Hace ya varias semanas tuve la ocasión de visionar un programa en la Sexta TV sobre la “robotización” y sus efectos sobre el empleo. Me pareció magnífico y me generó muchas dudas. En paralelo, desde hace unos años  han aparecido numerosos libros e informes (Davos, Oxford, etc) sobre la evolución del trabajo en el  capitalismo tardío, alguno de los cuales he leído. Me preocupaba el estrechamiento del mercado del libro y cómo podía incidir el desempleo permanente en los hábitos de consumo y ocio.

El programa de televisión al que hago referencia plantea una situación ciertamente alarmante: la introducción masiva y extensiva de robots llevará al desempleo a millones de trabajadores. Un 20% o 25% tendrán excelentes trabajos en cuanto a salario, un 20% o 25% tendrán empleos de bajísima cualificación y salarios de indigencia, y un 40% directamente no trabajará nunca.

Y qué pasara con una masa de gente que nunca trabajará. Sencillamente que, por un problema socio-demográfico y de orden público, habrá que tenerlos ocupados, pero no con empleos, sino con ocio. El problema que surge en este planteamiento es que el ocio deberá ser extremadamente barato cuando no gratuito, hipótesis última más que probable. Hay que tener en cuenta que ese conjunto de personas que no trabajará deberá percibir una renta básica, al menos de subsistencia, de manera que su acceso al ocio deberá ser financiado y/o subvencionado por los estados y gobiernos, y el ocio que se produzca para ser comercializado libremente en el mercado tendrá dos opciones: si es caro el segmento al que se dirige será pequeño, y si es barato ampliará segmentos, pero puede no ser económicamente rentable, a menos que sea el estado el que subvencione la producción de contenidos.

Una destrucción tan masiva de empleos por la automatización es evidente que tendrá un recorrido, que no será mañana. El debate entre sociólogos y economistas no gira en torno a la destrucción de empleo, que esto aparece como seguro, sino al nivel de pérdida neta, es decir, se destruirá un determinado volumen pero también se crearán empleos que quizá hoy no conocemos ni imaginamos. ¿Pero se destruirán más de los que se crean? Parece razonable pensar que así será.  Hay quienes como “Jeremy Rifkin” piensan que será muy ligera la pérdida neta, y que conforme se pierdan trabajos surgirán otros, habrá por tanto una pérdida neta muy suave, y otros como el profesor “Santiago Niño Becerra” (y muchos otros) que opinan que ahora mismo está naciendo gente que no trabajará nunca, y que la pérdida neta será brutal. De hecho piensa en un futuro con un nivel de desempleo de tal envergadura que requerirá una renta básica, marihuana legal y ocio gratis.

Si aceptamos una tesis como la anterior, deberemos concluir en que estaremos ante efectos colaterales muy complejos, como desigualdad, exclusión social, bajísima tasa de natalidad, pensiones, jubilaciones, posible movimiento migratorio hacia el campo, enfermedades mentales, hiperconsumo, cuando no abuso de tranquilizantes y analgésicos, etc…

A mi modo de ver, y es lo que motiva este post, hay que reflexionar sobre  escenarios posibles del libro a determinados años vista. Si nos acercamos a un escenario en el que millones de personas deben ser ocupadas con alternativas de ocio y niveles de ingresos de renta básica, la industria editorial se enfrenta con un serio problema. ¿Cómo se financiará este ocio? ¿Qué papel y qué roles desempeñarán las industrias creativas y de contenidos? ¿Será un ocio casi exclusivamente digital en algunas industrias? ¿Qué papel pueden asumir las bibliotecas?

Todo el devenir histórico muestra que los avances tecnológicos han conllevado la desaparición de empleos y la creación de otros, pero la aceleración descomunal que la tecnología ha adquirido lleva a pensar que la desaparición de profesiones no compensará la creación de nuevas, no pensemos únicamente en tareas de cierto nivel repetitivo o de alto automatismo, el desarrollo de la inteligencia artificial en todos los campos lleva a pensar en un nivel de destrucción de empleo desconocido hasta ahora. Obviamente la respuesta no puede ser tecnófoba ni “ludita“, sino en ir pensando en políticas de largo recorrido sobre el futuro. Si un robot hace algo mejor que un humano  es evidente que lo sustituirá. No será mañana, pero será.

 

 

En un futuro distópico como se predice, es obvio que los trabajos medianamente bien remunerados requerirán un alto componente tecnológico y habilidades digitales muy desarrolladas, y también en edición, que no debe caer en el error de sobreestimar la tecnología a corto plazo y subestimarla en el largo. El dibujo y recreación de escenarios debería ser objeto de más análisis y reflexión. No pensar en el futuro es un riesgo en que no se debería caer, y mucho menos la industria del libro. Sabemos que el futuro comienza a no ser previsible ni predecible, pero hay que comenzara a pensar en una industria del libro a futuro, con un ocio gratuito mayoritariamente digital.

Termino recomendando vivamente la lectura de un libro que me ha impresionado. Se trata del libro de Yuval Noah Harari, Homo Deus. Breve historia del mañana. Sencillamente espléndido.

 

 

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

3 Comentarios

  1. La revolución robótica, como todas las tecológicas, será de vertigo, yo si opino que sera mañana, en 10 años miraremos atrás y lo de acordarse ahora cuando se usaba un fijo y no había móviles, una miniedad. Hay que tener en cuenta que la robótica cumplira una producción exponencial que sera robots construyendo nuevos robots que haran mejores robots que si se une el procesamiento cuántico … que me lio, he leido estudios que hablan del 75% de la población sin opción laboral. Logicamente la ventaja es la renta cero de la máquina y su consideración que tendran cero interés por lo material / ocio y por tanto repercutirá su hipotetica retribución en la sociedad. Hay una película considerada como una de las mejores en su visión sobre esto, Wall-e, si la de dibujos, quien la viera lo entenderá.

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  2. Los bots deberán cotizar a la seguridad social si queremos tener pensiones y una renta mínima.
    La industria editorial no se llamará así, sera otra cosa muy distinta en nada parecida a la actual. Esperemos que se destruya creativamente

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