Fuente: Mariana Eguaras

Fuente: Mariana Eguaras

Hace algunos meses recibí un correo del editor jefe de la que es, sin ninguna duda, una de las más importantes revistas académicas sobre la edición mundial, en el me solicitaban un artículo sobre la situación de la edición española en estos años de crisis y recortes. De entrada me vine arriba y me dio el subidón. La revista tiene, que yo sepa, algunas décadas de existencia, y la publica una editorial multinacional. La revista, al ser evidentemente académica, es indexada por todos los grandes index de referencia académico universitarios., desde el British Humanities Index al Current Abstracts pasando por el LISA (Library & Information Science Abstracts), y muchos otros, contabilicé hasta unas 22 fuentes que referenciaban la revista.

Puesto en comunicación con el editor para asegurarle mi colaboración, le pregunté dos cuestiones: la primera, si el articulo lo podía escribir en español (mi inglés para escritura académica tiene el nivel de camarero de pizzería de Benidorm, con todos mis respetos para esa noble y digna profesión), y que lo tradujesen al inglés en la editorial de la revista, y la segunda, a cuánto ascendía el pago. Hay que tener en cuenta que me solicitaban un artículo de unas 4000 palabras, es decir, unos 12 o 14 folios, además, no tenía ninguna vinculación personal con ellos. La respuesta del editor fue muy rápida. Debía escribirlo en inglés (si mi nivel no alcanzaba debía buscarme la vida y pedir en España que me lo tradujesen) y, lo más importante, no iba a cobrar nada de nada por la colaboración. Me señalo el honor y el privilegio de aparecer en esa revista, a lo que le repliqué que de momento no soy capaz de alimentarme ni pagar facturas con hojas impresas, y que del ego académico no vivo.

Ni que decir tiene que me cogí un rebote de narices. Podía aceptar que se pagase poco, pero nada era ya una afrenta y un insulto a la inteligencia. Además, insisto en ello, se trataba de una mega empresa editorial multinacional. No solo no pagaban sino que si lo escribía en español tenía que pedir un favor a alguna amiga traductora (a la que en buena lógica, si no me cobraba, por amistad, al menos debía invitarla a comer, pues eso ya es lo mínimo en mi código de conducta). Como llego un punto en que mi mosqueo era brutal me puse a mirar el precio de suscripción de la revista, pues bien, precios de milla de oro o angulas de Aguinaga en Navidad. Les cuento:

  • Suscripción Institucional digital: 276 euros.
  • Suscripción Institucional papel: 304 euros.
  • Suscripción Institucional digital más papel: 331 euros.
  • Suscripción Individual digital más papel: 101 euros.

trabajar-gratis-no

Hago al año numerosos artículos gratuitos para pequeñas revistas del sector, gacetas universitarias, boletines, etc… intervengo en mesas y saraos diversos sin pedir nada, como así pueden atestiguar muchísimas personas, no tengo problema en hacerlo, muy al contrario, estas colaboraciones me han hecho ganar numerosos amigos en instituciones de muchos países del mundo, y me han facilitado ser invitado como ponente a casi todas las ferias internacionales del libro, pero una colaboración con una multinacional de precios “Prada” y miles de suscripciones, sin cobrar nada, excede y sobrepasa mi generosidad habitual y talante colaborativo. No es de recibo. No es lo mismo ayudar a una pequeña revista que lucha por sobrevivir y que busca complicidades con amigos, que colaborar con una mega editorial internacional por la cara.

Las imágenes que adornan este post las he tomado de los blogs de dos buenos amigos; David Soler y Mariana Eguaras, que han escrito varias veces sobre el tema de trabajar sin cobrar.

Y otro tema importante. Hace un tiempo un buen amigo me sugirió la idea de integrarme en una agencia de speakers y/o conferenciantes, algunas de estas agencias pertenecen directa o indirectamente a editoriales. Como resulta que conozco a un antiguo profesor que funciona con este tipo de agencias le doy un telefonazo y me dice lo siguiente:

  • Cuando la charla, clase, ponencia o intervención te la programa la agencia el margen de comisión está entre el 25% y el 35%.
  • Si la intervención se la busca el autor, la agencia percibe el 10%.

Muy probablemente a partir de ahora me integre en una de estas agencias, pero siempre intervendré gratuitamente cuando se trate de pequeños proyectos y/o iniciativas de bajo o mínimo lucro. Muchas complicidades están por encima del dinero.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

10 Comentarios

  1. Un saludo, escribo desde Valladolid, Yucatán, México. Soy académico en una Universidad pública, he publicado artículos y capítulos de libro por invitación de instituciones académicas y culturales, así como he propuesto artículos a revistas especializadas para su publicación, en ningún caso recibí remuneración.
    Para quienes trabajamos en Universidades públicas es una constante no recibir pago por colaboraciones en revistas académicas, así mismo las revistas no cobran un peso al autor para publicar sus trabajos como si sucede en algunos otros países. En México las principales revistas para investigadores son auspiciadas por Universidades públicas que procurar hacer que los textos circulen de forma abierta en sus páginas de internet, aparte es la impresión en papel.
    Aquí no consideramos que trabajemos gratis para las editoriales Universitarias, es más una parte de nuestros deberes como investigadores. Claro que esto es en nuestro contexto.
    El pago por artículos de revista solo se acostumbra aquí en las de corte literario y de divulgación, como Letras Libres o Nexos, siempre a solicitud de los editores de las publicaciones.

    Responder

  2. Don Manuel, cuanta razón. Opino lo mismo que David Soler o Mariana Eguaras. Todo es bonito y maravilloso hasta que llega el día 1 y hay que pagar. Yo decidí hace mucho que sería yo, y solo yo, el que decidiría en que participar de forma altruista, y que jamás lo haría con alguien que gane dinero con mi trabajo.

    Responder

  3. Desde el nacimiento de la primera revista científica moderna (los “Proceedings of the Royal Society”, en el siglo XVII) la publicación de artículos de investigación en ese tipo de revistas ha sido sin remuneración para el autor. Einstein no cobró un duro por publicar en “Annalen der Physik” sus extraordinarios trabajos de 1905, ni por ningún otro artículo en una publicación de ese tipo, y lo mismo todos los demás científicos, importantes o insignificantes, en los últimos tres siglos. Se cobran derechos de autor por los libros y a veces por artículos en revistas que no son de investigación, pero por los artículos de investigación, nunca. Y los científicos lo hacen porque el premio para ellos es publicar, es decir, que su trabajo alcance la posibilidad de llegar al conocimiento de sus colegas. Tampoco cobran un euro por hacer de referees para revisar los artículos que se intentanpublicar. Las mejores revistas en cuanto a impacto pueden permitirse cobrar precios elevados por suscripción, e incluso cobrar una tarifa de revisión a los autores o a sus instituciones, pero la comunidad científica lo admite tácitamente cuando sigue considerando esa revista como importante, a pesar de su precio.
    Pretender que los criterios económicos de otros mercados editoriales tengan que aplicarse a las publicaciones científicas me parece que es, sencillamente, la reacción del forastero que no entiende las costumbres del país al que acaba de llegar.
    Un saludo

    Responder

  4. A ti no te compensa el prestigio o el efecto notoriedad. A otros colaboradores sí. Lo que ofreces tú lo pueden ofrecer muchos más a bajo o ningún precio, luego no tienen motivo para pagarte; al menos los que te lo ofrecen lo consideran así.Y esto es lo que cuenta: lo que considere el potencial pagador, no tú.

    La editorial es tan libre para ofrecerte una colaboración como tú de rechazarla. Así es la vida en el mundo económico libre.
    Realmente sigo sin comprender esta reacción de doncella mancillada, tan infantil como común en el mundo académico. Me recuerdas a la reacción de algunas mujeres guapas cuando un hombre feo, viejo o de poco estatus inicia un acercamiento. Bastaría con declinar amablemente el ofrecimiento, pero no, tú y la mujer guapa os sentís indignados y lo proclamáis a los cuatro vientos.

    Luego, para no parecer materialista y simular que eres un poco más espiritual o altruista, dices que colaboras con iniciativas de “mínimo o bajo lucro”. Parece que el lucro de alguien es tu problema, que alguien se beneficie y que tú no obtengas lo que crees que vales. Si con tu trabajo nadie gana dinero, entonces está bien y colaboras (al menos dice eso) sin problemas.

    De la misma manera que tú no eres generoso con tu tiempo y dinero, las editoriales, que son empresas, tampoco lo son contigo.

    Solo te pagarán si:
    A) produces algo que tenga más valor que lo te ofrecen a cambio
    B) no hay otro colaborador que produzca lo mismo a un precio más bajo (o ninguno) o se conforme con la notoriedad o la visibilidad.

    ¿Tan difícil es comprenderlo y aceptarlo como un hecho de la vida económica?
    No hay que ser un genio, creo yo. Además, te ahorrarías mucho berrinche.

    Responder

    1. Homo Minimus
      Te voy a dar la razón en dos cosas: técnicamente lo que cuentas es cierto y no nos deberían sorprender estas cosas y, por lo tanto, tampoco deberíamos darle tanto valor como para “llorar” en un post. Yo también escribí una cosa similar hará unos 4 o 5 años porque está situación no es nuevo, obvio.

      Tal y como lo explicas está perfecto. Ley de oferta y la demanda. Si no lo haces tu, ya encontraré quien lo haga. Y seguro que pasa. Lo que ya no estoy tan seguro es del resultado. Y de lo que estoy 100% seguro es que el que acepta ahora llega un día que deja de hacerlo (es cíclico, nos ha pasado a todos).

      El problema de esto que tu explicas tan bien, y que repito que técnicamente está perfecto, es el efecto pernicioso de entrar en ese juego. Si yo soy “generoso”, como tu dices, con todo el mundo te aseguro que ni facturo nada a final de mes ni dejo de recibir peticiones así porque se reciben, y muchas. Un día tienes que decir basta y poner un criterio. El de Manuel es ese y el mío también va unido a lo que gana el que me ofrece la colaboración.

      Igual soy muy naif, es posible, pero creo que hay que encontrar un punto intermedio y ser justo con el trabajo ajeno. Es similar, aunque no lo mismo, que ocurre con los músicos o cualquiera que ve “pirateado” su trabajo solo porque hay unos cuantos miles que opinan que por aquello no merece la pena pagar pero sí disfrutar. No esto de acuerdo que el mundo libre económico sea así… son unas cuentas empresas y muchas personas así. Llega un día que, como te decía, pones límite y decides que haces gratis y que no y reconoces a todos esos que te vienen a pedir consejo profesional “porque a ti no te cuesta nada dármelo”.

      Y sí creo que Manuel tiene derecho a “patalear” como lo hemos tenido muchos, y hemos ejercido, ante el mismo tema. No sirve de nada, lo sé pero te quedas un poco más descansado. No hay que aceptarlo sin más, aunque sea algo que se repite una y otra vez.

      Yo todos los meses organizo unas conferencias de dos horas y aunque no ganamos nada con ellas, son un servicio de la escuela con la que colaboro, pagamos a los ponentes. Quizás sea poco, pero creo que su trabajo y tiempo lo merecen en las circunstancias y dedicación que exigimos en esas conferencias.

      ¡Saludos!

      Responder

  5. Es una de las cosas que uno no entiende en la edición de revistas científicas: Todo el trabajo está hecho por los investigadores, que además pagan las suscripciones personalmente o a través de sus instituciones, y además tiene que pagar por publicar. Así que no me extraña que el tipo de la revista indexada te lo pidiera gratis: está acostumbrado a que le paguen por publicarlo…

    Responder

  6. Gracias por la mención, Manuel. Más de acuerdo contigo no puedo estar… Una cosa es colaborar, con quien quieres y porque quieres —porque te da la gana por el motivo que sea— y otra muy distinta trabajar gratis para que otro se lucre con tu trabajo.
    Como dice David, a cambio de un servicio ofrecen “prestigio y difusión”, “visibilidad y contactos”, como si con estas cosas uno pudiera pagar viajes, casa, ropa y un largo, etc. A veces incluso es peor: no solo no te pagan por tu trabajo sino que pretenden que te pagues el viaje y el hotel. Vamos, que por narices hay muchas y muy grandes.

    Responder

  7. Te doy toda la razón, amigo Manuel. Yo también hago cosas gratis y aplico un criterio parecido al tuyo pero creo que hay empresas/negocios que ya han alcanzado un nivel suficientemente potente como para pagar a sus colaboradores. A mi no me sirve el típico “te vamos a dar prestigio y difusión”. Digo que no a muchas cosas. Que me paguen. Luego ya veremos el valor que es otra historia. ¡Buen artículo!

    Responder

  8. Como pequeña editorial y que siempre te leemos, ojalá algún día podamos invitarte a un café y poder ser de uno de esos pequeños amigos editores🙂

    Responder

  9. […] By the face | Antinomias Libro. […]

    Responder

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s