Tuve un profesor que nos decía que la economía es como un trasatlántico, tiene una inercia menguante para detenerse, y cuando arranca también lo hace con lentitud hasta alcanzar la velocidad de crucero. Lo específico y curioso  de esta crisis es que no está en los manuales: tipo ciclo, burbuja, financiera, de deuda,  de balanza de pagos, cambiaria, etc… es una situación que se denomina de “incertidumbre radical”, lo que determina la multitud de proyecciones muy contradictorias que se están haciendo, aunque es cierto que los modelos de estimación macroeconómica no sirven, lo más parecido son los modelos basados en catástrofes naturales.  Con el frenazo total de la economía, y paralizada la circulación del dinero y el aparato productivo limitado a bienes de primera necesidad, y en especial a la atención sanitaria y alimentación de la población, medidas razonables y lógicas, se extienden los textos que hablan de recesión, déficit público, prima de riesgo, paro, etc… El problema es vislumbrar escenarios posibles, y la verdad, todos son malos. A la economía no le gusta la incertidumbre, ni la inseguridad, ni el miedo. La economía es un estado de ánimo.

La hipótesis más probable es una situación económica mucho más dura que la crisis de 2008, y con unos efectos devastadores sobre la industria del libro. Y no debemos olvidar que después de la guerra, viene la postguerra, después de la enfermedad, la convalecencia. Por cierto, no acabo de entender los conceptos bélicos (guerra, soldados, frente, etc) con que diariamente nos avasallan los medios Y la pregunta del millón de dólares, ¿cómo puede estar el sector del libro en un par de meses? Pensemos que un mes sin facturar significa de media 197 millones en el comercio interior del libro en España.

El mercado del libro se verá gravemente afectado por la crisis del coronavirus. Si la crisis financiera de 2008 contrajo el sector en un 40%, ¿podemos calcular razonablemente el impacto con esta nueva crisis?  Las proyecciones que podemos hacer,  llevan a pensar que podemos movernos en una horquilla de entre el 30% y el 50% de caída. Vamos a una situación de estancamiento económico largo, la forma de crisis en U, la más probable, el problema que planea es la duración de recesión de la línea de base, y ahora mismo todo apunta a pensar en  un ciclo largo de estancamiento.  Una U con una base larga.

Y aquí surge otra pregunta, ¿Qué aguante pueden tener las pymes editoriales y libreras bajo un parón de actividad como el actual? Podemos hacer también cálculos aproximados, pese a no tener información sobre el estado  de salubridad de sus balances, cuentas de pérdidas y ganancias, estado de ventas, calendario de pagos, cash flow, tesorería, endeudamiento, etc. Cuando se condicionan estos datos al período de recuperación, es  decir, al denominado punto de inflexión,  las dudas se multiplican.  Es evidente que, aun no teniendo esa información, y pensando en que de marzo a junio son meses buenos del sector, el aguante medio de estas pymes no llega ni a dos meses. Pensemos que los editores ahora deberían recibir de sus distribuidores la liquidación de ventas de diciembre o enero (la distribución abona al editor entre 60 y 90 días), que estos a su vez deben liquidar los derechos de autor (normalmente entre febrero y marzo), y disponer de efectivo para nuevos lanzamientos (pagar a imprentas), y por supuesto pagar a sus empleados y a colaboradores externos.  De otro lado, las librerías deberían pagar las ventas realizadas en diciembre-enero, el problema es que el negocio del libro vive al día. Los aplazamientos de pagos en todo el circuito son una solución temporal, pero nada más. La interrupción de la cadena de circulación del dinero en nuestro sector lleva a pensar en que podemos estar ante numerosos cierres y ceses de actividad. Pero a diferencia de lo que ocurrió en la crisis de 2008, donde la política a seguir fue “sálvese el que pueda”, ahora estamos en situación de hacer planes de contingencia y una hoja de ruta de sostenimiento del sector. Lo que no se puede es marear la perdiz y perder el tiempo, que es lo que menos se tiene.

Pero más allá del shock del cierre forzado, durante muchos meses vamos a encontrarnos con una muy severa caída de ventas (las librerías intentarán recapitalizarse devolviendo a cuchillo gran arte del fondo que tenían en firme, como solución a cortísimo plazo puede valer, pero deben comenzar a pensar que, ante la crisis de demanda, la mejor política será recurrir a  la consignación (depósito). No comprar en firme nada, es la única manera de no inmovilizar activos, a mí me ha parecido siempre una buena política de abastecimiento, por cierto habitual en las librerías de América Latina, pero aquí en España ha tenido siempre muchos detractores, lo que si ayudaría también es elevar el descuento para libros de fondo en al menos 15 puntos, y manteniendo el descuento habitual en las novedades, pero todo en depósito. Considero una ineficiencia económica tener cientos de palets de libros en los almacenes en vez de estar en los puntos de venta. Ese descuento adicional no es comparable al gasto de tener los libros inmovilizados en los almacenes. Los que piensan que una vez terminado el confinamiento la gente se va a lanzar como locos a comprar libros, se equivocan. El estado de ánimo de la población en cuanto al consumo no lleva a pensar esto. La incertidumbre económica y el miedo  retraen severamente el consumo, y quizá más el consumo cultural. Ya veremos los efectos del festival fiestuki al que hemos asistido con los libros gratuitos. Todas las acciones tienen consecuencias.

Estamos ante una realidad desconocida.  La demanda a corto y medio plazo va a ser muy plana. Y la reacción debe venir tanto de las asociaciones del sector como de las instituciones públicas, éstas pueden mitigar el golpe mediante programas de estímulo de la demanda continuados en el tiempo. La duda que me surge es si las ayudas anunciadas no implicarán un desvarío de papeles para satisfacer la mecánica burocrática y administrativa de administraciones y bancos.

Otro tema importante que afecta a pequeños editores es el del comercio exterior. “Conviene recordar que el año 2001 marcó un  hito al alcanzar más de 600 millones de euros. Las cifras bajaron mucho entre 2002 y 2005 debido a diferentes factores: crisis mundial tras los ataques a las Torres Gemelas, el fortalecimiento del euro, la casi desaparición del mercado argentino, la saturación de los mercados de coleccionables y la internacionalización de numerosas empresas editoriales que abrieron sucursales en Iberoamérica.  En 2008 la crisis económica hizo que el comercio mundial se contrajera de forma acusada, con una influencia importante en el mercado de las exportaciones de libros. En 2010 las cifras de exportación experimentaron un leve incremento positivo, iniciando una recuperación gradual, salvo un ligero retroceso en 2013, alcanzado la cifra de 615 millones (exportación total) de euros en 2018, superando por primera vez las cifras de 2001. Si nos centramos en el mercado de exportación editorial a América, lo que se observa es una recuperación paulatina que supuso en 2018 un incremento del 9,17%, alcanzando la cifra de  234 millones de euros”.

La pregunta a hacernos es la siguiente: con la epidemia llegando ahora a América Latina, y cuyos efectos pueden ser devastadores en ese continente, ¿cuál será el comportamiento de las exportaciones? ¿en cuánto bajará esa cifra? Observemos que el 90% de los envíos a América son en consignación, se pueden seguir enviando libros a montones, pero la contracción del mercado que se vislumbra no invita a enviar demasiado, si una editorial sigue enviando libros como si nada ocurriese, estará incrementando el inmovilizado y pueden estar dando paso a una descapitalización importante de la editorial. Esta bajada de exportaciones es importantísima para un conjunto de pequeños editores, muchos de ellos de Madrid, y que se sostuvieron durante la crisis de 2008 con un nivel de ventas en América bastante aceptable.

Para terminar, creo que hay que estudiar dos cosas, y decidir rápido. Por un lado, las ayudas en forma de dinero líquido a prestar al sector debería ser solicitado y canalizado  por  gremios y asociaciones para una posterior redistribución de esos recursos. Ni que decir tiene que extremando los controles de esos créditos, para evitar situaciones indeseables. No veo a pequeñas librerías individuales ni a pymes editoriales  solicitando créditos  ICO a los bancos, ni moviéndose en los vericuetos y marañas administrativas de este país. Y por otro, parece necesario constituir un Observatorio de Crisis para trabajar en escenarios y realizar proyecciones. ¿Cómo lo veis?

Posdata: me gustaría muy mucho equivocarme, pero empiezo a sospechar si esto que está ocurriendo no va  acabar en una socialización de pérdidas, es decir, el trabajo acaba pagando las cuentas del capital. Tiempo al tiempo.

 

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

7 Comentarios

  1. […] que se sostuvieron durante la crisis de 2008 con un nivel de ventas en América bastante aceptable (Antinomias Libro, 6 […]

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  2. Alguna duda:
    a) Las «devoluciones a cuchillo» que comentas van a suponer una doble cuchillada para los pequeños editores, que verán alargarse mucho más tiempo la ya de por sí menguada entrada de las ventas.
    b) Tener los libros en estanterías, mediante depósitos, es siempre mucho mejor que tenerlos en el cementerio del almacén, e incentivarlos con un aumento del porcentaje también puede ser una buena medida, que debería ser correspondida con pagos periódicos de los libros vendidos, porque si no es así la economía de quienes cargan con todos los gastos de poner un libro en distribución y venta se paraliza, en el caso de que no se haya hundido.
    c) Situación sanitaria. Mientras no exista una vacuna y, hasta entonces, medidas sanitarias como las que llevan proponiendo epidemiólogos y científicos desde febrero, y a los que se ha ignorado, que incluyen hacer test masivos a la población para disponer de datos reales con los que controlar la actividad del virus, ¿quién va a ser tan frívolo de salir a espacios públicos, abiertos o cerrados, con concentraciones de gente como si esto ya estuviera medio normalizado? ¿Quién se va a arriesgar a acudir a Ferias como las de Madrid o Durango donde las concentraciones de gente (especialmente en la última) llegan en determinadas horas a colapsarse? ¿Qué autores se van a exponer a ponerse delante de miles de personas sin saber qué ocurre con ellas?
    Además, somos la población situada en torno a la calificada «de riesgo» la que tengamos el índice más alto de ser adictos al libro, y así las cosas, ¿vamos a mantener nuestra afición a pasear por librerías, cuando disponemos en casa de suficientes libros no leídos para pasar el trance los meses que dure?
    En algunas autonomías hay más sendibilidad hacia esta situación y parece que algo comienza a moverse, pero España, en conjunto, visto cómo el trato al sector sanitario sigue siendo de juzgado de guardia, consecuencia de unos recortes vergonzantes, y que el aireado mantra patriótico de la «marca España» ha mostrado lo que realmente es, parece más que lógico pensar que la consideración final de Manuel Gil es la que nos encontraremos. De momento, cada mañana, vemos que vuelve el NO-DO con militares en lugar de científicos, médicos y gente con conocimientos adecuados.
    Vayámonos preparando.

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  3. Yo pienso, sin querer ser pesimista, que la subida empezará a partir de Octubre, con la Feria de Madrid como punto de partida. Mientras tanto tocará hacer una “selección natural” de realmente publicar cosas con calidad porque habrá pocos recursos para editar; mover mucho los libros por redes sociales e internet y a las librerías apoyarlas con libros en depósito, y con tu idea de subir algo su porcentaje de comisión para incentivarles en estos meses malos.

    Muy buen artículo, como siempre!

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  4. Por Dios, protegieros a tiempo allí, esto es terrible. También creo que se tendría que empezar a anticipar qué va a ocurrir. Mucha suerte y cuidaos mucho!

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  5. beatrizbermudezrothe 27/03/2020 en 22:00

    Excelente aporte y muy buena idea la del observatorio Manuel!

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  6. Para mí, ese número 2 del que hablas, Manuel, es la clave. Como ya comenté con Bernat, nuestra crisis vendrá marcada por el 2: hasta 2 meses cerrados, U estrecha y por encima de 2 meses L (con suerte U ancha).

    Además, es imprescindible definir bien las solicitudes del sector al Gobierno tanto en el lado de la demanda como en el de oferta.

    Me apunto al Observatorio, no podemos quedarnos quietos a esperar que nos lleve por delante el tsunami. ¡Ánimo! Un abrazo.

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  7. Al final, en este caso del final, estamos de acuerdo, D. Manuel. Un abrazo.

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