Leí hace un par de días un curioso, cáustico y escéptico post de “Juan Torres” en su blog sobre la utilidad de los Ministros de Cultura, la verdad es que el relato que ofrece es cuando menos desalentador, pero aun así me permito discrepar.

En mi caso, he defendido con firmeza la necesidad de un Ministerio de Cultura,  así como una Dirección General de Libro, Archivos y Bibliotecas, la dilución del libro bajo el epígrafe de “políticas culturales” con diversas subdirecciones generales no me parecía una estructura de gran operatividad, mi intuición me señalaba la necesidad de una interlocución directa dando al libro un negociado al más alto nivel dentro de un Ministerio de Cultura. Y lo más importante, al que poder confrontar el desarrollo de políticas públicas en esta área, que es el el fondo y en la forma el tema central.

La industria del libro defiende su valor inmaterial, pero también como generadora de empleo, valor económico y “marca” España, por lo que parece conveniente desarrollar un corpus de políticas públicas en torno a la cultura, y por supuesto a la lectura y al libro.

Las políticas públicas en España en torno al libro, la lectura, las bibliotecas y los archivos no han sido prioritarias ni perentorias, hasta el punto de haber sufrido serios retrocesos en estos años, y no me refiero aquí al de dotaciones para adquisiciones, muy depauperadas tanto a nivel estatal como autonómico, sino al desarrollo de políticas públicas de largo recorrido en estas áreas, hoy más necesarias que nunca. Soy de la opinión de que la industria cultural debe ser estratégica en un país, y mi juicio, se debe articular una estrategia para diluir la vulnerabilidad de estas industrias ante los avatares económicos.

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Es por ello que vengo proponiendo dentro del sector la necesidad de trabajar en el diseño de políticas públicas para la lectura, el libro, las bibliotecas y por supuesto las librerías. De lo que se trata es de encontrar las preguntas pertinentes  más que las respuestas definitivas, de abrir la discusión más que de cerrarla. Y poner el tema en la agenda pública y de los medios. Es por ello que parece pertinente desterrar la omnipresencia de un discurso que justifica el repliegue de lo público en la era de la globalización, y la obligatoriedad convertida casi en religión, de no invertir dinero en aquello a lo que no se le suponga una rentabilidad económica inmediata y directa, obviando así la conformación de bienes intangibles y  sociales para un país y/o una determinada comunidad.

La situación delicada en que se encuentran las industrias culturales, la lectura, las bibliotecas, y el sector del libro, necesitan la intervención de los poderes públicos, mediante políticas públicas de amplio espectro y largo plazo. La efectividad de la inversión pública debería traducirse en el paulatino crecimiento del mercado, de manera que en algún momento la salud del sector fuese cada vez menos dependiente del Estado. Pensemos por ejemplo en la conformación de una “sociedad lectora”, lo que implica largos períodos de inversión, seguimiento y evaluación de resultados. El tema de la lectura en España debería ser hoy “tema de estado” ante los alarmantes datos que están apareciendo en estos meses. Comienza a ser un tema se “salud pública” este asunto. La necesidad de este tipo de políticas integrales deben tener en cuenta la articulación estatal, comunitaria y municipal para ser verdaderamente efectivas.

En el año 2013, CERLALC publicó la “Nueva Agenda por el Libro y la Lectura: recomendaciones de políticas públicas en Iberoamérica”, con el patrocinio del Ministerio de Asuntos Exteriores y la AECID, un extenso documento de políticas públicas para aplicar en cada uno de los estados (incluida España). Destaco y comparto aquí algunas de las recomendaciones sobre el tema del rol del estado en estas áreas, e invito a descargar el documento y a leerlo con detenimiento.

Los roles del estado. Las estrategias gubernamentales

  • Estimular la representación de todos los actores sociales del sector en la revisión de las políticas públicas, incluyendo los libreros y bibliotecarios como actores fundamentales en la promoción del libro y la lectura.
  • Establecer una coordinación sistemática de agendas gubernamentales en Educación, Cultura y Tecnologías de la información y la comunicación, para desplegar acciones articuladas que operen colaborativamente tanto sobre las vías de acceso democrático al conocimiento y la promoción del libro en las nuevas experiencias de lectura, como sobre la sustentabilidad de la creatividad en todas sus formas.
  • Promocionar una imagen pública del libro y de la lectura más ajustada a las características de las nuevas generaciones, respetando la identidad del sector y sus rasgos culturales distintivos.
  • Analizar las ventajas de orientar de manera directa la recaudación de tasas o impuestos al fomento del sistema nacional de bibliotecas.
  • Promover el debate acerca de la constitución de un organismo centralizado y específico de fomento para la lectura y la industria del libro, por analogía con otras industriales culturales, como las producciones cinematográficas y audiovisuales y el teatro, financiado por un Fondo sustentado en tasas o impuestos específicos.
  • Promover la edición de libros en formatos digitales de audiotexto y otras formas de recepción y lectura, sobre todo, las versiones desarrolladas con la finalidad de ampliar las oportunidades de las personas con discapacidades de accesibilidad.
  • Establecer las normas jurídicas y las disposiciones técnicas y administrativas para la preservación y usos legales de las obras digitales registradas.
  • Promover la función social y estimular la edición y distribución de las revistas culturales.
  • Desarrollar campañas públicas, sobre todo en el ámbito educativo y cultural, que ayuden a sensibilizar a los ciudadanos sobre la importancia de fomentar y respetar la creación.
  • Velar por la inclusión directa o indirecta de las librerías en las compras estatales, reconociendo en cada caso los alcances y limitaciones de la autorregulación (mercado) y de la corregulación (Estado-industria).
  • Promover un rol protagónico de los bibliotecarios y de los usuarios de las bibliotecas públicas y universitarias en la selección de las compras.

Creo por tanto que ha llegado la hora de que el sector se ponga manos a la obra para apoyar un gran “Pacto de Estado en torno a la lectura y al libro“, ahora que se habla en los medios de “pactos por la educación” no sobra el que también se aborde este otro pacto, es la única manera de paliar el fracaso de la sociedad civil de este país, al que debemos medir por su cultura, sus librerías y sus bibliotecas. Quizá no tenga un retorno económico, pero sí un valor social.

Por todo ello sugiero que, con Ministerio de Cultura o sin él, lo que parece recomendable abordar es una agenda de trabajo que incluya temas como estos:

  • Plan Integral para el Fomento del Libro y de la Lectura.
  • Plan de dotación de adquisiciones para bibliotecas (Estado y Comunidades).
  • Recuperar el nivel de dotaciones recomendado por IFLA y UNESCO.
  • Derivar las adquisiciones a través del tejido librero.
  • Atención especial a las bibliotecas escolares.
  • Unificar la gestión mediante plataformas de cooperación entre las bibliotecas de distinta titularidad que prestan servicio en un mismo municipio.
  • Recuperar el Barómetro de Hábitos de Lectura.
  • Promover una Encuesta Nacional de Lectura siguiendo una metodología estandarizada (CERLALC) y dirigida por especialistas en lectura.
  • Recuperar el Estudio de Opiniones y Actitudes de los Usuarios de Bibliotecas Públicas.
  • Desarrollar una estrategia de fomento de la imagen pública de la biblioteca, la librería, el libro y la lectura.
  • Apoyar el préstamo digital a partir de un acuerdo entre editores, librerías y bibliotecas buscando la sostenibilidad de la biblioteca y de la industria, lo que supone no subestimar los cambios de hábitos de consumo.

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Si como parece confirmarse, en torno a febrero o marzo se va a desarrollar un encuentro intersectorial del mundo del libro, algunos de estos temas no deben faltar en la agenda de trabajo. A mi me parecen importantes, o al menos a considerar.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

2 Comentarios

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