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En estas últimas semanas, y con motivo de mi nuevo desempeño profesional, estoy todos los días visitando editoriales, de todo tipo de tamaño y especialización, aunque como no podía ser de otro modo, en general son editoriales pequeñas en tamaño pero enormemente valiosas en su dimensión cultual. El motivo de mi vivista es proponerles incluir sus contenidos, ya sean en PDF o en ePub (no olvidemos que son legión los pequeños editores que todavía tienen muy poco contenido en ePub, esencialmente porque supone una relativa inversión y los tiempos no están para dispendios) en OdiloTID para comenzar a comercializar en el canal bibliotecas. Pues bien, casi de manera unánime todos los editores quieren comenzar a comercializar sus contenidos en bibliotecas, pero todos me señalan un problema ciertamente importante: Tiempo. Veamos.

Un pequeño editor que produce entre 10 y 20 libro al año, por poner un ejemplo, puede trabajar directamente en digital con Google, Bookwire, Amazon, Casa del Libro, Fnac, etc… puede incluso que esté en Libranda, aunque por lo que he podido comprobar los pequeños editores hace tiempo que desistieron de esta plataforma, por motivos diversos. Esta dispersión, lógica por otro lado, le obliga a subir tablas de metadatos y el contenido a sus backoffice, no olvidemos que casi ninguna plataforma descarga de Dilve el digital. Cualquier editor con un mínimo de visión tiene muy diversifica la presencia de su marca, tendiendo a estar allí donde al menos esta el tráfico, las ventas son otra cosa, pero se encuentra con un problema de rendimientos decrecientes en el sentido de que carece de tiempo y recursos como para ocuparse de estar todos los meses subiendo a diferentes plataformas sus nuevos contenidos. Hasta aquí solo comento la subida de contenidos, el querer hacer campañas de marketing con cada una de las librerías exige incluso mucho más tiempo.

Pues bien, hace unos meses una buena amiga, Isabel Rodriguez, editora de Casariego, se embarcó en un proyecto que con solo mirar el concepto parecía sumamente útil e interesante, se trataba del concepto de «lanzadera digital», la idea era que cualquier editor independiente se olvidará de subir el personalmente nada a ninguna parte. Si el editor estaba en Dilve la lanzadera bajaba las novedades y a través de un interface de enlace colocaba el contenido en todas las librerías digitales con las que el editor trabajase, todo ello mediante un proceso técnico y tecnológico automatizado. Si el editor no estaba en Dilve, rellenaba una única plantilla y la «lanzadera» ya se encargaba de monitorizar el contenido y los metadatos, siguiendo las especificaciones de cada librería, y subirlo automáticamente.

La idea me pareció de lo mejor que había escuchado en mucho tiempo, un servicio esencial para un target de pequeños editores que no tienen tiempo para efectuar este tipo de trabajo. La idea era claramente «vendible» sin problema. La necesidad existía y el proyecto resolvía un grave problema para multitud de editores. Desconozco el estado actual en que está el proyecto y si es de próximo lanzamiento, pero lo que si tengo claro es que si son capaces de integrar, incluso como socios del proyecto, a varia decenas de editores, la viabilidad del servicio está asegurada, es una idea y un concepto del que cualquier editor solo obtendrá ventajas de tiempo y de dinero, de manera que podrán seguir concentrados en el verdadero core business de su negocio, la búsqueda de materia prima para editar. Y otra idea es la de acompañar el servicio de lanzadera con otros servicios más relacionados con el marketing de contenidos, off y online, aunque el producto sólo sea digital. Hay que comenzar a valorar que si ahora el editor llega directamente a 5 0 6 librerías online, e indirectamente, o por canal largo, a otras varias decenas, esta dispersión se acrecentará. No olvidemos que muchos editores deberán pensar ya mismo en llegar directamente al menos a una librería online de cada país de Iberoamérica. En este punto las lanzaderas pueden encontrar un filón comercial importante.

Tal y como evoluciona el negocio digital parece razonable pensar que numerosas plataformas de agregación (no me refiero a librerías ojo) tendrán inevitablemente que desaparecer, no hay espacio para todas, el contenido comienza a estar redundante en numerosos sitios, todos ellos enfocados a los mismos canales de venta, y la cesión de contenido entre agregadoras pienso que acabará con problemas de cesión de derechos de comercialización hacia terceros, mientras que empresas de servicios de alto valor añadido para editores pueden tener un espacio importante en la cadena de valor digital, como por ejemplo las lanzaderas. Llama poderosamente la atención, desde un análisis riguroso de la cadena de valor digital, la multitud de empresas que atacan el eslabón «agregación», dejando libre otros eslabones de igual o mayor proceso de creación de valor. Es obvio que avanzamos a «redes de valor», en un sentido más circular y multidireccional de los flujos de información e interacción entre áreas, que no eslabones, en detrimento de un concepto lineal como era la cadena de valor.

Por cierto, cuanto más tiempo apatrullo las calles más me convenzo de que la desintermediación tiene mucho de mito intelectual y de argumento de impacto mediático en charlas y coloquios, avanzamos abiertamente a una «reintermediación» muy compleja y sobre la que habrá que reflexionar con tranquilidad.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

3 Comentarios

  1. Hola María… esa lanzadera (no con ese nombre, pero sí con esas características) ya existe. El software de gestión editorial también existe. Incluso el software de gestión de contenidos. Y se consigue precisamente lo que dices, ahorro de tiempo y de recursos. El problema es que las editoriales ven gastos donde debieran ver inversiones. Nos quejamos de que nos piratean los contenidos pero nosotros pirateamos software o simplemente, vemos la compra de un software como un gasto, y no como una inversión.

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  2. Hola Manuel,

    Estupendo artículo y sin duda un problema para las editoriales pequeñas y medianas. Es complicado gestionar el trabajo que conlleva la distribución digital (si se quiere hacer bien) y muchas veces no queda más remedio que -aunque a regañadientes- firmar con Libranda o un distribuidor digital.

    Una lanzadera es sin duda una solución técnica muy interesante y que debería ir acompañada de un sistema de gestión integral de la editorial. Es decir, si ya tienes un software para gestionar toda la información sobre los libros, proveedores, etc., lo ideal sería que luego desde ahí también se mandaran los archivos a la lanzadera digital y ésa a las plataformas.

    Eso ahorraría un coste de horas importante que se pueden dedicar a algo esencial: hacer visibles esos libros digitales y promover su venta.

    Un abrazo,
    Maria

    Responder

  3. […] Manuel Gil en su Antinomias libro a propósito de la falta de tiempo de los pequeños editores, que se las ven y se las desean para […]

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