diciendo que la tierra no es redonda.

Viene esto a colación de dos noticias ciertamente curiosas que han aparecido en los medios en estas últimas semanas. Desde el gobierno, y después de una campaña persistente de la industria editorial y del resto de las industrias creativas, se va a presentar el denominado Plan Cultura 2020, cuyos ejes serían: la lucha contra la piratería, una nueva ley de mecenazgo y la reforma de la compensación por copia privada. El texto incluirá también un Plan de Lectura.

En este Plan Cultura 2020 se anuncia la posible creación de una fiscalía especial antipiratería, y son  algunos medios los que señalan:

“La lucha contra la vulneración de los derechos de propiedad intelectual es una prioridad para Cultura, que estudia, conjuntamente con el Ministerio de Justicia, «la posibilidad de crear una Fiscalía especializada» para combatir la piratería. «Sería una buena llamada de atención y señal de que en este tema vamos en serio», dijo Méndez de Vigo, que anunció además el impulso de «campañas de sensibilización» en medios de comunicación y centros educativos.”

He consultado la página de la “Asociación de Internautas” para ver qué opinión tenían al respecto, y esto es lo que señalan:

“Desde la Asociación de Internautas hemos insistido en numerosas ocasiones, incluso en sede parlamentaria, en demandar juzgados especializados en materia de Nuevas Tecnologías de la Información dado el constante crecimiento de delitos en materias de libertad de expresión, libertad sexual, acoso, suplantación de identidad, fraude y estafas y si, también en materia de libertad intelectual, pero tal y como puntualiza el abogado Sánchez Almeida en un tuit .. “El Gobierno quiere abrir una Fiscalía especial contra la piratería (0,31% delitos informáticos) y no contra la estafa (80,62%). Prioridades.”.

Y reproducen en su página un cuadro de delitos cometidos desde las tecnología e Internet que nos muestra que los delitos contra la propiedad intelectual representan el 0,31%, luego parece un tema no ya secundario, sino absolutamente marginal.

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Otro elemento que  resulta cuando menos curioso es el lanzamiento de un plan de Lectura cuyo eje es la creación de una “generación antipiratería”. Comparto aquí un texto entrecomillado que ha aparecido en los medios:

“El Ministerio de Cultura prepara un ambicioso plan de lectura que será anunciado en el Congreso de los Diputados el mes que viene. Uno de sus principales objetivos será la creación de «una generación antipiratería», según subrayan fuentes del departamento. «Lo principal debe ser una campaña en los colegios e institutos, con la colaboración de las distintas comunidades autónomas y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, para la organización en las aulas de charlas con los alumnos sobre la generación antipiratería. Al tratarse de un público joven es fundamental lanzarla en internet».

No sé si entiendo bien el texto: ¿la policía va a ir a los colegios a dar charlas y explicar el fenómeno de la piratería y la ley de propiedad intelectual? ¿Y en el marco de un Plan de Lectura? Curioso…

No sé si la policía esta para esto, pero al igual que para hablar de bulimia, anorexia, maltrato a la mujer, violencia de género, acoso escolar, bullying, LGTB, etc… acuden especialistas, en el caso de la colisión entre protección del creador y derechos del usuario también deberían hacerlo otras personas, y quizá también editores y libreros.

Dejo abiertas estas reflexiones a los especialistas en planes de lectura, pero no parece que este sea el modo de ganar lectores y aumentar la calidad del material leído. Sencillamente no lo entiendo.

Muchos de los lectores de este blog conocen  mi planteamiento sobre la piratería. Insisto en señalar que las cifras que salen de los estudios del “Observatorio de la piratería“, creado por la propia industria, no son creíbles, son altamente interesadas, desde la cifra de descargas ilegales, 4700 millones en 2015, a señalar que el 87,4% de los contenidos consumidos son ilegales, y siempre bajo la consideración de que toda descarga es una venta perdida, lo cual es un error de bulto importante.

Hace algún tiempo leí en el blog del profesor “Enrique Dans” un post en el que comentaba un estudio de la “Joint Research Centre de la Unión Europea“, después de una encuesta a dieciséis mil usuarios de cinco países,  se demostraba que las descargas no afectaban a los ingresos en la red de la industria cultural. El documento estaba realizado a partir del estudio de la industria de la música.

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Soy de la opinión de que es necesario hacer un estudio independiente riguroso sobre la piratería del libro en España. Tengo más que dudas de que España piratee más que otros países, cuando he hablado de esto con colegas extranjeros me aseguran que esta “leyenda urbana” es falsa. En España tenemos un problema de oferta legal muy serio, si en España se editan anualmente 80.000 títulos, pero solo salen en digital 20.000, se deja un flanco abierto al pirateo, si le añadimos una oferta legal en bibliotecas de menos de 10.000 títulos es evidente que se tiene un problema. Una oferta incompleta de esta envergadura debería ser objeto de reflexión. Cuando hoy vemos que la industria de la música ya obtiene más ingresos por la venta digital que la analógica y/o física es obvio que deberíamos comenzar a sacar conclusiones.  Con el código penal y las fiscalías no subirán las ventas. El que piense que con estas medidas se van a vender más libros debe hacérselo mirar. Lo que demuestra esta posición es una manifiesta inadaptación de la industria, nada más.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

8 Comentarios

  1. Genial, lúcido, diáfano. destaco: “¿la policía va a ir a los colegios a dar charlas y explicar el fenómeno de la piratería y la ley de propiedad intelectual? ¿Y en el marco de un Plan de Lectura? Curioso…”

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  2. […] Fuente original: Inadaptación – Antinomía libro. […]

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  3. Simplemente enorme, Manuel. Como autor copyleft, en este caso de música (y pronto de una novela de tipo fantástico y ciencia ficción que estoy haciendo, pero que le falta mucho trabajo aún), te doy toda la razón. Y es lo que le digo yo a muchos autores que piensan que este tipo de movimientos, como casi poniéndote una pistola en la cabeza, va a hacer aumentar las ventas.

    Es más ni aunque se persiguiese a los usuarios que descargan, se les podrá asustar, se les podrá multar e incluso meter en la cárcel como pretenden en Reino Unido (una auténtica fastasmada desproporcional) pero no van a aumentar un ápice las ventas.

    Ya primero volviendo a la música, es una soberana idiotez editar un disco, como tal. El concepto de disco/álbum ya no sirve en el S.XXI, cuando por ejemplo entras en Spotify o en Jamendo, donde estoy, y buscas un género, por ejemplo Rock, tienes la del cielo de canciones y no necesitas buscar un disco completo o un álbum completo.

    Y no sólo eso a lo largo de los años aun no he visto un sólo ministro o ministra de cultura, que defendiese por ejemplo las licencias libres o las licencias copyleft. He visto una serie de personas que defienden la cultura como mercancía, como comercio, dinero contante y sonante y no de toda la ciudadanía. Me hace mucha gracia cuando por ejemplo se habla de las descargas como algo catastrófico para la ciudadanía o la sociedad civil, respecto a que esto hará que desaparezca la cultura. Nada más lejos…

    Primero hay una tremenda falacia que se dice que es que porque una obra sea comercial ya es mejor que otra que no lo sea. Cuando se habla de descargas se habla de que si la calidad ha disminuído. Yo por ejemplo necesito mejorar mi técnica en piano, pero hay muchos autores tan buenos o más que los llamados autores comerciales, intérpretes comerciales. Y añado que encima muchos intérpretes no demuestran un pimiento de talento, porque cuando no cantan en playback cantan con el autotune o el melodyne editor (programas moduladores de voz e incluso música, que entre otras cosas puede hacer que gente sin un pimiento de talento, pueda cantar como los ángeles) que curiosamente mucho de estos son los que más se quejan de las descargas. Cuando ya en principio están engañando a sus fans pués un programa canta por ellos.

    Además muchos de los defensores a muerte del copyright clásico, demuestran una tremenda ignorancia, a parte de prepotencia, narcisismo… ya que ni si siquiera saben el porqué del nacimiento de los derechos de autor e incluso que la propiedad intelectual de hoy en día no tiene nada que ver con la que había en el S.XIX. Ya que la propiedad intelectual de hoy en día, puramente comercial está basado en el Acuerdo Internacional de Comercio de la Organización Mundial de Comercio, en una serie de rondas que hubo desde 1.986. Y ni los derechos de autor, ni la propiedad intelectual fueron creados para proteger un modelo de negocio en concreto ni para volver millonarios a unos pocos, por encima de los derechos fundamentales y humanos del resto.

    Y con lo anterior me refiero a lo siguiente. La relatora especial de la ONU, Farida Shaheed, en su informe para la defensa de los derechos humanos de acceso a la ciencia y a la cultura, expone, entre otras cosas que hay una diferencia entre los derechos de autor (que tampoco son absolutos) y la propiedad intelectual o puramente comercial de los intermediarios. Esta segunda no se consideraría como derecho humano y por tanto no se puede ir contra derechos humanos para proteger la propiedad intelectual de los intermediarios. Y es curiosamente lo que hacen la mayoría de las legislaciones. Pués una de las primeras cosas que dice la relatora especial, es que cuando se habla de legislaciones de propiedad intelectual y derechos de autor, siempre se mira desde la perspectiva púramente económica y no desde una perspectiva de acceso a la cultura por parte de la ciudadanía. Añade que cuando se procede a crear o modificar legislación en este materia, todas las personas deberían participar y no sólo habla de la sociedad civil sino de todos los autores. Porque es cierto ¿A cuantos autores/as que usamos copyleft, nos han preguntado? ¿Qué pasa que las obras copyleft no son cultura también?.

    Luego leo lo que perfectamente expones Manuel y es como dice Farida Shaheed sólo se piensa en el dinero de unos pocos. Y sólo se toma en cuenta las opiniones de la Industria y de aquellos que trabajan en ella.

    Salu2
    PD: Perdón por el tochazo. 😉

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  4. […] Cuando una industria es incapaz de adaptarse es probable que acabe equivocando totalmente la estrategia. Cuando hace unos años comencé a escuchar de manera pertinaz un discurso centrado en la piratería que justificaba el desmoronamiento de la venta de libros, pensé que estaban matando moscas a cañonazos. Cuando una industria es incapaz de rediseñar el…  […]

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    1. Muy buen análisis! Y muy de acuerdo en que a los colegios deberiamos ir a hablar a los chavales los editores o libreros, y no los policias!

      Responder

  5. Miguel Gallego 10/03/2017 en 10:56

    Seguimos con la tontería de la piratería de libros, como si el que los piratea los fuese a comprar si no los encontrase gratis… La industria debería fijarse en cómo reaccionan al descenso de lectores la industria de la prensa que se salvará de la quema: renovarse o morir. Subscripción, venta de producto, publicidad o sponsors, redes sociales, branded content, eventos… El problema de los editores españoles no es que sus directivos sean todos viejunos (aunque tengan algunos 40 años) es que no han entendido el cambio. No saben de lo que hablan porque no son capaces de mirar más allá de su propias imprentas y almacenes (que por cierto ya no son ni suyas). Buena muestra es, a pesar de los conocidos intentos de varias de las cabezas pensantes más importantes de este país -Joaquin Rodriguez, el propio Manuel Gil, José María Anta..- la ceguera congénita de los gremios sobre nuevos canales de distribución. Miremos a Netflix… miremos a Spotify… Miremos a Amazon… ¿o están ciegos?. Y veamos como lograr que las librerías se conviertan en lugares de prescripción con sabios al frente -¿que quizá no solo vendan, sino también informen?. Exactamente lo contrario al Corte Inglés, creo. Contraten a directivos que vengan de entornos ágiles, a los que Lean, Service Design o Emprendimiento no les suene a unos “chiquitos en Mountain View”. Esos chavales se llevarán sus trabajos, y el de un montón de trabajadores que no tienen la cu8lpa de la ceguera de sus jefes. Esta semana ya he hablado con dos personas a las que un ERE en sus empresas ha dejado en la calle. Con cuarenta y pico, tras 20 años en la misma empresa… ¿qué hacemos con ellos? Y su jefe, cuando cierren, ¿cuanto se llevará a casa? Dos años de paro.. JA.
    El artículo, brillante, como siempre, y cargado de razón.

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  6. Raquel París 10/03/2017 en 10:42

    Como siempre, estupendo análisis.

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