Somos_Cultura

Desde hace un tiempo a esta parte es frecuente leer en foros, eventos y blogs sobre el tema del nuevo rol del editor, tanto en papel como digital. El tema es que escucho muchas cosas acerca de la selección del contenido, de la conformación de un catálogo coherente y riguroso, de la calidad en la producción, de la potencialidad de la comercialización, del manejo de un marketing incisivo y de impacto en redes sociales, en realidad nada nuevo que no supiésemos ya. Y efectivamente hay pequeños matices en cuanto al nuevo rol digital del editor. Pero poca cosa. No es para escribir un tratado.

Pero hay un tema sobre el que no escucho hablar. ¿No existe una responsabilidad cultural, política e ideológica de la edición? ¿O es lo mismo editar libros que fabricar galletas? ¿O el mantra de industria mata y sepulta los valores tangibles e intangibles del editor cultural? Soy de los que piensan que en este punto la edición ha retrocedido alarmantemente. ¿Cómo explicar que en el marco de una crisis estructural de las proporciones en que estamos no se hayan significado los editores en una toma de posición sobre numerosos temas político-culturales? ¿Le es indiferente al mundo editorial la debacle de ciertos servicios públicos, como por ejemplo la situación de abandono de las bibliotecas, la educación o la sanidad? ¿O el IVA cultural desproporcionado y suicida a otras industrias culturales conexas? ¿La desaparición de las revistas culturales de las bibliotecas públicas? Por no hablar de los riesgos de exclusión, desahucios, el paro de los jóvenes, etc. Todos ellos temas altamente políticos, pero también culturales y de conformación democrática.

Para los que conocimos la edición en los años 70 y 80, era frecuente ver los nombres de editores en apoyo de manifiestos y declaraciones de tipo político y cultural en aquella época. En estos años se ha avanzado hacia una edición altamente funcionarial que suele comulgar con ruedas de molino, absolutamente ajena a problemáticas sociales cruciales para un país. El compromiso y la toma de partido han desaparecido por estos lares. Si alguien se interesa por el tema puede ver en hemerotecas como los editores de aquellos años (muchos de ellos hoy convertidos en paradigmas de la edición cultural de calidad) se comprometían políticamente en numerosas causas sociales. Había un compromiso político, cultural e ideológico con su tiempo y con su generación, y también en la conformación de sus propios catálogos. Se editaba para incidir en la sociedad, tanto cultural como políticamente.

Es evidente que las asociaciones se mueven bajo los estrechos márgenes de nadar y guardar la ropa, esperando dádivas generosas por parte de los poderes públicos a la hora de recibir alguna subvención y/o canon, es decir, recaudar. Siguiendo el principio de «el miedo guarda la viña». En estos cinco o seis años de crisis he observado como empresas de todo tipo y asociaciones y colectivos profesionales hacían campañas sociales para generar bancos de alimentos, apoyo a iniciativas ciudadanas de todo tipo y naturaleza, pero no observo compromisos de la edición. Es quizá esto lo que explica que cuando se pone en marcha la Plataforma en Defensa de la Cultura, con 43 asociaciones (ahora serán muchas más), las únicas que se echan en falta son las de editores. ¿Casual? Es obvio que hay editores a título individual, pero no como colectivos. No tengo problema en rectificar este comentario si en el último momento se han adherido. Pero permítanme que lo dude.

Cuando hace unos días escuché a Manuel Ortuño decir «El derecho de autor es la última frontera del debate ideológico en este país», no sólo apunté la frase sino que me llevó a reflexionar sobre su sentido. Llevaba razón y ponía el dedo en la llaga. Creo que el derecho de autor ha abierto un cierto debate sobre un conjunto de áreas ciertamente interesantes: privacidad, límites o no de la copia privada, derechos en Internet, los enlaces como paradigma de la libertad creativa, renuncia individual a derechos en beneficio de un procomún, posicionamientos ideológicos, desplazamiento hacia entidades privadas la recaudación de derechos, etc. En cualquiera de los casos lo que para mí es evidente es que en estos debates político-ideológicos la edición se ha automarginado, con una neutralidad aséptica más que preocupante. Cuando la gente del cine se significa en defensa de problemáticas concretas no dejo de sentir admiración, la edición hoy es una edición «prudente y bien domada». Y de esto tiene en gran medida la culpa su propia organización vertebral. Organizaciones verticalizadas, opacas y monocordes en su discurso, en las que la legitimidad se sustenta en el número de pequeños editores con que se cuenta, así parece mostrarlo. La legitimidad de una organización profesional no se sustenta en las veinte grandes empresas del sector, sino en las ochocientas pequeñas editoriales que están agremiadas. ¿Y estas no tienen opiniones? ¿No hay ninguna discrepancia?

En este país existe desde hace varios años una confrontación ideológica muy seria, cuando hoy se cuestiona la calidad democrática en este país, es obvio que también el asociacionismo vertical y aclamatorio debería ser cuestionado por la edición crítica, estamos ante una asepsia política y cultural de la edición que me preocupa. Cuando todo es unanimidad y discursos marmóreos hay que ponerse en lo peor.

En este sentido creo llegado el momento de pedir que de cara a los derechos individuales de autor sea el estado el que recaude y distribuya, vía declaración de la renta. ¿Por qué hay que tener chiringuitos privados en los que a modo de sindicato vertical se defiende por igual a la empresa y al trabajador? Soy de los que piensan que la privatización se ha convertido en ideología, y como autor reclamo el que sea el estado el que proteja mis intereses, no empresas privadas. Desde hace tiempo he comenzado a tener unas dudas muy serias sobre este tema. Insisto, como autor, que mis derechos los proteja el estado, es decir, que recaude y liquide, directamente al autor, sin intermediarios de dudoso valor añadido. Hasta aquí debe llegar también la desintermediación.

Termino con una cita de un texto ya clásico de un gran editor (Siegfried Unseld, El autor y su editor, Taurus, pág. 17):

El editor fomenta textos que fortalecen esos derechos, que apoyan al individuo en su preocupación por el prójimo y que discuten formas y teorías nuevas y diferentes sobre nuestra sociedad y economía. Sin embargo, el editor encabeza un negocio que en el terreno económico se rige por la ley de los beneficios. Así, pues, publica libros que defienden al hombre que se libera permanentemente de opresiones, y al mismo tiempo, como dirigente, debe imponer en su propia empresa la ley del rendimiento y la disciplina del trabajo.

El tema verdaderamente importante es que la cultura de este país está ante una debacle absoluta, sin precedentes en nuestra corta historia democrática, entre la concepción telúrica del PP de suprimir y privatizar servicios públicos (la cultura está garantizada por el artículo 44 de la Constitución) y la concepción clientelar del PSOE, la defensa de la cultura queda en manos de la ciudadanía. La defensa intransigente de la cultura es hoy la última frontera de la resistencia. No olvidemos, un país se mide por su cultura.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

9 Comentarios

  1. Interesante reflexión sobre el papel del editor. Gracias

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  2. Manuel, tal vez la cosa debería empezar por nosotros mismos. Te pongo un ejemplo. La semana pasada ha muerto una persona cuyo papel en el mundo editorial no es para nada desdeñable. En Plaza y Janés montó una colección de poesía a precios populares donde estaban desde Safo a Vázquez Montalbán. En Bruguera publicó desde Per Petterson a Nadine Gordimer. Esa persona sacó además un ensayo, “manifiesto personal”, donde reflejaba todo aquello que aquí discutes sin teorías ni edulcoramientos y afirmaba: “Mi intención, al emprender la escritura de este libro hace aproximadamente un año, no fue elaborar un estudio ensayístico sino intentar captar, simplemente, cómo vive la gente de hoy en nuestro país, qué problemas les quitan el sueño o qué ilusiones les impelen a seguir bregando con un día a día cada vez más dificultoso y en muchísimos casos, demasiados, dramático”.
    Tal vez porque era del Barça -El New York Times la eligió para un equipo ideal de escritores junto con Nabokov, Pamuk o Camus- se les ha pasado por alto a algunos.
    Dices que la gente del cine sale en defensa de esto y lo otro y nosotros no somos siquiera capaces de recordar a uno de los nuestros.
    Así nos va y tal vez podamos aprender algo de la experiencia.
    Por cierto, se llamaba Ana María Moix.
    Ha muerto a los 66 años.

    http://goal.blogs.nytimes.com/2009/03/07/ultimate-xi-writers-can-play-too/
    http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/ana-maria-moix/856/libro/manifiesto-personal_2012.html

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  3. Isabel Rodríguez [Casariego] 06/03/2014 en 18:50

    ¡Bravo Manuel!
    ¿Qué compromiso van a asumir las Asociaciones de Editores si están dominadas por los grandes grupos? Es necesaria una Asociación de Editores Independientes. ¡Lo hemos dicho tantas veces! Pero ahora urge más que nunca. Yo asistiré el domingo a título individual e iré a visitar a los libreros y a los bibliotecarios que sí están en la Plataforma. A ver si aprendemos.

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  4. […] Desde hace un tiempo a esta parte es frecuente leer en foros, eventos y blogs sobre el tema del nuevo rol del editor, tanto en papel como digital. El tema es que escucho muchas cosas acerca de la selección del contenido, de la conformación de un catálogo coherente y riguroso, de la calidad en la producción, de la potencialidad de la comercialización, del manejo de un marketing incisivo y de impacto en redes sociales, en realidad nada nuevo que no supiésemos ya. Y efectivamente hay pequeños matices en cuanto al nuevo rol digital del editor. Pero poca cosa. No es para escribir un tratado. Pero hay un tema sobre el que no escucho hablar. ¿No existe una responsabilidad cultural, política e ideológica de la edición? ¿O es lo mismo editar libros que fabricar galletas? ¿O el mantra de industria mata y sepulta los valores tangibles e intangibles del editor cultural? Soy de los que piensan que en este punto la edición ha retrocedido alarmantemente. ¿Cómo explicar que en el marco de una crisis estructural de las proporciones en que estamos no se hayan significado los editores en una toma de posición sobre numerosos temas político-culturales? ¿Le es indiferente al mundo editorial la debacle de ciertos servicios públicos, como por ejemplo la situación de abandono de las bibliotecas, la educación o la sanidad? ¿O el IVA cultural desproporcionado y suicida a otras industrias culturales conexas? ¿La desaparición de las revistas culturales de las bibliotecas públicas? Por no hablar de los riesgos de exclusión, desahucios, el paro de los jóvenes, etc. Todos ellos temas altamente políticos, pero también culturales y de conformación democrática.  […]

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  5. No faltan editores militantes aunque no son mayoría, eso no. Pero por otro lado tampoco es militante nuestra sociedad y los editores son hoy reflejo y no faro es eso hay que dar toda la razón a tus palabras. Es más en ocasiones los editores se autocensuran ante el pavor de perder unos pocos lectores, como si perderlos fuese en fondo menos importante que perderse y de paso perder los motivos por los que inicio a editar. En esa trampa creo que nadie, una u otra vez, ha dejado de caer.

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  6. Excelente artículo. Lúcido y honesto. Un aplauso.

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  7. […] Silencio, se edita […]

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  8. Manuel, felicidades por tu texto; valiente y a pecho descubierto….gracias por continuar aportando tus reflexiones…

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  9. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Desde hace un tiempo a esta parte es frecuente leer en foros, eventos y blogs sobre el tema del nuevo rol del editor, tanto en papel como digital. El tema es que escucho muchas cosas acerca de la selección del contenido, de l..…

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