Hace unos días mantuve una reunión con un economista que, por casualidades de la vida, está estudiando temas referidos a la economía del libro. Ni que decir tiene que le resultaba especialmente incomprensible la idea de editar (mucho) sin unas expectativas de venta más o menos concretas, al margen de no entender el concepto de depósito o el de devoluciones de mercancía.

En la conversación, y como era casi inevitable, acabó por aparecer el concepto de escasez, y uno nuevo que conocía muy de pasada, el concepto de externalidades, esencialmente aplicado a temas de costes por cambio climático. La tesis que yo vengo sosteniendo  desde hace mucho tiempo es qué pasará con la edición de libros a futuro, en un mundo en el que el tsunami de contenido tiende a infinito mientras la atención se reduce y se dispersa entre múltiples elementos. Si en el mundo capitalistas los negocios se sostienen generando escasez, real o artificial, ¿cómo se podrá hacer negocio en un ecosistema de explosión inagotable de contenido mayormente gratuito? Hace ya muchos años leí al escritor norteamericano Alvin Tofler defender que quizá lo único inagotable que hay en el mundo es la generación  de conocimiento, que además de crearse es inagotable en su consumo simultaneo, es decir, si uno usa un ordenador otra persona no puede usar el mismo, pero en el caso del conocimiento se puede usar simultáneamente sin posibilidad de agotarlo. La economía clásica plantea el concepto de escasez artificial a partir de limitar el uso de bienes tangibles, pudiendo generar beneficios por conformación de un monopolio o un oligopolio que podrían llegar a regular el mecanismo de fijación de precios.  La idea de generar escasez  en un ecosistema de tal nivel de abundancia es ciertamente impensable.

Como señalaba anteriormente, en  la conversación apareció también el concepto de externalidades, esencialmente negativas, me venía a decir como ejemplo que cuando se produce un libro se genera COշ, y me preguntaba si se llevaba al precio esta externalidad como mecanismo de mitigación  de emisiones contaminantes. Me vino a decir que el precio que se paga por los libros y de casi todos los productos que se producen más pronto que tarde deberían  reflejar  todos los costes de producción, incluyendo esta externalidad negativa. La conclusión era clara: los libros deberían subir de precio para reflejar este tema. Ni que decir tiene que le señalé la situación global del mercado en los últimos años no era nada buena, para ponerle en antecedentes de la situación general.

No hacía muchos días había leído un pequeño informe, me imagino que parte de uno mucho más extenso que había colgado Cerlalc en su página web acerca del comportamiento del mercado mundial en la última década, escrito por Mariana Bueno, investigadora de la Fundação Instituto de Pesquisas Económicas (FIPE), analizaba una década de evolución del mercado editorial brasileño en comparación con lo ocurrido en los principales mercados del libro de América Latina y algunos mercados mundiales de referencia como Alemania, España, Estados Unidos y Gran Bretaña. La conclusión no podía ser más dura, todos los países analizados presentaban una caída en términos reales en su mercado editorial en la última década.

Es sintomático de la situación que los mercados que presentan algún tipo de crecimiento, por pequeño que sea,  lo están haciendo en numerosos casos por debajo de la inflación y por supuesto por debajo del propio PIB de evolución de la economía del país.

Es quizá todo esto lo que explica la situación de resiliencia (término tomado de la psicología) que viene a definir la situación de resistencia en que se encuentra la industria, con un desplazamiento de la compra hacia las plataformas y librerías online, factor sobre el que vengo insistiendo hace tiempo y que supone que las librerías físicas desciendan en número en todo el mundo, pues el lector desplaza la compra hacia la compra online (papel más digital), con un segundo elemento también emergente que muestra como las generaciones jóvenes están optando abiertamente por los modelos de negación de la propiedad, basculando hacia una sociedad del alquiler de servicios de todo tipo, incluyendo inevitablemente la lectura y el libro, la mutación hacia una sociedad del alquiler, de la suscripción y del pago por acceso es ya un hábito de comportamiento que comienza a extenderse y que parece haberse instalado en numerosas áreas del consumo.

Es para mí evidente que hay que abordar la idea de una nueva teoría de la edición, la evolución digital de todas las sociedades, desde la economía a la justicia pasando por la medicina, el derecho, los seguros, la banca, la educación, etc… no excluye la evolución de la lectura ni la producción de contenidos, que también se están viendo afectados. Esta evolución de la tecnología y de Internet ha conllevado que la edición pierda en gran medida los pilares sobre los que cimentó su negocio, teniendo en cuenta que la evolución digital de las sociedades actuales infieren que estamos ante mercados  hiperfragmentado donde los contenidos tienden a 0 en valor y los nichos a 1 en tamaño, esta evolución de los hábitos de consumo se convierten en la piedra angular de nuevos análisis sobre la economía del libro. Debemos recordar que la edición ha perdido, o al menos ya no es  el detentador único, de los siguientes parámetros:

Ha perdido su monopolio de:

  • Perdida del monopolio de la tecnología.
  • Perdida del monopolio del formato.
  • Perdida del monopolio en la exclusividad productiva del contenido.
  • Perdida del control cautivo de lector y usuario.
  • Perdida del monopolio del precio.

Si no se parte de esta confluencia de pérdidas es difícil entender cómo se están moviendo, y chocando, las placas tectónicas de la industria del libro. Si a esto añadimos el fenómeno del crecimiento espectacular de la autoedición, el desplazamiento hacia la compra online (papel y digital) y la multiplicidad de elementos que retienen atención y que son más mediáticos que el libro, se hace evidente la necesidad de avanzar en reflexiones de mucho más calado sobre el futuro de esta industria y sus ecosistemas. Es obvio que la reflexión y protección de la industria, y aquí incluyo las librerías, conlleva inevitablemente abrir vías de diálogo con los nuevos entrantes al ecosistema: los grandes players de la red, las plataformas de suscripción, las multinacionales de VOD (video bajo demanda y series), etc… lo que obliga a una reingeniería continua del sector.

 

Es también preocupante el bajo acceso que la industria tiene sobre los datos del comportamiento del lector, el rastro que los dispositivos móviles dejan un rastro altamente valioso, un activo que puede condicionar la edición de libros, pero ese caudal está en manos de unas pocas plataformas, y creo urgente y necesario, para salvaguardar la salubridad del sector, que el análisis y la explotación de datos se incorpore a la cadena de valor del libro.

Tenemos además ya en el horizonte que una nueva crisis económica está llamando a la puerta, pues los indicadores macroeconómicos que publican los organismos internacionales así parecen mostrarlo, lo que conllevará que las generaciones jóvenes sigan sin poder acceder (por renta) masivamente al consumo cultural, hacen que sea inevitablemente pesimista sobre las perspectivas a medio plazo.

En definitiva, una situación compleja y apasionantemente incierta, que obliga a la industria a repensarse en su totalidad. El futuro no se puede adivinar,pero si es posible diseñarlo y crearlo.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

Un comentario

  1. […] tecnología, los nuevos hábitos de consumos culturales y las crisis económicas a nivel mundial (Antinomias Libro, 5 […]

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