Hace unos días me citó para comer y conversar un editor al que tengo por una de las mentes más preclaras de la industria. No revelo su nombre pues es de los que opinan que “el halago debilita”. La comida, demasiado frugal para mi gusto y hábitos, pues este editor es vegetariano y me sometió, como entrante,  a una cremita de calabacín y puerro con tofu, como plato fuerte un pastel de acelgas con setas y semillas de sésamo, y de postre un kefir desnatado, todo ello aderezado con un pan integral de frutos secos. Este colega debía compartir con Cicerón la máxima de que “El placer de los banquetes debe medirse no por la abundancia de los manjares, sino por la reunión de los amigos y por su conversación”. Efectivamente la conversación fue interesante e intensa.

Su preocupación partía de la base del enorme estancamiento que el comercio del libro tiene, en realidad en todo el mundo, y por supuesto en España, e iba en una doble línea con un denominador común: Netflix. Por un lado el hipotético efecto positivo que podía estar teniendo respecto a conformar modelos de servicios de pago e incluso sobre el posible descenso de la piratería digital en España, y por otro sobre la captación adictiva de atención que suponía para los suscriptores a esta y otras plataformas. La pregunta que se hacía era la siguiente: ¿qué efecto estaba teniendo este consumo de video bajo demanda sobre la lectura?

 

Parece ser que ahora mismo Netflix cuenta con 1,46 millones de suscriptores en España, siendo la plataforma de contenidos de pago que más creció en 2017, según apunta el Panel de Hogares de la CNMC. Este Panel, con datos del cuarto trimestre de 2017, recoge que tres de cada diez hogares españoles con acceso a Internet hacen uso de plataformas de pago para ver contenidos audiovisuales online.

 

El video bajo demanda presenta en España unas cuotas de mercado importantes, el líder es Movistar+ con 2,16 millones de suscriptores, el 13,5% del total, y le sigue Netflix con 1,46, un 9,1%. Esta plataforma estadounidense puede verse desde Vodafone, Orange y desde hace muy poco  también en la parrilla de Movistar+. En tercer lugar, se sitúa la plataforma Vodafone TV online a la que están suscritas el 5,9% de los hogares españoles. Por detrás le sigue Amazon Prime Video con el 3,5% (unos 560.000 abonados).

El “informe de la CNMC” destaca que los españoles dedican casi el mismo tiempo viendo contenidos audiovisuales en la televisión que en otras pantallas como es el caso del móvil, tableta y ordenador. De media, los españoles ven la televisión 3 horas todos los días frente a las 2 horas y media que pasan delante de otras pantallas. Y los jóvenes entre 16 y 24 años consumen más contenido audiovisual a través del móvil que de la televisión. Asimismo, el Panel de Hogares refleja que cuatro de cada diez españoles ven contenidos audiovisuales al menos una vez a la semana. De ellos, el 50% vieron reemisiones de programas de televisión.

Si creemos que estos datos son interesantes pensemos que además la tendencia es de crecimiento. Mientras en Europa tres de cada cuatro espectadores consumen televisión de pago, en España es uno de cada cuatro. Obviamente no es posible en España calcular el efecto que esto puede estar teniendo respecto a la lectura e incluso sobre la compra de libros. Y no puede saberse porque no hay ningún estudio completo al respecto. En el “Barómetro 2017” publicado por la FGEE se muestra que los lectores (sobreentiendo que frecuentes) emplean 7,6 horas de lectura a la semana, los menores de 6 años leen  algo más de 3 horas y el grupo de entre 7 y 9 años algo más de 4 horas. Los datos son tan prometedores que cuesta creerlos. No estaría de más, ahora que el Ministerio de Cultura ha abierto la convocatoria de subvenciones, que se realizase un estudio sobre la evolución del consumo en horas de lectura por grupos de edad y niveles de renta y la influencia de otros medios audiovisuales en su evolución.

En EEUU, que suelen analizar casi todo,  están midiendo el “declive de la lectura” en el país, incluso por grupos de edad, y el panorama que muestran va abiertamente a la baja en una tendencia preocupante.

Y por grupos de edad:

Otro estudio interesante es el del Pew Research Center, que demuestra que tanto la lectura de libros electrónicos como impresos está en declive, y cómo toda la industria del libro está tratando de buscar las razones. ¿La gente está dejando de leer porque escucha Spotify o visiona Netflix y otras cadenas de video bajo demanda?

Lo que sí demuestra el estudio es que entre 2003 y 2016, la cantidad de tiempo que el estadounidense promedio dedicó a la lectura para interés personal cayó a diario de 0,36 horas a 0,29 horas. Datos similares aparecen en la medición de uso del tiempo en EEUU que realizó la “Oficina de Estadísticas Laborales” encontró una disminución en la lectura de ocio de un 19% en los estadounidenses mayores de 15 años. Las disminuciones más elevadas se observaban en el grupo de edad de 35 a 44 años, en el que Netflix multiplica casi por 10 la cantidad de tiempo dedicado a la lectura.

Pew Research Center encontró que los adultos con ingresos más bajos “tienen aproximadamente tres veces más probabilidades que los adultos más acomodados de no leer libros (36% contra 13%)” y que aquellos con “un diploma de escuela secundaria o inferior son aproximadamente cinco veces más propensos que los graduados universitarios (37% vs. 7%) a mostrar que no leen libros en ningún formato en el último año.

También apreciaban diferencias en grupos poblacionales. Los lectores que no utilizan libros son más altos entre los hispanos, quienes “tienen el doble de probabilidades que los anglosajones (38% frente a 20%) de informar que no han leído un libro en los últimos 12 meses, y con algunas diferencias entre los hispanos nacidos dentro y fuera de los EE. UU. Aproximadamente la mitad (51%) de los hispanos nacidos en el extranjero informaban que no leyeron un libro, en comparación con el 22% de los hispanos nacidos en los EE. UU.

Otros datos ciertamente dramáticos son:

  • El 33% de los graduados de la escuela secundaria nunca leen otro libro el resto de sus vidas.
  • El 42% de los graduados de la universidad nunca lee otro libro después de la universidad.
  • El 70% de los adultos estadounidenses no han estado en una librería en los últimos cinco años.
  • El 80% de las familias estadounidenses no compraron ni leyeron un libro el año pasado.

La ubicuidad de los dispositivos (smartphones incluidos) en el bolsillo del lector es probable que expliquen esos descensos y esas tendencias a la baja. Cuando se observa la entrada continua en los smartphon de notificaciones de Facebook, Twitter, WhatsApp, Netfix o Amazon, o pop-ups sobre una nueva película original o un programa de televisión que acaban de agregar, es difícil aislarse de ello. Y la conclusión es clara, obviamente este ecosistema de ocio y atención está influyendo, el problema para el libro es cuánto y qué hacer. Estamos ante un problema muy serio que requiere reflexión, no es un problema de planes de lectura, es algo mucho más complejo. Y pensemos por un momento en un escenario donde las marcas que señalo a continuación se incorporen masivamente a la producción y distribución de contenidos, en todo tipo de formatos, incluso en papel, pues alguna ya lo esta haciendo. ¿Avanzamos hacia una concentración oligopólica de la atención?

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

2 Comentarios

  1. […] La semana pasada les compartimos un interesante artículo que hablaba sobre cómo la industria audiovisual parecía estar impactando directamente en la disminución de la lectura en el tiempo libre de las personas. Ahora, les dejamos este análisis de Manuel Gil, director de la Feria del Libro de Madrid, donde habla también de cómo el ecosistema de ocio y atención (Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp, Netflix…) está influyendo en los hábitos de las personas y cómo esto afecta a la industria del libro (Antinomias Libro, 6 minutos). […]

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  2. Vaya estimado Manuel la realidad y el mundo que estamos viviendo. Coincido contigo que este es un tema que va más allá de las políticas de lectura.¿qué puedo opinar frente a ello? nada diferente al cambio de la industria y a la manera como cada creador de contenidos y libros (entiéndase por libro cualquier clase de formato) no solo se adapta sino que incorpora medios y plataformas para que los contenidos circulen de muchas y variadas maneras, encontrando negocio y posibilidades en sus nichos y haciéndolo de la mejor manera posible.

    Sin duda el mundo editorial ya no es el mismo y continuará siendo algo totalmente diferente. Creo que debemos dejar de hablar de “reconversión del sector” y más bien sí que debemos enfocarnos en las nuevas maneras y modos de negocio para contar y entregar historias, usando las tecnologías disponibles de la mejor manera para ello.

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