La percepción de que el eje puede cambiar de España a algún país de América Latina comienzo a compartirla con muchos editores, tanto españoles como iberoamericanos, Sin viajar al 2030, como hace unas semanas nos relataba, de manera magistral, “Bernat Ruiz Domenech” en su blog, es evidente que los signos y las tendencias apuntan en esa dirección. Pongo como ejemplo la presencia continua y persistente de México, y también de Argentina y Colombia,  en todas las ferias de América Latina, lo que quizá presagia este cambio de centralidad. Relaciono esta percepción con el papel institucional que España viene presentando en las ferias de América Latina, una presencia muy disminuida cuando no inexistente.

Esto no significa la desaparición del libro español en el continente americano, de ninguna manera, pero no todo el trabajo debe dejarse a expensas de las redes comerciales que tras muchas décadas España ha ido tejiendo en ese continente. La parte simbólica y de “marca” también deben preservarse, los símbolos son importantes, y a veces decisivos, y en este punto nos hemos dejado comer la tostada, bien por desidia, bien por autosuficiencia, pero viajar a ciertas ferias y ver el papel institucional de España en el continente me llevan a pensar en que los idus de marzo no presagian nada bueno.

Pongo como ejemplo la literatura, se puede observar un enorme surgimiento de autores nóveles en todo el continente, absolutamente desconocidos para la edición española,  pero también puede observarse este fenómeno en los catálogos de las Universidades de América Latina, estos indicios pueden llevar a pensar en que la capitalidad literaria y universitaria puede cambiar de continente en muy poco tiempo.

Otro indicador a seguir es el tamaño global del mercado, y pese a que  América Latina no es un todo y es un continente relativamente vulnerable a las crisis, es previsible que el mercado latinoamericano acabará siendo superior al español, es obvio que como sumatorio de países, pero bajo dos condiciones, un aumento importante de los mercados interiores nacionales y una mejor circulación del libro en el continente que redundaría en un fuerte incremento de exportaciones de cada país.

El problema surge a la hora de calibrar los indicadores de fortaleza de los mercados de cada país. Soy de la opinión de que los datos del de las agencias del ISBN sobre el número de ejemplares editados no sirven como ratio de fortaleza, más bien hay que fijarse en el número de ejemplares vendidos y en la cifra neta de facturación del sector.

Otro indicador que algunos analistas señalan como índice de fortaleza es la tirada media, personalmente me parece un indicador discutible, la conformación de los mercados actuales de contenidos está marcada por una fuerte hiperfragmentación, lo que conlleva que los nichos y targets tiendan a 1, es por ello que este indicador me ofrece serias dudas en su validez, más bien habría que analizar el número de títulos distintos vendidos en la comercialización de la demanda. Este índice de dispersión muestra la amplitud de gama de los fondos editoriales en comercialización.

Y un indicador al que cada día le doy más importancia es el gasto medio por habitante y año en cada mercado interior, es cierto que en algunos países de América Latina el peso del estado en cuanto a la compra de libros es enorme, pero también es cierto que parece la única forma razonable de hacer llegar el libro a numerosas capas de población cuyas rentas son muy limitadas.

Cuando “Guillermo Schavelzon“, en su excelente blog, cuantificaba hace un par de años el tamaño del mercado de algunos países de América Latina quedé sorprendido, los datos que yo había ido recopilando a través de numerosos viajes a esos países eran muy superiores, pues bien, cuando Schavelzon dividía el total de cada mercado con la población del país ofrecía resultados como estos:

  • En México, con 121 millones de habitantes (mdh), se venden libros por 400 millones de dólares (mdd) al año: U$S 3,30 dólares por habitante.
  • Colombia, con 48 mdh, vende libros por 140 mdd: U$S 2,91 por habitante.
  • Argentina, con 43 mdh, vende libros por 300 mdd: U$S 6,97 por habitante.
  • Chile, con 18 mdh, vende libros por 120 mdd: U$S 6,66 por habitante.
  • Uruguay, un país con solo 3 mdh, vende libros por 38 MDD: U$S 11,51 por habitante.

El sumatorio de estas cifras era de 1.030 millones de dólares, los datos que yo tenía eran casi el doble de esa cifra. Es cierto que es casi imposible conocer el tamaño real de algunos mercados en ese continente, las fuentes de datos son imprecisas y poco fiables cuando existen, pues hay países donde la industria ha sido incapaz de normalizar una estructura de datos medianamente profesional. Y si la industria editorial quiere comenzar procesos de internacionalización tiene que comenzar por estandarizar y dar continuidad a los datos de cada mercado.

En el mismo post Schavelzon citaba el mercado español, para el que ofrecía esta cifra:

  • España, con 48 mdh, vende libros por 3.500 mdd: U$S 72,91 por habitante.

Hay que hacer notar que si nos referimos al mercado estrictamente interior las cifras son mucho más modestas. Somos 46,6 millones de habitantes, y el volumen del comercio interior es de 2300 millones de euros, luego matemáticamente salen 20 euros por habitante y año. Cifra que coincide con el Anuario de Estadísticas Culturales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España.

Con independencia de los matices que se quieran buscar en los datos, lo que si es evidente es que la condición necesaria pero no suficiente para abordar la internacionalización del mercado es desarrollar de manera potente los mercados nacionales de interior, y en este punto debe confluir la industria con los poderes públicos.

En cualquiera de los casos el avance hacia un mercado único del libro en castellano pasa por cambios estructurales muy profundos en la vertebración y profesionalización del sector en América Latina. A mi juicio, la década pasada hubiese sido el momento oportuno para abordar esta transformación, década caracterizada por un fuerte mejoramiento del nivel de ingresos y del poder adquisitivo de ciertas capas de la población, un gran robustecimiento de la clase media, la ampliación del acceso a la educación, el mejoramiento de las infraestructuras de acceso a Internet y la expansión de su cobertura, ahora, con un fuerte nivel de incertidumbre económica y una relativa desaceleración parece algo más complicada esta transformación, aunque más vale tarde que nunca.

Desde mi punto de vista hay algunos elementos que deberían ser tenidos muy seriamente en cuenta:

  • La irrupción de la cultura digital, impactando tanto a la industria como a los lectores, y aunque los ritmos de introducción sean desiguales, ofrece un amplio abanico de oportunidades de negocio a la industria del mundo del libro en todo Iberoamérica. En este contexto de transformación, se detectan tres factores transversales que indican que el desarrollo del mercado digital puede ser una realidad en la mayoría de los países iberoamericanos.
  • El aumento del número de libros electrónicos registrados en el ISBN. En efecto, entre 2003 y 2015 los libros registrados en formato electrónico han pasado de representar el 7% al 20%, es decir, el libro electrónico triplica su presencia en el total de libros registrados.
  • La creciente importancia de la lectura digital. Los datos que aporta el “Latino Barómetro” muestran que en algunos países de la región la lectura digital ha adquirido una creciente importancia. En Colombia y Uruguay un 19% de los encuestados dice leer directamente de internet; en Argentina lo hace un 16%, en Chile y México un 13% y en Brasil y Perú un 11%.
  • La relevancia de internet como canal de distribución y comercialización del libro electrónico y en impresión bajo demanda para libros analógicos, tanto por el surgimiento de potentes librerías online como por la llegada de los grandes players de la distribución digital

No obstante, el principal hándicap que la industria editorial tiene para estructurar mercados interiores digitales potentes es el bajo índice de lectores del continente. Los datos que aporta el Latino Barómetro indican que un 51,5% de personas no son  lectores de libros, el promedio de 3,5 libros leídos al año por habitante en toda Iberoamérica es un ratio que debe mejorar, y de hecho lo está haciendo. Estos datos no sólo deben preocupar a la industria, sino también a los poderes públicos, que deben continuar desarrollando planes y programas de política cultural y apoyo a la lectura. En este sentido, el apoyo al desarrollo de potentes infraestructuras bibliotecarias digitales parece imprescindible, sobre todo de cara a amplios segmentos de personas de nivel socioeconómico bajo con el fin de evitar una brecha social aún más grande en la nueva era digital.

Resumo aquí mi opinión, altamente discutible, sobre los principales retos y oportunidades que tendrán lugar en los próximos años en Iberoamérica:

  • El impacto de la digitalización en la industria del libro ha comenzado de manera intensa y al igual que en otras industrias culturales, por la producción, incidiendo en una modificación sustancial de la cadena de valor. El siguiente paso es avanzar en la comercialización y distribución  digital de los contenidos de las editoriales y latinoamericanas en todo el continente, así como en las principales tiendas y bibliotecas del mundo.
  • La tecnología digital se convierte en una enorme oportunidad para todas las Industrias Culturales y Creativas  de la región. El desarrollo impetuoso de Internet en la región implica que el acceso al consumo cultural y a todo tipo de contenidos educativo y de ocio desde cualquier lugar y en todo momento modifican el paradigma de las formas, maneras, y hábitos de acceder al libro. En otras palabras, hay que crear nuevas formas de descubrir los libros, así como la creación de nuevos canales de venta.
  • La consolidación de los mercados nacionales de edición en los principales países iberoamericanos surgirá de la apuesta en firme por la edición digital y la puesta en marcha de plataformas de distribución transnacionales.
  • Parece también aconsejable la unificación de legislaciones en torno a impuestos en el comercio del libro, esto ayudaría enormemente en la conformación de un mercado único del libro para todo el mundo hispanohablante.
  • El Estado debe seguir teniendo un papel importante en la incentivación de creación y demanda de contenidos. Todos los datos indican que existe una relación directa entre lectura y nivel educativo y socioeconómico. Con la irrupción de la era digital, los gobiernos y las editoriales tiene una nueva oportunidad para incrementar  el número de lectores en la región.
  • Las bibliotecas, y el préstamo bibliotecario digital y analógico, se convertirán en unas de las herramientas clave para lograr este incremento de nuevos lectores porque es una manera gratuita de acceder a los libros.
  • Las librerías físicas siguen siendo el canal principal de comercialización del libro en Iberoamérica pese a que existe una fuerte desigualdad en el tejido librero de cada país y una fuerte concentración en áreas urbanas. El desplazamiento del consumo hacia las librerías online (sumatorio de papel más digital) no se aprecia todavía en América Latina. Y quizá sería conveniente el desarrollo de políticas públicas de sostenimiento del parque de librerías en el continente, mediante sellos de calidad, derivación de compras de bibliotecas hacia las librerías de proximidad, y ayudas públicas a la transformación de los espacios de librerías.
  • La protección de los derechos de autor y la propiedad intelectual de los creadores es un asunto de política pública, y las leyes del libro deben reflejar esta protección.
  • También sería recomendable que las Ferias del Libro tuviesen un epígrafe de ayuda y protección en las leyes del libro, no en vano son motores fundamentales en la creación de lectores.
  • Dadas las dificultades para la circulación del libro en el continente, puede ser importante la conformación de grandes repertorios nacionales tanto de libros digitales como bajo impresión bajo demanda, si los átomos no viajan si pueden hacerlo los bits.

Y termino mostrando la evolución de compras de algunos países del continente en cuanto a las compras que hacen de España. La fuente de datos son los informes de Comercio Exterior de la Cámara del Libro de España y de la “Federación de Editores“.

 

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

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