Factor

Hace unos días estuvo en Madrid un viejo amigo alemán, librero y editor, al que conocí hace más de 30 años cuando vino a España con una beca de la Bertelsmann para aprender español y ver el funcionamiento de las librerías españolas. Este amigo lleva muchos años trabajando en la Buchmesse (Feria del Libro de Frankfurt), y es una rata de biblioteca, en cuanto a que se lee los informes del sector del libro de cualquier parte del mundo, da igual que le preguntes por Ecuador que por Eslovaquia, siempre ha leído algo sobre el sector del libro de cualquier país. Es por ello que es uno de los profesionales del sector más enterado del mundo, al menos de los que yo conozco. Como siempre viene con muy poco tiempo y tiene que ver a mucha gente, el rato que me dedica es siempre muy limitado, aunque también es cierto que jamás ha dejado de verme en todas sus visitas a España. Pues bien, quedé a cenar con él, tempranito, pues es alemán. La conversación, más que interesante, y antes de despedirnos le hice una pregunta: ¿Cómo están los precios de los ebooks en Alemania?

Respuesta de mi colega: Cayendo en picado. La autopublicación (la cifra total de ebooks disponibles en Alemania anda ya por los 250.000), está hundiendo los precios, y esto constituye ya un fenómeno estructural. El precio medio en 2010 era de 10,71 y en 2014 está ya en 6,90. Pero me señaló una cuestión: de los 10 libros más vendidos en Amazon, 6 tienen un precio inferior a 4 euros. Sin embargo, Tolino, un dispositivo lanzado por una alianza de Thalia, Hugendubel y Weltbild, ha llegado a reducir la cuota de Amazon en digital del 48% al 39%, pese a esto Amazon controla más del 75% del mercado de ecommerce (papel + digital) en Alemania.

Pregunta: ¿hasta dónde pueden caer?

Respuesta: Por debajo de los tres euros, y añadió: mírate la teoría económica de la abundancia y relacionala con el economía el tiempo.

Haciéndole caso me puse a repasar algunos manuales sobre el tema.

Es obvio que el precio hunde sus raíces en la teoría de la escasez. Si los recursos y bienes son escasos tienen valor de intercambio, es decir, el mercado puede poner un precio. Es evidente que la reproducción y la distribución digital tiene un coste marginal que es casi cero, pero no así la producción del bien o producto, que necesita de una inversión previa y unos costes fijos determinados, y en algunos casos muy altos, pero en un escenario donde no existen las barreras de entrada y las herramientas de autopublicación se han popularizado hasta el extremo de que el primer editor de este país por el número de ISBNs es Bubok, es obvio, que esta modalidad de edición tiene efectos inmediatos sobre la industria, en la medida en que miles de autores cuelgan sus libros en plataformas digitales a precios muy bajos, y que el tiempo disponible de cada usuario es finito, el efecto influencia sobre los precios de una industria tradicional muestra una correlación directa, a mayor cantidad de libros autopublicados mayores ajustes de ventas en la industria tradicional y tendencia de los precios a la baja. Es por ello que considero que la industria de la autopublicación pone a la industria tradicional del libro contra las cuerdas, y lo que hoy es un amago de precios bajos, con el tsunami de contenido que se vislumbra, forzará a unos precios bajísimos y una reordenación de la propia industria editorial tal y como hoy la conocemos. Además, entre el producto autopublicado y la hiperfragmentacion del mercado, conllevan a su vez que en un futuro muy cercano será imposible editar determinados títulos, es decir, libros que tengan un coste fijo alto inicial (por ejemplo una traducción de un clásico japonés) no se podrán editar debido a la estrechez del mercado y a los precios de referencia (muy bajos) a los que inevitablemente se está llevando al usuario.

Un fenómeno empírico que observo es la minoración en la cantidad de libros en papel que yo leo y compro en la actualidad. Ni la cuarta parte de lo que compraba y leía. ¿El motivo? El consumo, cada vez mayor de estancia ante la pantalla, me lleva a convertir el tiempo en bien no ya escaso, sino inexistente. Años atrás yo podía leer (comprados) más de 6 u 8 libros al mes, muchas veces no siempre completos, en la actualidad esa cifra hay que distribuirla en unos 3 meses. El efecto de todo esto es una minoración radical de la compra de libros, en mi caso en papel, y un descenso enorme de mis visitas a las librerías, apunto libros que me pueden interesar pero selecciono rigurosamente los que voy a comprar, adquirirlos y no leerlos carece de sentido, el incremento de títulos disponibles y a mi alcance, incrementan también el tiempo necesario para consumirlos. La paradoja de todo esto es que nunca he leído tanto como ahora, sin embargo mi compra de libros ha disminuido radicalmente, los hábitos de consumo y compra de lectura han cambiado quizá para siempre.

Otro fenómeno que observo es sobre el lugar de compra. Hasta ahora siempre había comprado en librerías físicas, pero desde hace ya un par de años, compro en librerías online, si tengo poco tiempo para leer a lo que no estoy dispuesto a peregrinar por librerías buscando un libro que se editó hace un par de años, entras en una librería online y así no pierdes tiempo. Este cambio de patrones de comportamiento constituyen otro elemento de reflexión para el futuro de la industria editorial. Hace unos días leía un soberbio post de Joaquin Rodriguez en el que a propósito de las bibliotecas reflexionaba en términos muy parecidos y señalaba:

La aparición de Internet ha tenido como consecuencia no solamente la transformación de los soportes y las maneras en que consumimos y compartimos la información, sino que ha traído consigo la posibilidad de que cualquiera pueda generar contenidos. Internet -hay que repetirlo una vez más- democratiza la posibilidad de que cualquiera comparta una porción significativa del conocimiento que posee, de ahí que uno se pasme ante la cantidad ingente de contenidos que cada minuto se suben a YouTube, Wikipedia, WordPress o cualquiera de las plataformas que facilitan ese intercambio. La explosión de los medios digitales como forma predilecta de producción, circulación y uso del conocimiento hace que los libros tradicionales ya no ocupen, forzosamente, el centro del ecosistema informacional.

En resumen, pienso que son muy numerosos los patrones y hábitos que están cambiando y que prefiguran una industria del libro con otras características y lo que es más importante, con otra dimensión estructural.

Termino con un aforismo, posiblemente muy discutible: A más pantalla menos libros, sobre todo en papel.

Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

5 Comentarios

  1. “Es por ello que considero que la industria de la autopublicación pone a la industria tradicional del libro contra las cuerdas” Sr. Gil, no sabría qué decirle. Una observación rápida del mercado podría validar esta tesis, pero ¿es el producto autopublicado el mismo que el tradicional? ¿se consume igual? ¿aporta lo mismo? ¿tienen ambos el mismo público objetivo? Si mañana los discos de Heavy Metal se empiezan a vender a 1/3 de su precio, es dudoso que esto afecte a las ventas de discos de música clásica. Ahora bien, si las nuevas generaciones sólo se interesan por el Rock (o el Jazz, da igual) mientras que los aficionados a la clásica se hacen mayores y van desapareciendo… no sé si me explico.

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  2. Reblogueó esto en aversalita's Blogy comentado:
    La triste tendecia

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  3. Una reflexión muy interesante. Lo bueno del ebook es que genera economías de escala. Cuantas más copias vendidas, más se reduce el coste unitario. Por eso, el ejemplo que has puesto de Alemania respecto al precio del ebook es muy significativo.
    Habría que enseñarle tu post al Sr. Lara, porque creo que está un poco perdido. Lo digo por su letanía obsesiva cada vez que da una rueda de prensa acusando a la piratería de todos sus males.
    Precisamente hoy he visto que la versión para Kindle del Premio Planeta de este año se vende a 10 euros. Creo que es una cantidad desorbitada, que no está justificada para un producto digital al que no se le imputan costes como los de distribución o impresión,… Y respecto a los costes de marketing, corrígeme si me equivoco, pero con las ventas de las primeras ediciones en papel se cubren más que de sobra (algo que el Premio Planeta casi siempre hace aprovechando el tirón de las Navidades).
    En mi opinión, el problema de la piratería lo generan las propias grandes editoriales. No creo yo que haya mucha gente dispuesta a piratear un ebook a 3 euros. Otra cosa es a 10 euros…

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    1. Muy acertada la entrada, Manuel, enhorabuena.
      Únicamente un “pero”: me gustaría conocer cuántos de esos libros del Top 10 son autopublicados y a qué precios.

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  4. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Hace unos días estuvo en Madrid un viejo amigo alemán, librero y editor, al que conocí hace más de 30 años cuando vino a España con una beca de la Bertelsmann para aprender español y ver el funcionamiento de las librerías esp..…

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