Durante la pasada Feria de Editoriales y Librerías de Madrid he tenido la ocasión de conversar con numerosos libreros y editores, el  tema recurrente del intercambio era siempre acerca de la salubridad del sector y de qué situación concreta a nivel cifras comerciales mantenía cada cual. En general nadie habla de que le vaya bien, es cierto que ven pequeños síntomas de mejoría pero siempre muy alejados de las cifras que antes de la crisis mantenían.

Y una idea que aparece ya siempre es la de observar que,  para mantener un cierto nivel de ventas,  hay que recurrir a eventos especiales tipo como ferias del libro, viernes negro, noche en blanco, día de las librerías, día del  libro, etc… El tráfico diario al interior delas tiendas  es muy flojo y con un consumo por ticket medio más bajo que hace unos años. En el caso de las librerías se observa la preocupación por dos temas, por un lado el bajo consumo de literatura, además concentrado en muy pocos títulos y oligopólicamente concentradas en los dos grandes mega grupos editoriales de España, y por otro en la dependencia del libro de texto, auténtico motor en estos últimos años del crecimiento de las cifras del sector.

El problema es que el sector padece unos obstáculos ciertamente muy complejos a la hora de poder establecer abiertamente una recuperación a medio y largo plazo, de manera que no es posible una recuperación con escollos tan complejos. Podemos estar diez años más debatiendo sobre el papel versus digital, los problemas son otros y muy distintos.

En primer lugar hay que observar que el consumo cultural en general, y el de libros específicamente, guarda una relación directa con los niveles de renta de la población. En este sentido es una evidencia que la renta disponible en manos de la gente es muy baja, las cifras de desempleo han descendido, pero a costa de una precariedad laboral enorme, esto determina que aun teniendo empleo se sea pobre de solemnidad.  Tema que se agrava en los jóvenes, condenados a salarios de indigencia. Una contención de los sueldos de esta envergadura plantea hoy un problema social de gran magnitud. Si hace unos años hablábamos de la generación NIMI (ni mil euros), hoy el joven que llega a mil euros es un privilegiado.

Una consulta al informe AROPE (At-Risk-of Poverty and Exclusion), que mide el riesgo de pobreza y exclusión a partir de tres variables: baja intensidad de empleo, pobreza y carencia o privación material, muestra que en España hay cerca de 13 millones de personas en riesgo de pobreza, un 27,9% de la población, cuatro puntos por encima de la media europea. Los datos son demoledores y son confirmados por numerosos estudios independientes.

En segundo término hay que analizar la demografía del país, que presenta algunos datos ciertamente preocupantes. En Europa,  el 34% de la población tendrá más de 60 años en el 2050, lo que conllevará una reducción de población de unos 30 millones,  y si observamos los datos de España son todavía peores, según la ONU España perderá unos 6 millones de habitantes desde ahora al 2050, es decir, tendrá una población de unos 40 millones de habitantes, con el problema de que el 44%  estará por encima de los 60 años, y un 30% superando los 80, se habla ya de que será uno delos países con la población más envejecida del mundo. El sostenimiento de una población tan envejecida plantea problemas acerca del mantenimiento de pensiones dignas, pero en lo referido al consumo cultural hay que observar un enorme estrechamiento del volumen objetivo de usuarios y compradores. Este estrechamiento del volumen de público objetivo para el consumo conlleva que las cifras de comercio interior tendrán grandes dificultades para crecer.

Un tercer factor que debería mover a reflexión es el surgimiento de un consumo cultural low cost en áreas ajenas al libro.  Cuando hace unos días hablé con un amigo que se dedica profesionalmente desde hace muchos años a mediciones de medios y de televisión, me confirmo que observan  hábitos de consumo cultural que conspiran abiertamente  contra la lectura y el libro (en cualquier formato). Por ejemplo, me señalo que a finales de 2016 Netflix tenía en España más de 500.000 abonados, y que al cierre de 2017 las cifras serían mucho mayores, los datos procedían del  Panel de Hogares que publica la CNMC, que recoge los datos de abonados a las principales plataformas de VOD, si los datos cerrados a 2016 eran tremendos, los de 2017 podían ser espectaculares.  A su juicio el problema no radica en el número de abonados, sino en el consumo diario que retienen estas plataformas. A las cifras de Netflix había que añadir las de otras compañías de video bajo demanda,  como HBO, Amazon, Sky, y Movistar-Yomvi, mostrándome como curiosidad que el consumo ilegal de películas y series ha descendido más de un 4%. Estamos ante  el reto del ocio barato, por 10 euros se tiene un consumo ilimitado de series y films.

A mi modo de ver las cifras de 2008 no volverán. Carencia enorme de renta, población cada vez más envejecida, y un cambio de hábitos en el consumo cultural con propuestas de valor de 10 euros para un consumo ilimitado, así parecen indicarlo. En otro tiempo hubiese planteado que una decidida intervención del estado en el mercado cultural podía conllevar una relativa recuperación, hoy me surgen serias dudas si con esto sería suficiente. Inducir demanda debe provenir tanto de los poderes públicos como de un proceso de inteligencia analítica de negocio del sector, y ambos hechos los veo complicados, por lo que deduzco que en dos décadas podemos encontrarnos con que el eje gravitatorio de la edición se desplazará hacia algún país de habla hispana de América Latina.

 

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

4 Comentarios

  1. En mi opinión le queda otro factor importante. Ha destacado usted la merma del poder adquisitivo, la reducción demográfica y las nuevas ofertas de ocio (que no cultura). Quedaría por analizar el desplome de la calidad educativa. A través de la Educación se accede a la Cultura. Me temo que una población con bajo nivel educativo no vaya a gastar su dinero en libros. El peligro no lo representa cada factor por separado sino la conjunción de todos ellos, como el conjunto de los nudos de una red conforman un obstáculo.

    Semanas atrás nos han informado de una reducción del 20% en el presupuesto ofrecido por el ministerio para actualizar las bibliotecas españolas (ya veremos en cuánto queda la consignación final). Esta semana leo que se ha inagurado con gran boato una “Exposición” en la que se explica cómo actuar para que la juventud comience a leer, en vez de utilizar esos recursos para actuar directamente sobre la juventud (gastan pólvora en salvas, decíamos antes). Por contra, nosotros hemos creado un programa para habituar a la lectura a estudiantes de ESO basado en dos áreas de gran aceptación entre la juventud, y no encontramos apoyos. Los editores, ocupados en sus menesteres, no ven interesante “trabajar la cantera”. Quizá no vean fácil el acceso a las aulas, donde esa cantera permanece sentada y atenta a la espera de propuestas que rompan con lo que para ellos se ha convertido en rutina (videojuegos, redes sociales, youtubers…). Y no es posible acceder a la Administración sólo con excelentes ideas.

    Saludos.

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    1. Lamento haber “inagurado” la sección de lapsus calami… pero auguro a este blog larga vida.

      (laaguja)

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  2. Leo la realidad de España y pienso que nos queda acá abajo en América Latina. De Argentina se manejan cifras y en los últimos años el tema no ha sido alentador. Pero de Chile no se dice nada. Todos son comentarios que se van recogiendo de los libreros pero nunca un informe más oficial. Lo cierto es que el mercado del libro tampoco pasa por un gran momento y también se recurre a actividades como las que se mencionan en este reportaje. Gracias por las visiones que nos entregan y nos permiten pensar que hacer en el futuro

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  3. Cuando leo cosas interesantes y sensatas pienso que hay futuros. El eje podría desplazarse geográficamente, pero veo más probable que sin un corrección general de ruta se desplace a niveles de renta y educación elevados, regenerando una élite. No veo un esfuerzo, ni combinado ni singular por crear lectores, con lo cual los lectores o se crean solos o se crean en franjas ya predispuestas a ello, con o sin relación geográfica.

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