Fue Plinio el que dijo que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno. Y muchos siglos después Oscar Wilde extendió el concepto al decir: “La verdad es que no hay libros malos, lo que hay son malos lectores”.

Señalo lo anterior para compartir que hace unos días terminé de leer Book Wars. The Digital Revolution in Publishing de John B. Thompson, una obra verdaderamente excepcional para comprender la mutación de nuestras industrias del libro. Espero que el sector se haga eco de su inminente edición española y la convierta en el libro del año del sector. Se va a publicar en España este próximo mes de abril por Trama Editorial, en su colección Tipos móviles. Se trata de un volumen de casi 500 páginas, que es, por un lado, una historia de la transformación de las industrias del libro, y, por otro, una hoja de ruta sobre cómo se van a mover las placas tectónicas de la edición en un futuro inmediato.

El libro viene precedido de unas críticas inmejorables por parte del sector de lengua anglosajona.

«Excelente… Cada escaramuza, cada batalla, cada conflicto se aborda de forma amena y objetiva con los datos argumentativos y la casuística que yo mismo hubiera elegido»

Richard Charkin, Publishing Perspectives

Seguro que este año Book Wars: The Digital Revolution in Publishing de John B. Thompson se convertirá en una lectura obligada para todo el que se toma en serio la industria editorial”

Thad McIlroy, The Future of Publishing

“Magistral… Thompson ha brindado un testimonio y una serie de recursos de valor incalculable para los investigadores del complejo y cambiante campo de la publicación de libros. Escrito con elegancia, exhaustivo y con investigación de fondo, Book Wars cuenta una historia fascinante de cómo los editores grandes y pequeños están haciendo suyos los impactos transformadores de la revolución digital”

Publishing Research Quarterly

“Una ingeniosa profundización en la actual coyuntura editorial: cómo llegamos aquí y qué nos depara el futuro. Para cualquiera que quiera comprender los desafíos clave a los que se enfrenta nuestra industria hoy, este libro es muy instructivo”

Jonathan Galassi, presidente de Farrar Straus & Giroux

CUANDO EMPIEZA LA GUERRA

Este libro cuenta la historia de las turbulentas décadas en las que la industria editorial chocó con la gran revolución tecnológica de nuestro tiempo. Desde el surgimiento de los libros electrónicos hasta la explosión de la autoedición y la creciente popularidad de los audiolibros, Book Wars ofrece un relato completo y detallado de la disrupción tecnológica en una de nuestras industrias creativas más importantes y exitosas.

Al igual que otros sectores, la edición se ha visto desorganizada por la revolución digital. Los cimientos sobre los que se asentó esta industria durante 500 años, el embalaje y la venta de textos e imágenes en forma de libros impresos, se han visto cuestionados por una revolución tecnológica que permite almacenar, manipular y transmitir contenidos simbólicos de forma rápida y económica. Los editores y minoristas se encuentran frente a una proliferación de nuevos jugadores que ofrecen nuevos productos y servicios y desafían algunos de sus principios y creencias más arraigados. La vieja industria pasó repentinamente al centro de atención cuando estallaron amargos conflictos entre los editores y los nuevos participantes, incluidos los nuevos y poderosos gigantes tecnológicos que veían el mundo de maneras muy diferentes. La guerra de los libros había comenzado.

Si bien los libros electrónicos estuvieron en el centro de muchos de estos conflictos, Thompson argumenta que las consecuencias más fundamentales se encuentran en otros lugares. El libro impreso en papel ha demostrado ser una forma cultural notablemente resistente, pero la revolución digital ha transformado la industria de otras maneras, generando nuevos jugadores que ahora ejercen un poder sin precedentes y dando lugar a una variedad de nuevas formas de publicación. Lo más importante de todo es que ha transformado el entorno más amplio de la información y la comunicación, creando nuevos desafíos y nuevas oportunidades para los editores a medida que buscan redefinir su papel en la era digital.

Este relato sin igual de la industria editorial de libros que enfrenta su mayor desafío desde Gutenberg será una lectura esencial para cualquier persona interesada en los libros y su futuro.

SOBRE EL AUTOR

John B. Thompson es profesor de sociología en la Universidad de Cambridge y miembro del Jesus College, también en Cambridge, donde fue investigador previamente. Premio Europeo Amalfi de Sociología y Ciencias Sociales en 2001, ha logrado importantes becas de investigación como la de la Fundación Andrew W. Mellon para ahondar en temas relacionados con la revolución digital y la industria de la edición; o la del Economic and Social Research Council para estudiar la concentración y la innovación en la industria de la publicación de libros. Ha estudiado la influencia de los medios de comunicación en la formación de las sociedades modernas, un tema sobre el que es un teórico de referencia mundial. Otro de los temas clave en su obra es el papel de los medios de comunicación en la transformación del espacio y del tiempo en la vida social, y la creación de nuevas formas de acción e interacción más allá de los marcos temporales y espaciales. Entre sus libros anteriores, destacan Merchants of Culture, un libro extraordinario del que no me explico que no se haya publicado en España.

Solicité a la editorial Trama un anticipo del índice y algunos capítulos ya traducidos.

Comparto a continuación el índice y reproduzco, después, algunos textos del contenido, cedidos por la editorial.

…………………….

ÍNDICE
Prefacio
Introducción
1. El titubeante ascenso del libro electrónico
2. Reinventar el libro
3. La guerra de los catálogos
4. Las garras de Google
5. El ascenso de Amazon
6. Luchas por la visibilidad
7. La explosión de la autoedición
8. Libros de crowdfunding
9. Bookflix
10. La nueva oralidad
11. La narración de historias en redes sociales
12. Viejos medios, nuevos medios
Conclusión: mundos en constante movimiento

REVOLUCIÓN DIGITAL E INDUSTRIA EDITORIAL
John B. Thompson

A medida que las antiguas tecnologías analógicas se ven desplazadas por nuevas tecnologías basadas en la codificación y transmisión digital de contenidos simbólicos, a las industrias tradicionales de los medios de comunicación —periódicos, radio, televisión, música, cine— les ha caído encima una avalancha de cambios. Así, la transición digital asedia a muchas de aquellas instituciones mediáticas que durante la era analógica tuvieron todo el protagonismo, y que observan cómo sus ingresos se han desplomado y sus posiciones antaño dominantes se ven hoy cuestionadas. Al mismo tiempo, han ido surgiendo nuevos y poderosos actores que amenazan con remodelar nuestro entorno informativo. En términos de formas y canales de información y comunicación, hoy habitamos un mundo que tiene muy poco que ver con el que existía hace apenas medio siglo.

La industria del libro no es aquí una excepción, ya que también se ha visto inmersa en la conmoción provocada por la revolución digital. En cierto modo, se juega mucho más que otras industrias mediáticas, por ser la más veterana del sector, y por haber desempeñado un papel fundamental en la conformación de la cultura moderna, desde la revolución científica, en los albores de la Europa moderna, hasta ese estallido de literaturas y de formas de conocimiento que hoy son una parte esencial de nuestras vidas y sociedades actuales. Entonces, ¿qué sucede cuando la más antigua de nuestras industrias mediáticas se da de bruces con la gran revolución tecnológica de nuestro tiempo? ¿Qué ocurre cuando una industria que lleva más de quinientos años entre nosotros y está profundamente arraigada en nuestra historia y cultura se ve asediada por un nuevo conjunto de tecnologías que difieren de forma radical de aquellas que durante siglos han sustentado sus prácticas y sus modelos de negocio? En la primera década del presente siglo, a los profesionales de la industria editorial no les costaba encontrar razones para sentirse preocupados por su futuro: la industria de la música estaba en caída libre, la prensa estaba experimentando un fuerte descenso de ingresos y algunas de las grandes tecnológicas se volcaban en la digitalización de los libros. ¿Por qué la industria del libro no iba a verse arrastrada por la vorágine desatada por la revolución digital? En aquellos días nadie, ni el gestor más cabezota ni el analista más desinteresado, se habría mostrado optimista sobre las posibilidades de la industria editorial de salir indemne de ese topetazo con la revolución digital.

Había muchas incógnitas: ¿qué consecuencias concretas iba a tener la intrusión digital en la edición? ¿Sufriría la industria una transformación absoluta como en el caso de la música, donde de la noche a la mañana los formatos físicos se transformaron en descargas digitales, lo que llevó a los grandes sellos discográficos —que hasta entonces controlaban la producción y distribución de música— a experimentar una dramática caída en sus ingresos? ¿Se convertiría el formato electrónico en el medio preferido por los lectores? ¿Pasaría el libro físico a mejor vida? ¿Desaparecerían las librerías? ¿Iban las editoriales a perder relevancia por culpa de una revolución tecnológica que permitiría a lectores y escritores comunicarse directamente a través de Internet, sin el obstáculo de los guardabarreras tradicionales de la industria editorial? A principios de la década de 2000, muchos altos directivos del sector y numerosos comentaristas y consultores se planteaban seriamente todas estas posibilidades, y muchas más, mientras se complacían en ofrecer opiniones sobre el futuro de una industria que parecía estar a punto de sufrir una hecatombe.

Con el correr de los años fue tomando forma este encuentro entre la más antigua de nuestras industrias mediáticas y la gran revolución tecnológica, encuentro que propició unos resultados que muy pocos comentaristas habían previsto. No sólo se equivocaron los comentaristas de la misa la media, aunque, en muchos casos, así sucedió: es que su comprensión de qué sucede cuando las tecnologías golpean a las industrias ya veteranas se basaba en el análisis de las propias tecnologías y en la suposición —por lo general arbitraria, y poco cuestionada— de que, en virtud de sus características intrínsecas, dichas tecnologías acabarían por imponerse. Lo que rara vez contemplaban estos relatos era que el desarrollo de nuevas tecnologías —y su adopción o no adopción, según el caso— no tienen lugar en el vacío, sino que ocurren en un entorno donde existen instituciones, prácticas y preferencias sociales, y que por tanto forman parte de un proceso social dinámico, un proceso social donde individuos y organizaciones pugnan por lograr sus propios intereses y objetivos, por subir posiciones y por superar a los demás en una lucha competitiva, y a veces despiadada. En resumen, en su mayoría esos comentaristas carecían de una verdadera comprensión de las fuerzas que determinan el espacio o «campo» social donde se desarrollan y se manifiestan dichas tecnologías. Se centraron en las propias tecnologías, como si éstas fueran un deus ex machina capaz de arrasar con todo, sin detenerse a examinar los complejos procesos sociales de los que formaban parte. Por cierto, hacer caso omiso de los procesos sociales facilitaba la tarea de los comentaristas. El mundo es un lugar caótico y si se ignora el desorden del presente es mucho más fácil predecir el futuro, pero no tomar en cuenta los factores sociales, económicos y políticos que conforman los contextos donde afloran las tecnologías no hace más precisas las predicciones ni mejora nuestra comprensión del cambio tecnológico.

Este libro se basa en la suposición de que sólo lograremos entender el impacto de la revolución digital en una industria como la del libro —y, de hecho, en cualquier industria, ya sea de medios de comunicación o de otro tipo— cuando nos sumerjamos en el desorden del mundo social y comprendamos cómo se desarrollan y despliegan las tecnologías y quiénes son los individuos y organizaciones que, en contextos concretos, con preferencias concretas y yendo en busca de fines concretos, las asumen como propias o las rechazan. Las tecnologías nunca producen efectos ex nihilo. Afectan siempre a individuos y organizaciones que —para perseguir sus intereses y objetivos, sean éstos los que sean— deciden o no invertir su tiempo, sus energías y sus recursos en ellas. El desorden del mundo social no es apenas un obstáculo que la tecnología debe salvar, sino que es el propio camino, ya que lo que determina qué impacto tendrán las nuevas tecnologías y hasta qué punto, si es que lo hacen, pondrán en solfa a las instituciones y prácticas existentes es la misma interacción entre las posibilidades de las nuevas tecnologías —a saber, lo que permiten o posibilitan estas tecnologías— y el mismo desorden del mundo.

Dos libros sobre estos mundos, Books in the Digital Age (Los libros en la era digital, sobre la edición académica, 2005) y Merchants of Culture (Mercaderes de la cultura, sobre la edición comercial, 2010). En ambos, dediqué mucha atención al impacto de la revolución digital en estos sectores tan dispares de la industria del libro.

Los libros son parte integrante de la cultura y por consiguiente las guerras del libro podrían considerarse guerras culturales, pero cabe argüir que no son un tipo de guerra cultural al uso. Por lo general, con la etiqueta «guerra cultural» se hace referencia a aquellos conflictos sociales y políticos basados en valores y creencias divergentes. Son valores profundamente arraigados, como los relativos al aborto, la discriminación positiva, la orientación sexual, la religión, la moral y la vida doméstica. Se trata de conflictos que remiten a valores y a sistemas de valores a los que muchas personas están profundamente apegados. Tienen que ver con nuestras identidades y nuestros intereses; se refieren a los diferentes sentidos de lo que somos como individuos y como colectividades; aluden a todo lo que nos importa o debería importarnos, y de ahí la pasión con la que estas guerras culturales se han librado tan a menudo en el ámbito público. No obstante, una guerra del libro es un conflicto de índole muy diferente. No despierta las mismas pasiones que las guerras culturales: aquí nadie se ha manifestado en las calles ni ha quemado libros en señal de protesta. En comparación con las guerras culturales, las guerras del libro son a todas luces un dechado de discreción. De hecho, podría parecer que una etiqueta como «guerras del libro» resulta demasiado dramática para una situación que no implica expresiones de violencia, ni manifestaciones, ni gritos en las calles. Sin embargo, la ausencia de dichas manifestaciones de violencia no debería hacernos creer que los conflictos no son reales o que carecen de importancia. Al contrario, las luchas que han estallado en las dos últimas décadas en el por lo general plácido entorno de la edición son muy reales; se han librado con una determinación y una convicción que atestiguan que, para los implicados, se trata de luchas decisivas que afectan a intereses vitales y donde entran en juego principios muy arraigados. Al mismo tiempo, son un síntoma de que la industria del libro experimenta una profunda transformación que está perturbando el sector, que pone en tela de juicio las formas de hacer las cosas y que impele a los actores más veteranos a entrar en conflicto tanto con nuevos participantes como con otros profesionales que han sabido ver en el cambio tecnológico un mundo de nuevas oportunidades y las han aprovechado, a veces a expensas de otros.

REINVENTAR EL LIBRO

Sin embargo, no he hecho alusión a una posibilidad más radical: que la revolución digital nos permita reinventar lo que es el «libro». Por lo general, vemos al libro electrónico como un libro que se entrega al lector en un archivo digital y no como un objeto físico, y que se lee en una pantalla en lugar de pasar las páginas físicas de un libro impreso en papel. En este sentido, un libro electrónico se crea a partir de las propiedades físicas del libro en papel y está limitado por ellas, ya que se basa en el mismo contenido y nace del mismo archivo que el libro físico: simplemente se convierte para ajustarse a los requisitos de archivo de los proveedores de libros electrónicos y a los dispositivos de lectura pertinentes. En este sentido, el libro electrónico es una réplica del texto impreso, lo que Angus Phillips denomina un «libro electrónico de tres al cuarto». Por necesidad, en cuanto réplica de otro, el libro electrónico no es idéntico al texto impreso en todos los aspectos. Pueden diferir algunos detalles: por ejemplo, la cubierta, la paginación o la tipografía, así como otras características paratextuales, como el estilo y la posición de las dedicatorias, los epígrafes, las ilustraciones, los títulos de los capítulos o las notas. Si bien algunas de estas variaciones pueden parecerles significativas a los estudiosos de la literatura y la bibliografía, no alteran el hecho de que el libro electrónico, como réplica, sigue ligado al contenido textual del libro en papel. Aun así, los libros montados, entregados y leídos en formato electrónico no tienen por qué derivar de las propiedades físicas y el contenido textual del libro físico. Pueden crearse de distintas maneras y dotarse con diferentes propiedades. Hay muchas maneras de hacerlo, algunas ya probadas y otras aún por inventar. Una forma directa de crear un nuevo tipo de libro es desarrollar un libro electrónico como texto lineal pero sólo en formato digital —un digital sui generis— y experimentar con las propiedades de dicho texto. Por ejemplo, se podría experimentar con las propiedades manteniendo el texto muy corto, quizás hasta 10.000 palabras, y venderlo como un ebook a un precio bajo —un tipo de ebook que ha sido apodado «the digital short» [que aquí traduciremos como «cortos digitales»] o e-single.

Otra forma de crear un nuevo tipo de libro sería partir de un libro ya existente, de ficción o no, y enriquecer la versión en ebook añadiendo elementos multimedia de diversa índole, como clips de audio o vídeo, gráficos emergentes y animaciones. Con la adopción generalizada de iPads y tabletas en color como el Kindle Fire, el Nook Tablet y el Google Nexus, que pueden reproducir funciones multimedia, muchas editoriales veían en los libros electrónicos mejorados una vía prometedora, y de hecho se experimentó mucho con este tipo de títulos a partir de 2011.

Una tercera forma de reinventar el libro sería más radical. Empezaría de cero y se preguntaría: ¿cómo podemos crear un libro que utilice todo el rango de funciones y posibilidades que ofrece el medio digital y la gama existente de sistemas operativos y de dispositivos de lectura? No partiríamos de un libro impreso ya existente para tratar de mejorar la experiencia de lectura digital, sino que partiríamos de la misma experiencia de lectura digital para tratar de crear un libro para ella. En este caso, el libro empezaría a existir no como un texto concebido para el medio impreso, sino como algo muy diferente. Por ejemplo, como una aplicación: como un texto que forma parte de una experiencia de lectura y de usuario que únicamente existe en el medio digital y sólo en la pantalla, y que no tiene un equivalente directo en papel.

Entre ambos extremos del libro electrónico —como réplica y como aplicación—, hay un buen número de variaciones y enfoques. En la práctica, tenemos todo un espectro de posibilidades, que van desde el libro electrónico como reproducción directa del texto impreso, en un extremo, hasta el libro totalmente reinventado en el otro, con cortos digitales, libros electrónicos mejorados y otras formas experimentales que ocupan el terreno intermedio.

En este sentido, los primeros pasos han resultado ser mucho más difíciles de lo que se pensaba. No es que sea difícil imaginar nuevas posibilidades, ni siquiera que sea difícil crearlas: todo esto se puede hacer, y el periodo de 2010 a 2015 estuvo lleno de nuevos experimentos y empresas que hicieron exactamente esto. Nos vimos bombardeados de creatividad digital. Lo que es mucho más difícil es encontrar una estructura organizativa y un modelo de negocio que permita generar estos nuevos productos digitales de forma continua y sostenible. Se han creado nuevos y maravillosos objetos digitales, incluso podríamos llamarlos nuevas formas de libro que amplían nuestra comprensión de lo que es y puede ser un «libro», pero en su mayor parte los procesos que condujeron a su creación eran insostenibles: la mayoría de las organizaciones donde se integraron dichos procesos acabaron en fracaso. Por una u otra razón, no lograron generar suficientes ingresos para continuar con sus actividades creativas. Puede que tuvieran uno, dos, o incluso varios grandes éxitos, pero a medida que los mercados cambiaban y las oportunidades se esfumaban, disminuía su capacidad para asegurar un flujo de ingresos viable. El éxito tornó en fracaso; el entusiasmo y la esperanza se convirtieron en decepción y la idea de que la revolución digital podría conducir a la invención de una nueva forma del libro —a diferencia de un nuevo formato— comenzó a antojársenos menos probable. Resultó ser un falso amanecer.

Todavía estamos en las primeras etapas de la era digital, por supuesto, y sería imprudente sacar conclusiones de la evolución futura sobre la base de lo sucedido hasta ahora. Los experimentos que tuvieron lugar en el periodo comprendido entre 2010 y 2015 estuvieron condicionados por las tecnologías y los sistemas de distribución disponibles en aquella época, así como por las características más amplias de un entorno de información en constante cambio, y bien podría ser que, a medida que este entorno siga evolucionando y que aparezcan nuevas tecnologías y sistemas de distribución, surjan también nuevas oportunidades para la reinvención del libro. Aunque entonces, al igual que antes, se planteará el mismo interrogante sobre su sostenibilidad. Porque las nuevas formas sólo perdurarán si los procesos y organizaciones que las posibilitan logran sobrevivir y mantener estas formas más allá de la fase inicial de su puesta en marcha.

…………………….

Si hace unos meses hablé de la publicación del The Oxford Handbook of Publishing, traducido aquí por Los fundamentos del libro y la edición, y señalé que se trataba de un proyecto muy ambicioso en costes y comercialización, y que estos libros necesitan de un apoyo y complicidad de los profesionales del libro, como lectores debemos agradecer su inclusión en el acervo editorial y cultural del país. Si esa obra partía de unos costes en torno a 18.000 euros, Las guerras del libro se sitúa en un rango de costes muy similares, en torno a 14.0000 euros, entre royalty de contratación, traducción (500 páginas), maquetación, diseño, imprenta, etc. llevan a suponer que su PVP será alto. En definitiva, otro libro imprescindible para toda la industria, hay que aplaudir que una editorial pequeña asuma el riesgo de acercar y poner a disposición de los lectores españoles e hispanoamericanos una obra de esta envergadura.

Confío en que, a diferencia de lo que ocurrió con The Oxford Handbook of Publishing, que recibió una subvención del Ministerio bajísima, en esta ocasión se entienda bien la magnitud del proyecto y la dificultad de comercialización, pues este tipo de obras se asoman a un mercado muy estrecho (la propia industria), y ya sabemos que el sector nunca es proclive al derroche en compras, de aquí que considere su edición cómo de alto riesgo. Como dato final, comento que la obra estará en las librerías a finales de abril. En definitiva, un título de referencia para todo el ecosistema del libro y sus industrias.


MG

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

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