Leo con estupor e incredulidad en el diario El País del día 20 de junio una noticia que me deja estupefacto. El titular dice: «Los editores amenazan con denunciar a quien frene la ley educativa».

Una lectura detallada del artículo muestra como los editores de ANELE han invertido 200 millones de euros – no tengo elementos de juicio cómo para pensar que no sea cierto- en la adaptación curricular de los libros de texto a las nuevas exigencias de la LOMCE. Para los lectores que no lo recuerden, la LOMCE es una ley que nació muerta y hoy en estado de «rigor mortis», que en buena lógica no se pondrá en marcha o lo hará en una proporción mínima. La LOMCE nació, no ya sin consenso, sino evidenciando la soledad con la que el Gobierno enfrentó la reforma educativa de mayor peso ideológico de sus tres años de gestión, no olvidemos que fue aprobada por la mayoría parlamentaria del PP y con los votos en contra de todo el resto de grupos de la oposición, que reiteraron su compromiso de derogarla en cuanto el PP perdiese su mayoría absoluta.

Pensar que la LOMCE será derogada no es una alucinación, pero de cara al proceso electoral próximo surge otro problema. Las elecciones del 24-M han puesto contra las cuerdas una Ley que nació muerta. La LOMCE debería comenzar a aplicarse en septiembre, con el gobierno en plena vorágine de precampaña electoral, en paralelo las comunidades autónomas que han cambiado de signo político a buen seguro paralizarán la implantación, o al menos la paralizarán hasta ver cómo termina el proceso electoral. Una reforma educativa de este calado ideológico y a mi juicio retrógrada, es obvio que tenía fecha de caducidad. Vamos a un inicio de curso escolar altamente conflictivo, con una oposición brutal de enseñantes, alumnos y padres. Y para deducir esto no hace falta ser un genio.

El hecho de que los editores se hayan lanzado a producir los nuevos libros pensando en que aquí no ocurre nada muestra la carencia de visión de este colectivo editorial. ¿O estaban ellos detrás de este cambio legislativo? Como en toda actividad empresarial se corre un riesgo, y en este caso así es. Es altamente probable que palmen dinero. Así es la mecánica del capital. Si como el artículo plantea, están pensando en amenazar y denunciar a las Comunidades Autónomas, elegidas por los ciudadanos democráticamente, se van a estrellar, y colateralmente perjudicarán a toda la edición, hoy con una imagen pública al menos opinable, ofreciendo una imagen del editor penosa, y lo que es más importante, acelerando el proceso de finiquito del libro de texto tal y como los hemos conocido hasta ahora. Este colectivo editorial, en vez de deslizarse por una pendiente altamente peligrosa, debería comenzar a pensar que están en un negocio en reconversión, y que las cifras de antaño no volverán. Apostar a la LOMCE a todas luces será un mal negocio. Que los editores quieran denunciar a los gobiernos, elegidos democráticamente, por tomar una decisión que les perjudica parece cuando menos preocupante.

¿Pero no se enteraron de que en julio de 2013, todos los partidos de la oposición (excepto UPyD y Foro de Asturias, creo recordar), firmaron un compromiso de derogación de la LOMCE cuando el partido del Gobierno central perdiera la mayoría absoluta? Pues si se enteraron no se acuerdan.

Hay que recordar que en el colectivo de editores del texto hay empresas privadas y muchas de ellas ligadas a congregaciones religiosas. Y los intereses empresariales de estas empresas no están por encima del bien público.

En esta línea puede verse como la CEAPA (Confederación española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos), entidad muy alejada de bolivarianismos bolcheviques, advierte con razón del problema de manera frontal y precisa:

Los cambios en las configuraciones de los gobiernos autonómicos y municipales surgidos tras las elecciones municipales y autonómicas celebradas el pasado 24 de mayo han generado una expectativa social sobre las medidas que pueden adoptarse para frenar la implantación de la LOMCE en base a las competencias que en materia educativa tienen las Comunidades Autónomas.

Para CEAPA es inaceptable que algunos editores den instrucciones a las comunidades autónomas sobre sus competencias en educación llegando a recordarles que “lo único que compete” a las comunidades es desarrollar y completar la normativa básica estatal de obligado cumplimiento y aplicación “dentro de la regulación y límites establecidos por el Gobierno”. Resulta inadmisible una injerencia de este calibre por parte de un sector que únicamente persigue intereses económicos lo que demuestra que son los únicos que salen beneficiados por la imposición de la LOMCE.

La amenaza hecha pública por estos editores que pretenden denunciar a aquéllas administraciones que limiten sus expectativas de negocio evidencia el despropósito derivado del cambio de libros que se vive curso tras curso en nuestro sistema educativo descatalogando materiales perfectamente válidos mediante el cambio de temas a páginas distintas, lo que acarrea el cambio del ISBN y su teórica imposibilidad legal de reutilización en cursos posteriores.

Llama la atención que los editores pretendan utilizar a la Alta Inspección Educativa para la defienda sus intereses, cuando este órgano debe velar por la gratuidad de la enseñanza.

Soy de la opinión de que los libros de texto, tal y como los conocemos hasta ahora, deben comenzar a desaparecer de manera paulatina. Y ojo con el entramado que se quiere poner en marcha en digital. Es un negocio de clientes cautivos, con técnicas comerciales cuando menos discutibles, que no puede ser defendido en los tiempos de Internet. Un modelo económico que obliga a las familias a unos desembolsos enormes en momentos de muchísimas dificultades económicas, y unas metodologías más que obsoletas, esto me lleva a pensar en la necesidad de modelos alternativos y claramente disruptivos. Convertir el regreso a las aulas con una cuesta de septiembre para miles y miles de familias, en aras de defender un entramado económico-industrial que no parece entender que el modelo está agotado, por cierto, modelo herencia de tiempos pretéritos.

Son muchos los expertos, como Joaquín Rodríguez, que advierten que el modelo de edición del texto está en plena defunción:

La red hace posible, por si fuera poco, que miles de profesores construyan sus propios libros de texto, generando repositorios de contenidos y de objetos digitales bajo licencias permisivas que admiten su difusión, uso y transformación sin límites.

Otro analista, Enrique Dans, también analizaba el problema hace unos meses de manera concluyente:

En el escenario tecnológico en que vivimos, educar a los niños haciéndoles creer que el conocimiento que necesitan está empaquetado y contenido en un libro es sencillamente irresponsable. Lo que tendrían que estar aprendiendo nuestros hijos es que el conocimiento está en la red, y dedicar los esfuerzos de los profesores del resto de las asignaturas a enseñarles a moverse en esa red, a localizar ese conocimiento, a filtrarlo con los criterios adecuados, a validarlo, a utilizarlo, a construir sobre él, a comentarlo y a compartirlo.

En el fondo, no estamos haciendo más que sostener el negocio de una serie de editoriales que, con técnicas puramente mafiosas, consigue que los colegios obliguen a los padres a adquirir unos libros de texto y a cambiarlos obligatoriamente cada año con el pretexto de leves actualizaciones. El libro de texto y la metodología asociada al mismo, en nuestros días, no solo es que no sea adecuada, es que es directamente perjudicial, y el que siga ahí no debe mantenerse en función de romanticismos varios o de modelos de negocio insostenibles. Dediquemos los esfuerzos necesarios a la alfabetización digital y metodológica de los profesores, y hagamos que nuestros hijos aprendan a utilizar el recurso educativo más potente que tienen a su alcance, junto con los métodos que necesitarán para sacarle partido.

Termino con dos reflexiones.

La primera, unas líneas más arriba advertía de la sustitución del modelo tradicional del texto por el digital. Me refiero al engranaje denominado Punto Neutro. Un hipermercado del texto digital montado con dinero público. ¿Cuánto ha costado este hiper digital? Véase el post de Jordí Martí para hacerse una idea del asunto, y del que reproduzco un párrafo:

Una mochila digital que incluye todos los libros, puede salir por unos sesenta euros. Unos sesenta euros que permiten el préstamo (no hay compra, hay préstamo anual del material que, en caso de repetición de curso debe volver a adquirirse) de los libros digitales durante un año. Un coste al que, por cierto, se debe añadir el dispositivo para acceder a los mismos en el centro escolar (netbook o tableta). Con lo cual, el coste inicial de un niño que empiece con esto de los libros digitales será cerca de cuatrocientos euros. Bonito negocio para los padres. Doblar la cantidad de dinero que están pagando por los libros en papel para adquirir un material educativo que, al finalizar el año, deja de ser suyo.

Y pienso yo, ¿se cumple de verdad el artículo de la Constitución de 1978 que determina que la Enseñanza básica será necesariamente obligatoria y gratuita?.

La segunda. El Sr. Wert, mamporrero de la reforma, se ha quitado de en medio por motivos amorosos. No verá pues el quilombo de septiembre. En un acto, a mi juicio irresponsable, se quiere marchar a Francia con su chica, a dos meses de comenzar la implantación de su ley. Hace bueno el dicho de la película Casablanca: siempre nos quedará Paris. Sr. Wert, con todos mis respetos, le recuerdo una frase de mi madre: tanta paz lleves como descanso dejas.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

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