Existe en estos últimos años un debate ciertamente interesante sobre el concepto de lectura, hay quien sigue asociando la lectura con la lectura de libros en papel, pero sobre todo con la compra, y otros defienden que la lectura evoluciona y transiciona con el tiempo, obviamente no se lee como hace 200 años, y esto al margen de la irrupción de dispositivos, y que hoy las opciones de lectura se han diversificado de manera extrema en todas sus materialidades.

Hace unos día visioné una ponencia magnífica de mi colega “Roger Domingo”, titulada ¿El fin de la lectura tal y como la conocemos?, en ella, y entre otras y variadas causas, explica el vertiginosos crecimiento de la lectura digital frente a la lectura tradicional (libros en papel) a partir de lo que denomina  “efecto dopamina”. Sin quitarle la razón, que la lleva, creo que algunas otras reflexiones de la psicología cognitiva también son pertinentes para explicar el fenómeno.  Una causa importante del crecimiento de la lectura digital y el consumo de pantallas, estaría asociado a la dopamina, un neurotransmisor que se asocia a los sistemas de recompensa, es decir, su secreción se da durante situaciones agradables, lo que estimula a uno a buscar aquella actividad u ocupación agradable. Tanto la comida como el sexo son estimulantes de la secreción de la dopamina en el cerebro, constituyendo unos de sus efectos más importantes la regulación del aprendizaje, concretamente el aprendizaje por condicionamiento, ya estudiado por fisiólogo ruso “Ivan Paulov“.

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Es evidente que la lectura, desde el punto de vista cognitivo, y por supuesto “discursivo” y “textual”, es un tema que requiere reflexión. En este sentido es altamente recomendable y sugerente el artículo del Catedrático y Doctor en Ciencias de la Documentación de Salamanca “José Antonio Cordón”, titulado “La lectura en el entorno digital: nuevas materialidades y practicas discursivas”, aparecido en la “Revista Chilena de Literatura” en su número de diciembre pasado, el número está íntegramente dedicado a la lectura digital, con muchos artículos ciertamente brillantes.

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Los datos que aparecen sobre la lectura, en todos los países del mundo,  empiezan a mostrar una correlación negativa entre la lectura en pantallas y la lectura de libros, a un menor consumo de libros en papel mayor aumento del porcentaje de lectura digital.

Lo que parece obvio es que hay que acercarse  a la lectura digital en pantallas desde una óptica mucho menos rigida y emocional. Por ejemplo, poner como ejemplo negativo de la consulta y lectura de pantallas como el hecho de consultar Google Maps está conllevando una pérdida de la capacidad de orientación, es obviar que estamos en el siglo XXI, y ya no es imprescindible parecerse a Amundsen o a Shackleton. Es ya extraño ir preguntando por calles y plazas donde está determinado monumento o lugar. Y aquí entra en juego otro efecto, el de “diferencial de eficiencia”.

Hace unos meses tuve la ocasión de conversar con un  amigo que trabaja sobre psicología del consumo de información, en esa conversación apareció el concepto de “diferencial de eficiencia”, la idea es que si tu inviertes 6 horas en leer un determinado libro, y lo comparas con 6 horas de lectura de páginas web con hiperenlaces, la sensación del usuario respecto a la cantidad de información leída y la amplitud y horquilla de lo estudiado, establece un valor diferencial positivo sobre la lectura de un solo libro. El concepto de diferencial de eficiencia se aplica dese hace mucho a las industrias y a las tecnologías, su aplicación al campo de la lectura, lleva a considerar que la sustitución de una tecnología (libro en papel) por la tecnología digital, se establece en términos de eficiencia de consumo de tiempo y recursos, determinando que la utilidad de consumo de papel  sería inferior a medio plazo al consumo digital. Pensemos que si inviertes un número determinado de horas en la lectura de un libro de 300 páginas (de un tema concreto), pongamos por ejemplo 6 horas, en ese mismo tiempo habrías podido consumir una variedad de contenidos muy diversos a partir de enlaces, redoblando la eficiencia del tiempo invertido. Según mi colega en este efecto entra en juego la variable edad, por ejemplo, una persona de mi edad podría llegar a tener la sensación de pérdida de tiempo al navegar por Internet e ir de un sitio a otro, pero en el caso de las generaciones jóvenes es todo lo contrario. Esto explicaría que los jóvenes tendrían tendencia a consumir solo aquello que les venga prescrito por amigos con los que compartir y conversar. Y la eficiencia del consumo de pantallas sobre un producto en papel explicaría la correlación negativa entre una lectura y otra.

Lo que comienza a aparecer muy nítidamente es que hay que enfrentar el estudio de la lectura desde ópticas más diversificadas. Son muchos los tecnófobos obsesionados con la irrupción del libro digital, quizá deberían fijarse en que el consumo de televisión en España está ya en 4,5 horas habitante/día, o que desbloqueamos el teléfono móvil más de 80 veces al día por término medio. En psicología a esto se le denomina refuerzo intermitente.

Termino con una reflexión del texto del profesor J.A.Cordón:

“Todo esto nos sitúa  en un contexto en el que la mediación documental va a estar, o ya está, profundamente determinada por la porosidad cada vez mayor entre el mundo “real” y los nuevos territorios digitales. Las nuevas interfaces de realidad aumentada, el Internet de las Cosas, el progreso en el campo de la inteligencia artificial, etc, están rediseñando los conceptos de lectura y de lector inherentes a una tradición vinculada con la imprenta”.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

Un comentario

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