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Este post no tiene nada que ver con la aldea de la Galia de los comics de Asterix. Se refiere a la aldea editorial española y su defensa numantina del modelo papel y el modo de producción subsiguiente. Si hasta hace unos años muchos de los analistas del sector criticamos y censuramos la presión mediática que la industria de los dispositivos ejercía sobre la industria editorial, una presión en la que el contenido de esos mensajes planteaban una desaparición del papel de carácter inmediato y apocalíptico, en gran medida porque ninguna tecnología, por disruptiva que sea la digital, suprime de la noche a la mañana un formato por otro. Pero hoy es conveniente comenzar a criticar la defensa del papel contra el digital que está haciendo la industria editorial. En este último año no cesan los mensajes, tanto desde medios generalistas, como de los mamporreros y corifeos del sector, hablando, en algún caso en tono chistoso y poco cauto, del estancamiento del digital. ¿De verdad se ha estancado el digital?

Las evidencias, y sobre todo, las matemáticas, que no son opiniones, desmienten completamente esa aseveración. Una consulta a cualquier report internacional de venta de libros digitales muestran un crecimiento, lento pero continuado, de la venta digital. Incluso en España la venta digital ha crecido en los últimos años el 115%. Los datos son los que ofrece la FGEE, no son ninguna interpretación ni salen de una sesión de espiritismo.

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Y ojo a un tema, en estas cifras no se incluyen cifras, cada vez más importantes, de los autopublicados. Esta modalidad de edición comienza a ser un factor de competencia despiadada frente a la edición tradicional. En un ecosistema de productos gratis o semigratis, de acceso abierto, etc., la edición se enfrenta al reto de competir en una economía de la atención que parece no entender; de aquí que cualquier dato, por inconsistente y extravagante que sea, es inmediatamente interpretado como una minimización de lo digital, y como reforzamiento de la industria analógica. Pensemos en términos de precios. Para los que no lo sepan les señalo que el precio medio del libro de narrativa ha subido un 30% en estos años de crisis, si en 2007 el precio medio era de 9,29 euros, en 2014 se situó en 12,1. Y los libros de texto (no universitario) han subido su precio medio en estos mismos años un 15,5%. Si esta es la respuesta de la industria a la reconfiguración del sector y la crisis de rentas a muchos nos resulta incomprensible. Y digitalizar, como hace unos meses decía con brillantez Bernat Ruiz, ya no es una opción, es un imperativo.

Como todo el mundo sabe la industria del papel en España ha caído prácticamente un 40% en estos años de crisis, y las posibilidades de remontar a cifras de hace unos pocos años las observo remotas. El sector va a empequeñecer, en papel por el desajuste sobre el «modo de producción» y la propia reconfiguración del mercado, y en digital porque todos los mercados, cuando evolucionan a digital se hacen mucho más pequeños, entre otras razones por la presión sobre los precios y la hiperfragmentación.

Una cuestión sobre la que debería reflexionar la industria editorial es que nos encontramos ante la «edad de oro de la lectura», cuando en España se observa que del total de líneas móviles un 87% son smartphones y que 7 de cada 10 españoles se conecta a Internet a través de estos dispositivos, con un 50% durante más de media hora al día, es obvio que la gente conectada está leyendo en esos cacharritos, al margen de hacer alguna llamada telefónica, otro tema muy distinto es lo que lee en su móvil, y no creo que sea conveniente fijar el canon de lo que son buenas y malas lecturas, ¿luego dónde está el problema? Muy sencillo, la gente consume lectura pero no la que la industria editorial produce.

¿Tiene sentido pues que la industria editorial este lanzando mensajes talibanescos en contra de lo digital? A mi juicio obviamente no. Lo razonable sería comenzar a revisar qué mercado se va a encontrar en 5 o 10 años y preparar el sector para una evolución más que evidente, la disociación del libro (y otros contenidos) respecto a su industria tradicional es el tema sobre el que reflexionar.

¿Se hace esfuerzos para conformar un mercado digital estructurado? A mi modo de ver no. La secuencia de barreras que la edición está levantando no conducen a nada bueno y constituyen un camino hacia ninguna parte, y el papel que el establishment de la industria muestra, revela ya abiertamente una severa crisis de gobernanza editorial y una importante crisis de legitimidad. La irrupción de lo nuevo debe provenir de una cierta insumisión cotidiana de una parte de la edición para incomodar el sistema que el establishment tiene definido. El nuevo ecosistema del libro que se avecina y el estudio de la evolución de mercados maduros muestran que, frente a la competencia de la autopublicación y el contenido en abierto, si quieres estar en el mercado a futuro deberás aceptar una guerra de precios condicionada por la caída y reducción brutal de márgenes, evolucionando el negocio del producto al servicio, lo que determinará una pérdida de valor al sector. Repensar toda la industria a cinco o diez años parece el reto que el sector debe asumir. Seguir lanzando mensajes sobre un pretendido parón de lo digital es un camino sin retorno. Dejemos de pensar que en España está todo permitido, salvo lo prohibido, que está autorizado. Ciertos mensajes que leo me llevan a esta reflexión.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

2 Comentarios

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