Si en los últimos días ha comprado usted un periódico una revista en un quiosco, debe saber que es usted como el lince ibérico: una especie en extinción. Bien es cierto que la pandemia ha acelerado el final de la prensa en papel, pero ha disparado la digital. Hace una década ya publiqué un post sobre el problema a partir de los estudios que estaban apareciendo en aquel momento en Estados Unidos.

Esa predicción provenía de la investigación de The Future Exploration Network sobre el futuro de los medios. Se afirmaba que los periódicos, tal como los conocemos, se extinguirían en todo el mundo para 2040; y para 2025, se extinguirían en casi 20 países de todo el mundo. La predicción no se ha cumplido en sentido estricto pero los datos marcan una tendencia de ir hacia lenta agonía.

Un documento anual que merece la pena consultar, cada vez que se publica, es el Anuario de Estadísticas Culturales que edita el Ministerio de Cultura. En el mismo, se puede analizar el consumo por español y año de numerosos productos culturales; y entre ellos, el de libros, prensa y revistas, y también el peso de la aportación al PIB del sector del libro.

Un somero vistazo a magnitudes macroeconómicas de gasto nos hacen ver que, durante 2020, el gasto de las familias se contrajo casi un 11%, pasando de 30.243 euros a 26.996; y, de esta última cifra, el gasto en ocio y cultura fue solamente el 4,17%. Este descenso se observa a nivel nacional y también a nivel de comunidades autónomas, según la Encuesta de Presupuestos Familiares del INE.

En 2020, el gasto de los hogares en bienes y servicios culturales se situó en 10.484,9 millones de euros, cifra que supone un descenso interanual del 15,8% y que representa el 2,1% del gasto total estimado en bienes y servicios, cercano al 2,2% de 2019.

Entre las componentes más significativas del gasto cultural analizado pueden citarse: Libro (15,7%), Publicaciones periódicas (4,9%), Equipos de imagen y sonido (9,3%), Espectáculos (Cines, teatros y otros) (4,7%) y Servicios de móviles y relacionados con Internet (21%). El comportamiento evolutivo más desfavorable se registra en espectáculos, cuyo peso relativo se ha reducido a la tercera parte en el año 2020, debido al impacto de la pandemia y la reclusión general.

Un vistazo al gasto en libros no de texto (por español y año) muestra cómo el consumo discurre paralelo a la relativa recuperación del sector, incluso con ligeros incrementos en estos últimos años.

Sin embargo, al analizar el gasto en prensa y revistas, lo que se observa es una auténtica catástrofe. Ni siquiera cuando el ciclo de consumo es alcista, la prensa y las revistas discurren en paralelo: más bien son contracíclicas. ¿Cuáles son las causas? ¿Cómo se explica el deterioro?

Hay que sobreentender que, en el epígrafe de datos de consumo de prensa y revistas, no se discriminan ni diseccionan los tipos de revistas ni su especialización, de manera que, de cara a analizar con rigor la demanda de revistas culturales, carecemos de medios para hacerlo. Alguien dirá que no se puede extrapolar estos datos a un segmento concreto de edición periódica, tendría toda la razón, es por ello que debo limitar mi reflexión al conjunto y no al segmento. Esto me hace ver la necesidad de abordar nuevos estudios más precisos sobre este tema por parte de ARCE (Asociación de Revistas Culturales). Son imprescindibles nuevos informes y estudios, tanto desde los gremios y asociaciones como del propio Ministerio. Si hasta hace muy poco creíamos que el contenido era el rey, la visibilidad la reina, los datos son hoy mucho más importantes que ambos.

El primer problema que se observa es que, de 10,9 euros de gasto, solamente 2,5 se corresponden con gasto en revistas. Parece increíble. Es obvio que no hay ningún dato que haga pensar en que al segmento de revistas culturales le vaya mucho mejor.

Al desglosar el dato del gasto en revistas se observa mejor la magnitud del problema.

Mientras que, desde 2006, el gasto en libros no de texto disminuye un 38%, la partida de prensa y revistas lo hace en un 76%. Esta asimetría requiere pensar sobre el tema. ¿Qué hábitos de consumo han cambiado en estos años que puedan explicar esta dramática situación?

La reflexión que surge es obvia. La prensa se consume en franjas de edad en retirada: los jóvenes no leen prensa escrita, esto lo muestran todos los informes. A ello se añade el descenso brutal de la inversión publicitaria en estos medios. Es decir, el modelo hace tiempo que se viene resquebrajando. Los muros de pago muestran lo que muestran. Nadie se suscribe (digitalmente) a varios periódicos.

¿Y qué les sucede a las revistas? Pues algo parecido pero con matices. Pongo mi caso como ejemplo. Estando suscrito a dos revistas, observo, muchas veces, artículos que me interesan de otras cabeceras. Sin embargo, los modelos de comercialización no tienen en cuenta este parámetro del consumo, a pesar de que, si algo ha puesto de manifiesto la pandemia, es que los modelos de suscripción de tarifa plana han crecido de una manera exponencial, hay incrementos de este tipo de plataformas por encima del 150%. Imaginemos que ARCE, desde su quiosco digital, lanza una tarifa de 9,99 euros al mes para la lectura de cualquier revista, o bien para un número determinado de artículos de diferentes cabeceras, ¿sería negocio?, ¿serían sostenibles? No lo sé, lo que sí tengo claro es que el algoritmo PEA (prueba, experimenta y aprende) debería ser la bandera de los nuevos modelos de consumo digital que se vislumbran en el horizonte.

Desde mi punto de vista, los editores (de todo tipo) deberían proponer de manera decidida las ayudas a la inducción de demanda, con mecanismos que garanticen la bibliodiversidad, las subvenciones a la producción no garantizan el futuro. En estos últimos meses, se ha dado algún paso en esta línea, las dotaciones para compras de bibliotecas (desde el canal librerías) han sido generosas, la duda que me surge es si, en esas ayudas, se han incluido las revistas culturales, y, lo que también es importante, si se han articulado mecanismos que garanticen la bibliodiversidad. La inducción de demanda hacia particulares solo puede activarse a través de bonos libro, bonos revistas, bonos cultura, etc.

Comparto aquí unas reflexiones generales sobre el problema:

· Las revistas culturales, ignoradas por el ecosistema de distribución a través de librerías y con los quioscos menguando son, en muchos casos, proyectos personales, y no responden únicamente a una lógica empresarial.

· Estamos ante un envejecimiento de targets de lectores de este tipo de productos y una baja incorporación de nuevos públicos.

· En las generaciones jóvenes, se aprecia una mengua del sentido de la propiedad para abrazar el consumo basado en uso.

· Desciende el número de puntos de venta, luego se debe pensar en nuevas formas de visibilidad y descubrilidad. Los datos muestran que en España han desaparecido unos 6.000 quioscos de prensa, quedando en la actualidad unos 17.000, cuando en su máximo apogeo la cifra rondaba los 35.000. La dura profesión de quiosquero con jornadas laborales de 12 horas y trabajo en festivos conlleva que no exista relevo en la jubilación. La pandemia ha dado la puntilla a este canal de distribución. A esto hay que añadir que las revistas, sobre todo las culturales, dejaron de estar en las librerías hace muchos años, hoy es heterodoxo encontrar una librería con revistas culturales. Mostrar la oferta de revistas en librerías ayudaría mucho.

· Creer que si se incorpora café y algún otro aderezo al quiosco, tal y como se está proponiendo, va a conseguir que se mantengan con vida estos productos, es, desde mi punto de vista, irreal.

· Los modelos de suscripción con tarifa plana se están imponiendo cada vez más; y la lectura, como servicio, así lo demuestra.

· Parece necesario internacionalizar la oferta hacia países de habla hispana, no en vano se trata de productos de enorme proyección en cuanto a lectores especializados.

· Quizá la incorporación de productos digitales, pensados como digital y no como traslación mecánica del papel, puede ser una vía de reconversión.

· Resulta imprescindible avanzar en políticas públicas de apoyo, y, en especial, de una vuelta masiva de este tipo de productos a las bibliotecas públicas.

· Se imponen políticas públicas de inducción de demanda.

· En la última edición del Digital Consumer Book Barometer, se observan tres tendencias de evolución del mercado de la edición: un gap muy elevado entre venta física y online; los productos digitales llegan a nuevas audiencias; y los modelos que ofrecen acceso tarifa plana de consumo, crecen.

La crisis financiera de 2008 supuso un enorme perjuicio para todas las industrias de la cultura, y los daños experimentados por el libro, las artes escénicas, el cine, el teatro, las bibliotecas, las revistas culturales, etc., fueron enormes. En esos años, se devaluó literalmente la cultura en España. El desmantelamiento del sistema de apoyos públicos a la cultura abandonó a su suerte a toda la industria, que experimentó un retroceso sin precedentes en nuestro país. Es obvio que la cultura aquí no se considera un servicio público esencial. En contraposición, la crisis pandémica ha conllevado un aluvión de dinero público al sector, tal vez lanzado de manera desigual y asimétrica, pero lo que es evidente es que no ha acontecido finalmente el desastre que se preveía, al menos para el libro, no se puede decir los mismo de las revistas.

Volviendo a la problemática de las revistas, hay que señalar que, hasta hace una década, el modelo de negocio e ingresos de las revistas culturales se basaba en tres fuentes principales: suscripciones (52%), publicidad (28%) y subvenciones (17%). En estos últimos años, ya se observaba que el modelo estaba cambiando: suscripciones (33%), subvenciones (24%) y publicidad (20%). Supongo que el aumento de peso de las subvenciones se debió al brutal descenso de la venta final. Lo que debe analizarse es cómo queda el modelo desde 2020 hasta ahora. Me imagino que muy deteriorado.

La situación hoy es muy sencilla: menores ventas, menos publicidad y menores subvenciones. Es obvio que la crisis del modelo de negocio en las revistas también viene alentada por un enorme cambio en los hábitos de consumo, sobre todo por los vinculados directamente a Internet, lo que genera una situación económica muy difícil.

Es obligado reconocer el papel fundamental de las revistas en la configuración del pensamiento cultural especializado, lo que las convierte en elementos de reflexión y análisis de un gran valor. Sin embargo, los recursos y la capacidad de impacto de un sector formado principalmente por pequeñas empresas y cuyos contenidos están dirigidos a públicos muy especializados son limitados. En este sentido, y en aras de la defensa de un bien cultural como son las revistas, las administraciones e instituciones públicas deben tomar mayor protagonismo en el apoyo que realizan, incrementando los recursos que designan pero, sobre todo, destinándolos eficientemente para dar respuesta a las necesidades concretas de un sector de la edición.

Termino con un ruego. Tras la debacle cultural de estos años pasados, los poderes públicos deben volver a resituar la cultura, han de aprovechar la crisis pandémica para ayudar a unas industrias cuyo peso en el PIB era del 3,7% y recibía del Estado el 0,64% del presupuesto global. Me imagino que estos datos habrán menguado en estos dos últimos años; en cualquier caso, la comparación con otras industrias que gozan de subvenciones inmensas de fondos públicos es absurda. No somos un país culto, ni un país lector, y, mucho menos, comprador de cultura. Por cierto, y para los que invocan el mantra de la cultura subvencionada, piensen que la industria cultural es la menos subvencionada de todas las industrias, no olviden que muchas veces el uso torticero del lenguaje lleva a malas pasadas, por ejemplo, a la subvención a la banca se le denomina “rescate”; a la de la industria del automóvil, “incentivo”; y a la de la educación privada, “concertada”. Seamos serios y rigurosos.

Los resultados de la Cuenta Satélite de la Cultura en España indican que, en 2017, la aportación del sector cultural al PIB español se cifró en el 2,4%, situándose en el 3,2% si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas con la propiedad intelectual.

Por sectores culturales, destaca el sector Libros y prensa con una aportación al PIB total en 2017 del 0,75%, sector que representa el 31,5% en el conjunto de actividades culturales. Le siguen por orden de importancia el sector Audiovisual y multimedia 28,7%, que incluye entre otros las actividades de cine, vídeo, música grabada o televisión. Los restantes sectores tienen una participación inferior, Artes plásticas 14,8%, Artes escénicas 9,8% y Patrimonio, archivos y bibliotecas 8,6%.

Los resultados de la Cuenta Satélite de la Cultura en España indican que, en 2019, la aportación del sector cultural al PIB español se cifró en el 2,4%, situándose en el 3,4% si se considera el conjunto de actividades económicas vinculadas con la propiedad intelectual.

Por sectores culturales destaca el sector Audiovisual y multimedia con una aportación al PIB total en 2019 del 0,69%, sector que representa el 28,5% en el conjunto de actividades culturales, incluye entre otros las actividades de cine, vídeo, música grabada o televisión. Le siguen, por orden de importancia, el sector Libros y prensa 24,9%. Los restantes sectores tienen una participación inferior, Artes plásticas 20,6%, Artes escénicas 10,2% y Patrimonio, archivos y bibliotecas 8,1%.

La comparación entre 2017 y 2019 (último dato disponible) muestra que el libro ha disminuido su peso en aportación al PIB, siendo superado por el sector audiovisual y multimedia. Hay que confiar en un cambio de tendencia en los próximos años en la medida en que el sector se recomponga y se vuelva a cifras de comercio exterior similares a años pasados.

Las revistas culturales atesoran un enorme capital simbólico, manifestación periódica del conocimiento académico y profesional de una sociedad, abordando temas muy poco masivos y transitados, y, muchas veces, alejadas de planteamientos puramente economicistas, sus páginas alertan sobre disrupción y muchas veces disidencia, el capital simbólico que aportan al debate intelectual es vital para las sociedades democráticas, hay que detener esta extinción. Considero que, antes de hacer un elogio póstumo, hay que abordar el tema como un problema cultural de hondo calado. La confrontación de ideas es el sustento en el que se apoya la cultura. En los próximos meses, van a llegar los fondos de apoyo de la Unión Europea denominados Next Generation, habrá que confiar que una buena parte se destine a paliar la situación de esta área de la edición, así como a los pequeños editores para los que América Latina constituía un canal casi principal.


MG

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

Un comentario

  1. Buenas, Manuel Gil:

    Muchas gracias por su análisis sobre la significación de las revistas… que he leído con una dpble perspectiva: la significación de las revistas en general, y la que usted profundiza como significación símbolica de las revistas en el ecosistema cultural.

    En ambos sentidos ese texto me ha resultado de sumo interés, incluso en un tercer plano -complementario – al releerlo pensando en las revistas culturales dentro del ecosistema sociodigital.

    Pero eso lo ampliaré en próximo comentario por esta vía o por email, si usted me indica una dirección de correo electrónico, por favor.

    Con sincero aprecio por su labor, especialmente a través de este Blog, de gran utilidad para mi trabajo con revistas (Subdirector Revista Bimestre Cubana, miembro fundador Catauro, colaborador Cubarte… ).

    Cordialmente, Aurelio Francos.

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