numbers

Como vengo realizando desde 2011, comparto aquí los datos que me llegan del número de descargas, volumen de facturación, y precio medio correspondientes al año 2015, en cuanto a descargas de libros electrónicos que no son de texto. Mis fuentes, muy diversificadas, no pretenden ser fiables, son una aproximación, entre otras cuestiones porque no es posible saber la cifra exacta descargas y facturación del sector, la opacidad de las plataformas (con porcentajes enormes de libros autopublicados) es la que es, suelo contrastar todos los datos con numerosas empresas y editoriales, pero entre las que no dan datos, y las que los dan exagerados y te engañan como un chino (por cierto y como curiosidad, el origen de esta expresión proviene del Perú), la dificultad de conocer estas cifras es manifiestamente imposible. Los datos que sobre este año 2015 deduzco es que ha sido un año de un crecimiento más moderado que en años anteriores, las descargas habrían subido un 29% mientras que la facturación un 15%, las diferencias porcentuales inciden en un hecho importante, el precio medio sigue bajando, obviamente por efecto de la autopublicación.

tabla_descargas

 

descargas_2010_2015 facturacion_2010_2015

Y hay cuatro factores también a tener en cuenta:

  • Un crecimiento del número de dispositivos muy bajo. Los eReaders van abiertamente a la baja en cuanto a ventas, y las tabletas, que hasta el año pasado crecían de manera exponencial, en este 2015 han ralentizado totalmente su crecimiento, además, el desplazamiento de la lectura hacia los smartphones es ya una evidencia indiscutible.
  • El precio medio de los eBooks sigue bajando, lo que significa que aunque aumentan las unidades vendidas (descargas) las ventas lo hacen en una proporción menor. El efecto y presión de los libros autopublicados está siendo muy fuerte en esta bajada y pone en un brete a la industria. El precio medio está ya en 5,24 euros.
  • No despegan los canales secundarios, por ejemplo las bibliotecas. En este punto hay que decir que no por culpa de las redes de bibliotecas, muchas de las cuales quieren comprar, pero entre que no existe una eLibrería con metadatos para que las bibliotecas puedan ver la disponibilidad del libro, y las modalidades de venta (y precios) que las editoriales están planteando, el asunto es que el canal no despega. Desde mi punto de vista los editores están dejando de vender por absoluta miopía. La biblioteca es un aliado, protector de la oferta legal y de la propiedad intelectual, y la consideración de que vender a una biblioteca es perder otras ventas es un error colosal.
  • ​La concentración del negocio digital de descargas se está concentrando todavía más. Amazon sigue creciendo en su cuota de mercado digital, en detrimento de algunos de sus competidores. Tengo ya una estimación acerca de cómo quedarían las cuotas de mercado por empresas pero, por precaución y cautela, prefiero esperar unos meses para seguir contrastando con un número mayor de editores las cifras de venta en cada una de las plataformas.
  • Territorialmente, las ventas en Latinoamérica se acercan ya al 55% de las ventas totales. La horquilla que muestran algunas editoriales, con un cierto nivel de notoriedad y profundidad de catálogo digital en ese continente, se sitúan entre el 40% y el 60%. Son editoriales con distribución de producto en papel desde hace años, y cuyos precios digitales, entre el 50% y el 60% más bajos que el libro impreso, las lleva a ser enormemente competitivas en ese continente, no olvidemos que un libro español importado está entre 20 y 22 dólares, mientras que la edición digital se mueve por debajo de 9,99 dólares.

Termino con un ejercicio curioso. Voy a mezclar dos datos de 2015, descargas y ventas, con la cifra de libros digitales producidos en 2015, y vemos que datos nos muestra:

formula

Curioso ¿no? Si solamente se hubiesen vendido ejemplares producidos en 2015, cada título habría generado unas ventas de 1.728 euros y 311 descargas por título. La reflexión es obvia, editar únicamente en digital es todavía una quimera, a pesar de que el mercado digital emerge y crece, pero con una lentitud exasperante. Y en este punto la industria debe reflexionar sobre qué cosas está haciendo mal, quizá rematadamente mal. Si las barreras que levanta hoy para proteger el negocio en papel no significa que está finiquitando el futuro, y mucho más si se observa el ecosistema de lectura que se vislumbra. El libro digital sigue comercializándose por subvención cruzada a partir del papel. Habrá indudablemente que esperar.

Y lo que aparece como altamente perentorio es modificar el cuestionario que la FGEE envía a las editoriales para determinar la cifra de comercio digital, en ese cuestionario, como es sabido por todos, se incluye dvd, audiolibros, video, cdrom, y streaming de bases de datos de legislación y jurisprudencia. Diseñar un nuevo cuestionario ayudaría mucho a entender la evolución del mercado, pero aun cambiando el cuestionario, siempre quedaría el problema de los autopublicados en plataformas de alta opacidad, pero esto no parece tener fácil solución.

Si hace unos días leía que para 2018 el libro digital superará al papel en Estados Unidos, y aun pensando en que sea una estimación interesada y me ofrezca muchas dudas, lo que me plantea la situación española es si para ver una cuota de mercado del 25% no habrá que esperar veinte años. Y para entonces el negocio se lo habrá quedado Amazon.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

4 Comentarios

  1. […] dónde compra una biblioteca libros digitales y más recientemente, reflexionaba sobre la posible competitividad digital de algunas editoriales españolas en el mercado […]

    Responder

  2. […] Como vengo realizando desde 2011, comparto aquí los datos que me llegan del número de descargas, volumen de facturación, y precio medio correspondientes al año 2015, en cuanto a descargas de libros electrónicos que no son de texto. Mis fuentes, muy diversificadas, no pretenden ser fiables, son una aproximación, entre otras cuestiones porque no es posible saber la cifra exacta descargas y facturación del sector, la opacidad de las plataformas (con porcentajes enormes de libros autopublicados) es la que es, suelo contrastar todos los datos con numerosas empresas y editoriales, pero entre las que no dan datos, y las que los dan exagerados y te engañan como un chino (por cierto y como curiosidad, el origen de esta expresión proviene del Perú), la dificultad de conocer estas cifras es manifiestamente imposible. Los datos que sobre este año 2015 deduzco es que ha sido un año de un crecimiento más moderado que en años anteriores, las descargas habrían subido un 29% mientras que la facturación un 15%, las diferencias porcentuales inciden en un hecho importante, el precio medio sigue bajando, obviamente por efecto de la autopublicación. Leer más de esta entrada […]

    Responder

  3. ¿Por qué razón, cuando se trata de la lectura de textos en pantallas, se sobreentiende que es una obligación, como si editar libros fuese algo que deberían ir abandonando los editores? Descargar texto en aparatos y editar libros son dos asuntos completamente distintos, de la misma manera que a nadie se le había ocurrido llamar libro al ordenador, por mucho que se pueda leer en su pantalla con muchísima más comodidad que en aparatos minúsculos. Incluso desde el punto de vista empresarial son dos actividades diferentes, y casi nadie analiza ni se preocupa de las consecuencias negativas que pueden tener la sustitución del libro por las descargas en pantallas. Y no digamos nada de las implicaciones culturales. ¿Qué intereses económicos subyacen en argumentaciones aparentemente inocuas, presentadas como formando parte de un lógico avance cultural? Los ríos de tinta vertidos en la última década, destinados a crear le necesidad de adquirir todo tipo de cacharrería para «estar al día», ya indican por dónde van los tiros. Ríos de tinta que nunca se han dedicado a desarrollar realmente una mayor formación cultural del común. ¿Qué problema hay en seguir leyendo libros, visitar librerías o bibliotecas, etc.? Si algunos editores se hubiesen dedicado estos últimos años a desmantelar sus pequeñas empresas para servir descargables a los fabricantes de pantallas, el desatre estaba servido, como se ha podido comprobar, sin contar la pérdida de puestos de trabajo.

    Responder

  4. […] Como vengo realizando desde 2011, comparto aquí los datos que me llegan del número de descargas, volumen de facturación, y precio medio correspondientes al año 2015, en cuanto a descargas de libros electrónicos que no son de texto.  […]

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s