irrealidad_virtual

El ínclito y dilecto secretario de la FGEE, don Antonio María Ávila (en adelante AMA), gran amante de la ciencia ficción, publica en el número 26 de Texturas un artículo impagable. Si ya en 2011, en plena crisis brutal del libro, nos ilustró con un artículo en la revista Temas para el Debate, nº 201-202, titulado, «El libro, un pasado magnífico, un futuro esplendoroso», ahora nos vuelve a analizar el sector por medio de un artículo titulado «El sector del libro en España, su realidad y propuesta de futuro»; l texto, del que recomiendo su lectura, está a caballo entre un subgénero de la ciencia ficción y un mapeo de irrealidad virtual.

Bien, comienza analizando las cifras del sector, y por arte de birlibirloque el sector mueve 6.000 millones de euros y emplea a 110.000 personas. ¿Comor…? Para llegar a esta pirueta intelectual lo que hace es meter en el mismo saco a sectores e industrias adyacentes. Por ejemplo, autores, editores, distribuidores, libreros, gráficos, bibliotecarios, agentes literarios, mercado de bibliofilia y libros antiguos y de ocasión, etcétera. Si le añade la industria de los camiones de reparto nos salimos de la estratosfera.

En relación al empleo, si miramos la cifra que ofrece el informe de Comercio Interior 2013 para las empresas editoriales nos sitúa en 12.241 empleados directos. Esta cifra, hoy cuestionada abiertamente por numerosos analistas del sector, pues de todos es conocido como la desaparición masiva de empleo fijo, sustituido por freelances (emprendedores a la fuerza y falsos autónomos) con salarios de indigencia y dedicación exclusiva, mueve a reflexión acerca de la conformación de estabilidad y dignidad en el empleo de este sector.

Para continuar con su análisis y demostrar que en España no hay concentración usa el concepto del índice Herfindhal, se trata de un índice propuesto por Hirschman como medición alternativa al índice de Gini para tratar de medir la concentración espacial de las actividades económicas, y que posteriormente Herfindhal reformulo para aplicarlo a los sectores industriales. El índice es efectivamente muy usado tanto por instituciones como por gobiernos para medir la concentración en los sectores. El índice mide el nivel de concentración en cualquier industria, y para su cálculo requiere conocer dos elementos: el número de empresas intervinientes y su cuota de mercado. Su cálculo, a partir del sumatorio de los cuadrados del market share de cada una de las empresas, o al menos de las 50 más grandes (lo ideal es calcular sobre todas) muestra por inferencia el grado de control del mercado. Los valores de medición normalmente van del 0 al 1, donde 0 indica que no hay concentración y 1 que se estaría ante un monopolio. Según AMA, el índice de la industria editorial de España se situaría en 0,35, y señala que el valor mínimo es de 0,33, muy alejado de 1 que es el valor máximo del monopolio. Su conclusión es meridiana, en España no existe prácticamente concentración. Salvo que lo que pretenda es pontificar a partir de sus conocimientos adquiridos a raiz de su dos carreras, como así gusta resaltar en todos los eventos a los que asiste, tengo serias dudas de que conozca con detalle y precisión las cuotas de mercado de cada una de las empresas editoriales, para llegar al valor del índice al que llega. Sin pretender polemizar con él sobre el índice, que por cierto estudié hace 20 años, y que al ver la referencia he tenido que rescatar los apuntes sobre el tema que me dieron en el IE cuando hacia el Master, es evidente para mí que la concentración en España comienza a ser muy alta y con tendencia a aumentar.

Como a AMA no hay tema que se le resista, en mitad del artículo se atreve a opinar y corregir a la academia sueca de concesión de los Premios Nobel, y desliza que «hay concesiones de muy dudosa calidad literaria». Desconozco si también es Doctor por Harvard en Literatura Indoeuropea y Master Literatura Comparada por Uppsala. No sé si pretende dejar sin trabajo don Manuel Rodriguez Rivero, pero entra a valorar como crítico literario. Una boutade que no tiene precio.

El articulo continua con un recordatorio de los 335 millones de descargas ilegales (de momento no llama a la Guardia Civil) y los 907 millones de euros de pérdidas que se generan, obviamente los datos los extrae del informe de la Coalición de Creadores, informe de dudosísima veracidad y credibilidad, y cuestionado abiertamente por cualquier analista del sector medianamente serio. No niego que exista piratería, el problema para acercarnos a esa realidad es quién mide, cómo, por qué y para qué.

Para los que en alguna ocasión han señalado que Texturas tenía un enfoque demasiado crítico, pero reconocen su apertura a la reflexión y a distintas sensibilidades, este artículo viene a certificar la apertura permanente de la revista a los contrastes de opiniones, y su defensa intransigente de la libertad de opiniones y visiones.

No sigo, considero que el artículo es de obligada lectura, pese a que discrepe frontalmente de su visión, pues niego la mayor y la menor de sus postulados. A mi juicio el texto tiene algo de provocación, lo que lo convierte en útil para el debate, entiendo que es una opinión personal y no la visión general de la FGEE, y lo analizo a partir de la coletilla ya famosa en el sector de «son las cosas de Antonio». Desde luego, ante una descripción como esta de mundos paralelos y realidad virtual aumentada, si lo pudiese leer Asimov se le caerían las lágrimas de envidia.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

3 Comentarios

  1. […] Una colaboración de Antonimias Libros […]

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  2. Tienes razón, Manuel. Leí el artículo a mi regreso de Madrid y, efectivamente, Texturas debería iniciar una nueva sección en la revista: “Ciencia ficción editorial”, para dar cabida a este tipo de artículos.
    Debo confesar que hasta me he reído con las menciones a los “artefactos”, los culpables de que la edición digital no prospere porque numerosos lectores no lo usan. ¡Hala!, que ahora ya sabemos a quién responsabilidad por el desarrollo digital en España: a los lectores no saben usar “esos artefactos”…
    El título del artículo es por demás de ambicioso para no decir nada; vamos, que el artículo completo es de traca.

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