Si algo distingue al sector es ser tan efervescente como biodegradable. Si continúan leyendo entenderán por qué lo digo. Comencé a escribir en el blog sobre el tema ecoedición allá por 2014,  después de asistir a un congreso organizado por la Junta de Andalucía. Unos años antes, Joaquin Rodriguez, autor el blog Futuros del Libro, ya había publicado numerosos post sobre ecoedición. Comparto con él la preocupación por el tema.

En aquel congreso al que asistí, un evento que ya en su momento consideré visionario, se analizaron temas que cuando hoy releo las ponencias, no puedo por menos que considerar que la vigencia de las mismas es absoluta. Unas ponencias premonitorias sobre lo que después ha ocurrido. Comparto aquí algunos títulos de las ponencias presentadas para que juzguen ustedes:

      • CRITERIOS Y RECOMENDACIONES PARA LA ECOEDICIÓN. EL PROYECTO LIFE+ECOEDICIÓN.
      • PAPEL, VALORES DE SOSTENIBILIDAD.
      • DE LA HUELLA DE CARBONO A LA ETIQUETA ECOLÓGICA EN LOS LIBROS: UNA EXPERIENCIA REAL EN HACHETTE LIVRE.
      • LIBROS VERDES PARA UNA ECONOMÍA SOSTENIBLE.
      • COMPRA Y CONTRATACIÓN PÚBLICA VERDE. INCLUSIÓN DE CRITERIOS AMBIENTALES EN PUBLICACIONES IMPRESAS.
      • PROPUESTA DE INDICADORES SOCIALES PARA MEDIR LA RESPONSABILIDAD SOCIAL EMPRESARIAL EN ECOEDICIÓN.
      • TENDENCIAS EN EL FUTURO DE LA EDICIÓN. DESTINADOS A ENTENDERSE: PAPEL Y DIGITAL.

En estas últimas semanas han aparecido varias noticias interesantes sobre el tema, y que pueden acelerar el tema el nuestro sector. Por un lado el hecho de que tanto Planeta como Random están ya editando en papel bajo la certificación PEFC y FSC, y que tienen planes de mayor envergadura sobre el tema, intentando avanzar hacia el nivel de “neutros en carbono”. Una muy buena noticia, es verdad.  Por otro lado, la editorial Errata Naturae  va un paso mucho más allá y relaciona ecoedición con sostenibilidad y ODS, un documento magnifico y digno de alabar. Las librerías, que abordaron el problema de las tiendas verdes en el Congreso de Málaga del pasado marzo,  siguiendo el ejemplo de las librerías del Reino Unido (proyecto Green Bookselling), han publicado un texto sobre Diagnóstico Medioambiental de las librerías, estupendo. Otra noticia es que la editorial BoD renuncia a la plastificación de los libros, magnífico. Hace unos días recibí la revista Texturas en mi domicilio. Me llamó la atención de recibir el ejemplar en una bolsa de papel reciclado. Hasta hace unos meses la revista me llegaba en un sobre de plástico obviamente de imposible reciclaje. Como me pareció una idea excelente, decidí hablar con Trama, editora de la revista para ver a que se debía el cambio. Para mi sorpresa, Manuel Ortuño me indicó dos cosas, por un lado que la revista se iba a comprometer a una campaña de artículos sobre el tema ecoedición, y por otro que iba a emprender una decidida campaña para que todos los libros que produjese la editorial incorporasen ya etiquetados de ecoedición rigurosos. Como curiosidad me señaló que el cambio de packaging de envío suponía un coste adicional de unos 40 céntimos por revista en relación a cuando se enviaba con plástico. Excelente también.

En paralelo leo en Publishers Weekly que los libreros estadounidenses se están planteando seriamente el tema medioambiental, y  Publishing Perspectives describe como determinadas entidades de la industria de Estados Unidos (Grupo de Estudio de la Industria del Libro), Canadá  (BookNet Canada) y Reino Unido (BIC Reino Unido) han formado una Alianza Internacional de la Cadena de Suministro del Libro Verde para desarrollar respuestas a los problemas ambientales y del cambio climático. Estas tres organizaciones, cada una líder en su mercado, “planean recibir el apoyo de otros organismos internacionales que puedan estar interesados ​​en contribuir” y apoyar la iniciativa.  Las discusiones preliminares entre estas tres entidades han identificado como áreas de posible colaboración:

      • Recopilar y compartir información sobre las mejores prácticas, con enlaces a los estándares aplicables.
      • Publicar noticias medioambientales de relevancia para la industria del libro.
      • Realización de investigaciones ambientales, con la oportunidad de alinear estudios.
      • Ofrecer recursos para información e ideas ambientales.
      • Organizar eventos globales de la cadena de suministro de libros verdes.
      • Desarrollo de un premio anual Green Global Supply Chain.
      • Colaborar para desarrollar un programa de trabajo verde unido.
      • Probar la idea de una acreditación de la cadena de suministro del Libro Verde Global, establecida a partir de la ISO 14001.

Observo que avanzan en la línea de incorporar la norma ISO 14001, lo cual me parece correcto, pero en España deberíamos seguir además las recomendaciones de determinadas normas de la Unión Europea y  propuestas como las del proyecto Eco-Life.

De todo lo anterior, la reflexión que comparto aquí referida a España es la siguiente. A mi juicio, ¿no se debería articular una arquitectura global del sector en esta línea? Que algunas empresas pongan en marcha proyectos en esta línea es muy positivo, sin duda, pero no hay que caer en lo que pueden parecer “ecogestos”, abrazar decididamente proyectos de envergadura en materia de sostenibilidad y ecoedición es un reto del sector. En España observo que se está siguiéndolo lo que defino como  “estrategia pirindola”, es decir, “cada uno a su bola”. Muy propio de nuestro habitat profesional. Creo llegado el momento, por la emergencia del problema, de definir una estrategia conjunta sectorial. El sector debe poner en marcha una estrategia de certificaciones y estándares medioambientales de ecoedición y sostenibilidad de manera inmediata. Hay además en el sector numerosas empresas verdaderamente valiosas para abordar este tema.

Incluir en la agenda del sector este tema no parece aplazable. Que las industrias del libro contaminan no es un secreto. Todo el mundo lo sabe. El problema es que hay que revisar la cadena de valor en su conjunto, desde las imprentas gráficas al momento en que un lector compra un libro en una librería. En la pasada edición del Futura Edición de Sevilla (organizado por Lantia), Logista presentó una ponencia sumamente interesante en la que mostraba lo que una librería recibe a diario por termino medio:

        • 15 transportistas.
        • Aproximadamente 30 proveedores.
        • Pedidos de unos 50 editores.
        • Un número indeterminado de comerciales van a diario a los mismos puntos de venta con transportes

 

En mi caso, he defendido que si el libro en papel abraza la ecoedición, sin olvidar que no es sólo editar con papel de bosques certificados y con cadena de trazabilidad y custodia, será mucho más sostenible desde todos los puntos de vista que la cacharrería digital. Pero abrazar la ecoedición y el objetivo de neutralidad en huella de carbono de toda la industria es complejo, pero no imposible. No sólo hay que medir lo que se contamina, sino publicarlo y compensarlo. Y definir planes de mitigación. Y una respuesta global de las industrias del libro las haría presentarse enarbolando valores hoy muy importantes para muchos lectores y compradores de libros, y también de cara a los poderes públicos, que deben ya incorporar elementos de sostenibilidad en las licitaciones públicas, y la sociedad en su conjunto.

Casi desde su origen, la industria editorial tradicional ha estado basada  en un modelo de producción ligado, inevitablemente, a procesos cuyo impacto ambiental fueron en su momento tolerables, porque no existían opciones  alternativas,  pero que hoy pueden y deben ser repensados apostando  por soluciones no solamente sostenibles, que sería lo más sencillo, sino reusables, por respuestas globales que comprendan toda la cadena de valor del mundo del libro como un flujo que debe comenzar y acabar en el mismo punto, en el de la reutilización de los materiales inicialmente empleados. En cierto modo repensar la economía del libro desde principios de economía circular. Este modelo económico es la intersección de los aspectos ambientales, económicos y sociales. El sistema lineal de nuestra economía (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles. Por lo tanto, la economía circular propone un nuevo modelo de sociedad que utiliza y optimiza los stocks y los flujos de materiales, energía y residuos y su objetivo es la eficiencia del uso de los recursos.

La industria editorial, al igual que otras industrias,  no deben  pensar  en términos de beneficios privados y de riesgos socializados. El impacto, por ejemplo, de un modelo de distribución basado en tiradas, con un movimiento de abastecimiento y devolución continuo de millones de libros, en un ir y venir sin razón alguna, genera ineficiencias económicas y daños medioambientales que solamente se sostienen porque nadie se atreve a romper con el modelo tradicional, no porque nadie se haya dado ya cuenta de que no cabe seguir mandando y recogiendo libros a destajo. Repensar las tiradas, recurriendo a edición bajo demanda, es fundamental. Las tiradas masivas e indiscriminadas son parte del pasado, no son sostenibles para nadie. No olvidemos que entre los muchos desajustes del mundo del libro uno muy importante es la sobreproducción, que hay que desincentivar a corto plazo.

Todo lo anterior en economía se describe como “coste de las ineficiencias” que ahora presenta el sector editorial, y no son hoy  asumibles, ni económica, ni ecológica, ni socialmente. En cualquiera de los casos el problema que se observa inicialmente es el de la sobreproducción, y para equilibrar el cruce entre las curvas de oferta y demanda hay que desincentivar la producción.  El hecho de que la ineficiencia sea barata, conlleva que la edición genere economías de escala a costa del impacto medioambiental. Y para reducir la producción  veo dos opciones que no son incompatibles entre sí.

La primera es incluir una “ecotasa” a la producción editorial, lo que en economía se denomina “externalidades negativas” (costes ambientales y sociales no repercutidos) que consisten en que el que contamina no paga y el que sufre los daños no obtiene compensación, es la tesis de uno de los mejores libros que he leído sobre el tema ( William Nordhaus,  El Casino del clima, Planeta 2019.  “Una lección importante que se deriva de la ciencia económica es que los mercados no regulados difícilmente pueden lidiar con las externalidades negativas de manera eficiente. En este caso, los mercados no regulados conllevan una excesiva emisión de CO₂ u otros GEI, puesto que no se exige un pago por los daños causados. No hay señal más efectiva para lograrlo que aumentar el precio de contaminar”.  La conclusión es obvia: cuando se produce un libro se genera CO₂, y por tanto habría que llevar al precio esta externalidad como mecanismo de mitigación  de emisiones contaminantes. Quizá no se tarde mucho en observar que el precio que se paga por los libros y de casi todos los productos que se producen más pronto que tarde deberán  reflejar  todos los costes de producción, incluyendo esta externalidad negativa. La conclusión es clara: los libros deberían subir de precio para reflejar este tema.

 

La otra tesis es la que defiende Juan Miguel Salvador (Librería Diógenes de Alcalá de Henares), un auténtico experto en estos temas, se trata de limitar las devoluciones a partir de inyectar margen a las librerías. “Si una librería solo puede devolver un 10% o un 15% de lo que adquiere, será muy selectivo a la hora de comprar. Esto llevaría a las editoriales a ser más selectivos en cuanto a los títulos que lanzan al mercado. Con esta medida en marcha, las librerías asumirían mayor riesgo al no poder devolver todo lo que quieran. Por ello es lógico que obtengan más margen, digamos un 5%. Pero es que el distribuidor va a ahorrar costes, ya que va a ahorrarse una importante parte del trasporte (libros que no se envían ni se devuelven), va a poder concentrar sus esfuerzos de difusión en menos títulos y va a ahorrar costes logísticos en stocks y almacenaje. Es normal que ese ahorro de costes se reparta con las librerías. En cuanto a las editoriales, si hacen una buena selección de lo que editan van a mejorar su rentabilidad con menos esfuerzo y a reducir su inmovilizado”.

“Alguien puede pensar en que esto reduciría la “bibliodiversidad”, pero olvidan que hoy existe ya la edición bajo demanda que garantizan que ningún libro se quede sin editar si hay demanda para él. El efecto cultural positivo es que los buenos libros tendrían más tiempo para ser descubiertos por más lectores, ya que se disminuiría el ruido de tanta publicación innecesaria y permanecerían más tiempo en las librerías. En una arquitectura como esta solo hay un perdedor, la industria del transporte que tendrá menos volumen.”

No parece que en España, y no sé cómo está este tema en América Latina, la industria editorial, la distribución y la comercialización del libro se hayan tomado todavía muy en serio el enorme impacto de su trabajo sobre el medioambiente. Durante dos siglos hemos creído que pueden capitalizarse los beneficios y socializarse los perjuicios, porque hemos entendido nuestras prácticas económicas como algo ajeno al mundo del que formamos indefectiblemente parte.

Considero que hay que empezar a pedirle a las editoriales que incorporen una información precisa en los créditos del libro de los consumos energéticos y de combustibles que la publicación de ese libro ha producido, mediante una etiqueta similar a esta:

Este tipo de etiquetado, que debería aparecer en la página de créditos de cada libro, muestra la Huella de Carbono generada, y los  GEI –Gases de efecto invernadero- emitidos a la atmosfera a lo largo del ciclo de vida de un producto (kg CO2e), la idea de su cálculo es la siguiente:

        • Conocer la carga ambiental de un producto en términos de su contribución al CG –calentamiento global-.
        • Establecer valores objetivo y evaluar las reducciones de emisiones de GEI.
        • Comunicar la huella de carbono a todos elementos de la cadena de valor y por supuesto a los lectores.

La propuesta que parece razonable implementar por todas las empresas del libro pasa por la mayoría de estas líneas:

        • Apoyar la redacción de un plan estratégico de ecoedición y sostenibilidad del sector del libro.
        • Calcular y auditar regularmente nuestras emisiones de carbono, con estudios de auditorías anuales independientes y fiables.
        • Comunicar nuestros resultados, e implementar planes de reducción.
        • Trabajar únicamente con proveedores que tengan certificaciones medioambientes y compartan nuestros valores.
        • Incrementar nuestra utilización de papel reciclado o certificado, de preferencia con el sello PEFC o FSC.
        • Poner en marcha ante la sociedad civil una campaña de sensibilización sobre el tema explicando los avances en sostenibilidad de las industrias del libro.
        • Colaborar con entidades públicas o privadas que promuevan acciones con un beneficio socio-ambiental.

Sin desarrollo sostenible, no hay futuro. Esto implica repensar nuestra manera de vivir en este mundo, significa replantearnos cómo hacemos las cosas y aceptar nuestra responsabilidad hacia las generaciones venideras. Sin duda, es un reto complejo, pero no imposible. Aplicado al mundo empresarial, el cambio climático y sus consecuencias abren la vía a una de las más grandes disrupciones de la historia, la descarbonización de las sociedades actuales suponen un reto a todas las industrias, incluida la nuestra.

En definitiva, la crisis generada por la pandemia ha reafirmado la idea de que una economía respetuosa con el medio ambiente  y solidaria con las personas  no sólo es necesaria, sino también rentable económicamente, y socialmente muy deseable.

Posdata. En nuestro libro “El paradigma digital y sostenible del libro”, Trama Editorial, 2011,  puede encontrarse un extenso capítulo dedicado a este tema y titulado “El reverdecimiento de la industria editorial”.

 

Dejo para un post posterior un análisis sobre el ecommerce del libro, ahora tan de moda. Los efectos de esta forma de consumo son devastadores desde un punto de vista medioambiental.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

Un comentario

  1. Pilar Eusamio Zambrana 21/10/2020 en 22:45

    Lo empecé a leer esta mañana y caí en que y lo había leído porque era el artículo para Trama. Es increíble todo lo que se podría hacer si no se siguiese ¿Cómo le llamas “la estrategia pirindola”? Pienso en todo esto cada día en todo esto, genero una bolsa de basura plástica, otra normal, mucho cartón y un puñadito para la bolsa de los “cochinos” los restos que les daban a las bestias en el campo. El artículo no es largo, es muy completo y lleno de referencias para seguir buceando. Gracias Manuel

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