En un país que publica al año unos 80.000 títulos, subvencionar la producción resulta cuando menos extraño. No olvidemos que este tipo de subvenciones no sólo se dan desde el Ministerio de Cultura, sino también desde las Comunidades Autónomas. En mi concepción del ecosistema del libro, siempre he creído mucho más en incentivar la demanda que no la producción, pero esto no significa que no crea que hay seguir teniendo una partida fuerte para apoyar la producción, el problema es analizar y tener claro qué libros pueden y deben ser objeto de apoyo público.

El libro es una industria demasiado apegada a la cultura del subsidio, pero también hay que decir que una industria que en su balanza comercial exterior presenta un saldo positivo de 250 millones de euros, que representa el 3,7% del PIB cultural, y que sólo recibe del estado el 0,64% del presupuesto global, necesita que se la tenga en cuenta. El importe de las subvenciones a libros y revistas culturales no alcanza ni para comprar mondadientes. Seamos serios, las grandes cifras de la cultura de la subvención están en otros lados. La industria editorial no ha sabido contrarrestar el relato de la mala fama de las subvenciones a la cultura.

Comienzo compartiendo este razonamiento ya que hace unos días me telefoneó un editor para peguntarme si yo conocía cómo se asignan las puntuaciones que a su vez determinan la cantidad de dinero con que se apoya un determinado título. Le señalé que hay epígrafes de esas tablas que desconozco como se asignan, y que alguna de esas tablas requerirían de una explicación detallada. Veamos el cuadro de tablas de puntuación sobre las últimas ayudas concedidas. El importe total de las ayudas concedidas a las editoriales asciende a un millón sesenta y nueve mil novecientos noventa y tres euros con diecinueve céntimos (1.069.993,19 €) con cargo a la aplicación presupuestaria 24.03.775 del programa 334B, del Presupuesto del Ministerio de Cultura y Deporte. En esta convocatoria, se han aprobado las subvenciones a 274 empresas editoriales que, con una media de 3 proyectos (libros) por solicitud se llegaría a la cifra de 822 títulos. Las ayudas permiten presentar hasta 5 proyectos (títulos) por empresa. Estas 274 empresas que han recibido una ayuda representan el 37,5% de las editoriales agremiadas (730).

Al mirar la columnas lo que surgen son dudas. Por ejemplo: ¿Cómo se determina el interés cultural? ¿Cómo se mide la trayectoria del autor? Pensemos que el interés cultural tiene un valor máximo de 60 puntos, la trayectoria del autor 30, la edición simultánea 5, y la gestión sostenible otros 5. El sumatorio de cada una de las columnas muestra un total que, a su vez, se corresponde con la cantidad concedida.

Entiendo que la columna de edición simultanea se refiere a la publicación de papel y digital, desconozco si se incluye de alguna manera el que esta edición digital esté disponible para su adquisición por bibliotecas.

La columna de gestión sostenible solo pide una certificación de que el libro en papel saldrá con una certificación PEFC o FSC, es decir, con papel de bosques controlados. No está mal, pero esto no es gestión sostenible de una editorial. ¿Muestran la huella de carbono producida en los créditos del libro? ¿La editorial compensa la huella de carbono generada? Quiero con esto decir que se debería ir mucho más allá en este tema, pues el reto verde de la edición es un problema capital ahora mismo, y que ya desde la IPA (Internacional Publishers Association) se está impulsando, no sólo desde un punto de vista medioambiental sino también de sostenibilidad económica y financiera de la edición.

Lo que trato de compartir es que se debe ir mucho más allá y mostrar cómo se determinan las puntuaciones, pues al examinar el documento de subvenciones concedidas no se encuentra explicación a las puntuaciones otorgadas a unos libros y a otros. Considero necesario revisar y delimitar criterios.

Vuelvo al tema general del apoyo a la producción. Desde mi punto de vista, hay libros que, por su valor de incorporación al acervo cultural de un país, por su pequeña demanda directa e hiperespecialización, por sus coste de edición y producción, etc. requieren que se les otorgue una ayuda, pero la consulta al documento de concesiones muestra que un porcentaje enorme de títulos subvencionados es más que cuestionable.

Señalo, entonces, algunas reflexiones sobre este asunto:

  • No cabe duda que estas ayudas son una buena inyección de liquidez a las editoriales, que asumen un nivel de riesgo alto al editar.
  • ¿Está justificada la subvención a la producción cuando uno de los males del sector es precisamente la sobreproducción desmesurada de oferta? Si lo que se pretende editar es un producto de “valor añadido” cultural y/o que presenta problemas de costes de edición y comercialización, adelante sin ninguna duda. Muchos de los productos subvencionados desde hace años no son imprescindibles en el patrimonio bibliográfico español.
  • ¿Qué empleo y de qué calidad han creado en los últimos años esas empresas a las que se apoya con subvenciones?
  • Aumentar la dotación de subvenciones a libros y revistas pero haciéndolas llegar a las bibliotecas. Volver al antiguo sistema que incluía la compra para bibliotecas.
  • Subvencionar la demanda de los particulares en paralelo a potentes políticas de adquisiciones que garanticen el mantenimiento de los servicios de bibliotecas.
  • Favorecer y estimular la conformación de empresas sólidas, competitivas, exportadoras, y de fuerte músculo financiero y empresarial (y que creen empleo de calidad), en un intento estratégico de fortalecer el sector.
  • Desarrollar un mecanismo de control de retorno de inversión de ese dinero público en la sociedad.

Creo que es opinable la política del Ministerio del “café para todos”, repartir el dinero con una media de apoyo en torno a 1.400 euros por título puede parecer democrático, pero a mi juicio no lo es, hay libros que necesitan 5.000 euros de apoyo. Y una de dos, o se aumenta mucho la dotación (que ahora mismo juzgo en su cuantía ridícula) o se discrimina rigurosamente lo que se apoya.

No quiero terminar sin compartir una reflexión sobre la que llevo dando vueltas desde hace tiempo. Me refiero al “relato” de la edición frente a otros gremios del sector. A mi modo de ver, la edición debe reflexionar sobre su “relato” ante la sociedad y los medios de comunicación. Las teorías del “eslabón más débil” y la del “agente cultural” deben ser “deconstruidas”, respondiendo a la pregunta de qué “riesgo y proyección” asume cada eslabón de la cadena de valor del libro. En 2019, apareció un interesante documento de la FGSR titulado “Visiones del sector del libro en la era exponencial”, en el que se hacían dos preguntas ciertamente importantes sobre la “imagen de la edición”:

1. ¿Qué opinión tiene sobre el prestigio de su profesión, en la sociedad actual, en comparación con la percepción que tenía cuando se incorporó al sector del libro?

2. ¿Qué percepción tiene sobre el prestigio social de su profesión dentro de diez años?

En la primera pregunta, un 43,7% respondía que el prestigio social de la profesión era igual, pero ya un 37,7% señalaban que inferior. En la segunda pregunta, ya se apreciaba un cierto pesimismo, y los datos de respuestas se invertían. Un 40,7% opinaba que el prestigio social sería inferior dentro de diez años, frente a un 36,7% que opinaba que igual y sólo un 22,6% pensaba que se incrementaría.

Si la imagen del editor ante la sociedad y los medios era hasta los años 90 la de ser un «cómplice de su tiempo» a la búsqueda de complicidades, hoy juzgo que es otra muy distinta: su lobby ha perdido el relato. Hay que optar entre subvención y estructuración. Vivimos tiempos difíciles y el futuro es una incógnita. Las subvenciones no pueden convertirse en un mecanismo estructurador del ecosistema editorial, se dibuja así una ficción, un espejismo. La idea, vender antes de editar, producir libros con precios competitivos, y fomentar la lectura en la sociedad, deben ser los ejes de trabajo. Que hay que apoyar algunos libros por su importancia cultural o por su dificultad intrínseca de publicarlos, no me deja ninguna duda.


MG

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

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