feliznavidad

Tras seis años de debacle cultural muy profunda que ha afectado de manera contundente a todos los sectores culturales de este país, el hundimiento del sector del libro es una realidad incuestionable. Es obvio que antes de la crisis el sector ya presentaba síntomas alarmantes de deficiencias estructurales muy serias, que podían concluir en una insostenibilidad e inviabilidad a medio plazo, y la irrupción violenta de la crisis exacerbó los problemas, unas anémicas políticas gremiales en cuanto a analizar y combatir el problema, junto a unas políticas públicas basadas en recortes de renta (el austericidio y los recortes convertidos en ideología) y con una muy baja sensibilidad hacia el sector, nos han llevado hasta donde hoy estamos. Un sector del libro que tiene hoy el tamaño de mediados de la década de los 90. De aquellos barros estos lodos. Y sin embargo, leo en estos últimos días titulares que dicen que «la industria editorial sale del túnel». ¿Es cierto? A mi juicio de ninguna manera.

En este sentido, y tal como comenté con numerosos editores en esta última Fil de Guadalajara, los datos que me llegan de evolución de las ventas en este 2015 a punto de terminar son malos, bastante malos. Si ya era cuestionable el dato que nos ofreció el informe de Comercio Interior referido a 2014, un aumento del 0,6% de ventas sobre el año anterior, digo que era cuestionable por dos razones importantes: por un lado muchos distribuidores sugerían un descenso del 1,5% y por otro, la menguante muestra de empresas que responden el cuestionario, producto también del descenso de las editoriales en agremiación, lleva a pensar en un informe poco preciso de medición del sector, una fotografía cada vez más borrosa y desdibujada de esta industria. Pues bien, se rumorea y se comenta que este año la cifra de aumento de ventas que ofrecerá el informe de Comercio Interior estará en torno al 2%.

Las conversaciones que sostengo de manera continuada con la gente del sector no indican eso para nada. Un vistazo al panel Nielsen tampoco arroja esperanzas tan desmedidas, pero ahora parece que para el establishment resulta conveniente, políticamente hablando, hablar de recuperación, en la línea de la defensa numantina que el gobierno mantiene desde ya cerca de dos años, en el que por decreto cerro la crisis. ¿Tacticismo gremial? En fin, veremos con que datos finalmente nos iluminan. Como ocurre en este país, todos los informes que se publican llevan mucha «cocina», y en este informe no va a la zaga. Por cierto, ¿para cuándo un cambio del look & feel y de actualización de la home de carga de la página web de la FGEE?

Un sabio distribuidor me decía hace algunas semanas lo siguiente: «para remontar hace falta que en un año se viralicen 3 o 4 bestseller que tiren de la venta hacia arriba y lleven gente a las tiendas, y llevamos dos años sin un bestseller que llevarnos a la boca». Con independencia de lo discutible y opinable de este criterio, es evidente que la situación de las editoriales es bastante complicada. La compra de libros se ha venido abajo, la presencia de público en las librerías es bajísima, la compra por impulso se ha esfumado producto de la carencia de rentas, el paro se ha desatado en el sector, la sustitución de empleo fijo por freelances es ya una moda, los almacenes están desbordados de invendidos, el canal de saldo colapsado, la compra de las bibliotecas públicas es un recuerdo de la infancia, etc…

Si echamos un vistazo al Anuario de Estadísticas Culturales 2015, nos muestra que el gasto por español y habitante en libros no de texto sigue en caída libre. Veamos los datos:

Gasto por español

Podemos mirar también el gasto en adquisiciones por parte de las bibliotecas públicas e igualmente vemos que las cifras son un desastre. Veamos el último dato disponible, que es de 2013, pero los datos de 2014 y 2015 son incluso peores, por lo que escucho a numerosos amigos bibliotecarios/as:

Gasto en adquisiciones

Y hay un elemento añadido no menos importante que cuestiona las cifras. ¿Cómo se puedan dar ya cifras de 2015 si las editoriales aún no han cerrado sus ejercicios y todavía no han recibido el cuestionario de datos para rellenar? Para los que no lo sepan, les compartiré que ese cuestionario las editoriales lo reciben en torno a febrero. Luego, ¿de dónde salen esas cifras que hablan de salida del túnel? Fíjense que el titular al que hago referencia dice exactamente lo siguiente: «El sector editorial en España “está saliendo del túnel” en 2015 y, aunque todavía no hay cifras…» Tiendo a pensar que han debido contratar –en diferido- un médium a media jornada experto en bibliomancia, técnica adivinatoria de probada solvencia estadística.

Por cierto, los datos que me transmitieron los grande importadores latinoamericanos en la última Fil son también bastante preocupantes.

Pero lo que me preocupa ahora mismo son los datos que me llegan de las librerías. El tejido librero mengua a una velocidad de vértigo en cuanto a número de puntos de venta. La situación económico-financiera de salubridad de las librerías coloca a muchas de ellas en una situación de quiebra técnica, y por ejemplo, los datos que me pasa el analista y consultor Antonio de Marco sobre el aumento de cuota de las librerías online frente a las físicas me llevan a pensar que el problema se está agudizando por momentos, parece pues imprescindible levantar un plan de defensa de la librería como prioritario a cualquier otra cuestión. La desaparición de librerías «de fondo» es incuestionable, y su sustitución por pequeñas librerías con mix de vinos, cafés, chuches o tartaletas no es la solución a la que debemos aspirar. La edición necesita librerías de fondo. Hay que repensar la librería y construir un plan de choque. El gremio de libreros debe abordar el problema y buscar en los poderes públicos la complicidad necesaria para abordar la cuestión. Hace tiempo que vengo sugiriendo a Cegal que siente en una mesa a varios especialistas y desarrollen el plan, con ese plan bajo el brazo hay que buscar influenciadores y medios audiovisuales e impresos que den cobertura al plan, si se mediatiza el tema y se conforma una opinión pública, los poderes públicos se tornarán más sensibles al tema. Lo que resulta evidente es que con un nivel de producción tan alto, la visibilidad de muchos libros es cada día menor, y la imposibilidad de competir vía servicio (si la distribución no se concentra se impide competir a las librerías físicas en tiempos de entrega rápidos), pone al tejido librero es una situación ciertamente delicada. Lo que es evidente es cada día que pasa quedan menos librerías en este país. Me permito desde aquí sugerir a Cegal la recuperación urgente del informe de ratios económico-financieros que hasta 2010 elaboraban. Debe ser el punto de partida para constatar la salud del tejido que todavía resiste. Analizar los ratios de ingresos, gastos, liquidez, activos, endeudamiento, margen bruto y rentabilidad resulta crítico para elaborar un plan de rescate de la librería. De no mediar una acción rápida en este terreno estamos abocados a una situación «dolorosamente insubsanable».

Termino, se cierra 2015 con muy malos presagios, al menos yo no alcanzo a ver «alamedas de esperanza» ni brotes verdes, salvo en el brócoli de mi querida suegra. Por cierto, mi guija esta fuera de cobertura y sin batería, la resetearé ya en 2016.

Colofón: Con mis mejores deseos para que esta Navidad esté llena de paz y amor y que 2016 os traiga salud y buena ventura, y si fuese posible, trabajo.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

5 Comentarios

  1. Ángel Lacort 15/01/2016 en 18:19

    «Tirar de 3 0 4 best-seller» fue el espejismo al que aspiraban todos los oportunistas del libro antes del saqueo programado general y del cuasimonopolio del sector, importándole muy poco la salud de otros sectores del mismo «cuerpo». En lugar de avanzar socialmente hacia una sociedad lectora, basada en educación+bibliotecas+librerías+… (y esto sí es responsabilidad del Gobierno), se desarrolló una política del pelotazo, en la que los supuestos y falsos aumentos de los índices de lectura se han basado en fabricar mediocres productos de fácil venta teledirigida, en la que han terminado colaborando múltiples bibliotecas con clubs de lectura alimentados de los mismos y repetidos «productos» fabricados por quienes controlan el libro, y buena parte de los medios que lo publicitan. Y ante esta situación, los grandes del sector solamente claman contra la «piratería», buscando chivos expiatorios que distraigan las causas de un desplome originado por su Sistema. El retroceso a las cifras de los noventa no sería ningún problema si contásemos con las posibilidades que entonces eran posibles para darle al libro y a la cultura el papel de países vecinos más desarrollados, pero estos veinte años de retraso no han pasado en balde, y las soluciones solamente pueden vislumbrarse con un cambio radical de las causas que conscientemente nos han traído hasta aquí.
    Salud.

    Responder

  2. Leoncio y tristón 05/01/2016 en 13:44

    Hombre Manuel, este análisis parece propio de Leoncio y Tristón.
    Los que amamos los libros y de alguna forma vivimos o lo pretendemos de esta industria, debemos apretar los machos, trabajar e innovar para mejorar. Lamentarse y cargar tintas contra la administración está bien como pataleta pero no parece muy productivo. Ánimo y a comernos 2016.

    Responder

  3. […] Tras seis años de debacle cultural muy profunda que ha afectado de manera contundente a todos los sectores culturales de este país, el hundimiento del sector del libro es una realidad incuestionable. Es obvio que antes de la crisis el sector ya presentaba síntomas alarmantes de deficiencias estructurales muy serias, que podían concluir en una…  […]

    Responder

  4. Amigo entiendo tu posición pero la realidad se impone…hoy en día puedes conseguir libros a precio de saldo en cualquier lugar ( y me refiero a 0,50 o 1 euro)…tiendas de viejo..mercadillos,traperos…si no tienes la necesidad de la inmediatez y del boato puedes leer prácticamente cualquier cosa y ¿qué decir de las bibliotecas públicas? ¿te parece una buena razón para no gastar 20 euros aunque el libro esté bien encuadernado tenga una tipografía espectacular y un diseño guay?

    Responder

  5. Manuel, el panorama que plasmas en este post es realmente preocupante. Creo que también debería poderse hacer algo desde la industria, desde los editores, desde el sector no gibernental, pues seguir apalancados al sueño efímero de las ayudas desde los gobiernos ya no puede puede ser el único camino. Entonces, ¿puede hacerse algo?

    Un abrazo y véamos con qué nos llega y qué podemos hacer por nuestra propia cuenta en 2016.

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s