desconocer

Hace unos días apareció en el diario online eldiario.es un interesante artículo de la periodista Paula Corroto sobre el tema de las subvenciones. En ese artículo recoge muy bien unas declaraciones mías que le realicé telefónicamente.

En esas declaraciones realicé un par de afirmaciones que requieren una explicación más amplia, por ejemplo:

  • Un libro que se edita subvencionado con dinero público, al salir al mercado amortizado y comenzar a generar beneficios casi desde el primer ejemplar que se vende, debería tener un precio «regulado» de cara al consumidor final; es decir, ser un libro low cost. No es lógico que un libro salga al mercado con un precio de 20 euros cuando carece de coste directo para el editor. Se pierde así el criterio de «utilidad pública» de la subvención. No olvidemos que el sector del libro es de los pocos (junto con la luz) ámbitos del consumo en el que los precios no han bajado, todo lo contrario, el precio medio ha subido un 14,6%, de los 12,6 euros a los 14,5 euros.
  • Otra afirmación que creo necesario explicar es la siguiente: al introducir en las subvenciones un criterio de «utilidad pública» sería razonable que ese libro subvencionado pasara a estar disponible en digital de manera gratuita en un plazo de tiempo muy corto, por ejemplo dos años, o bien a dominio público. Un criterio como este conllevaría automáticamente que el volumen de proyectos a subvencionar se redujera drásticamente, al menos yo lo veo así. No olvidemos que según el Informe de la IPA España produce 1.692 títulos por cada millón de habitantes, un 35%% más que Alemania y un 22% más que Francia. Sólo nos supera el Reino Unido con 2.459 títulos por cada millón de habitantes. El corolario de esto es un exceso descomunal de oferta que el mercado no puede absorber..

Con todo esto me surge una reflexión que quiero compartir: ¿No habría que comenzar a subvencionar la demanda en vez de la producción?

Vayamos por partes. ¿Por qué las subvenciones a la cultura tienen tan mala prensa cuando España subvenciona casi todo, desde la industria aeroespacial, el automóvil o la política agrícola? Las subvenciones a la cultura son autentica calderilla cuando se analiza en profundidad la política de subvenciones del país. Soy de los que piensan que el mecenazgo, que puede ser útil para determinadas manifestaciones culturales (las que mueven enormes audiencias y ruido mediático) no valen en general para la industria del libro. Es por ello que observo imprescindible que el sector presionase de manera conjunta a las administraciones para desarrollar un plan de incentivos a la demanda que reflotase el sector. Algunas ideas a estudiar:

  • Un plan de dotación de bibliotecas públicas nacional. Las bibliotecas deberían comprar los títulos que necesitasen a librerías de su zona. Este requisito parece imprescindible.
  • Una desgravación fiscal a la compra de libros para el consumidor final (texto y no texto, papel y digital). Pensemos en una horquilla de deducibles de entre el 15% y el 40% en función de la renta de cada familia. A menor renta mayor desgravación.
  • Lanzamiento de un bono cultura (para todas las industrias culturales, estas industrias se apoyan entre sí de manera cruzada) en cada comunidad autónoma dos veces al año para dinamizar el consumo.
  • Y una idea muy heterodoxa: en España existe una asignación en el IRPF para apoyar las organizaciones sociales o la iglesia, ¿Por qué no incluir una casilla cultural?

Ante una situación del sector que califico de «alarmante», parece imprescindible pensar en un plan de choque, por lo que me atrevo a sugerir la necesidad de una comisión integrada por libreros y editores (y quizá bibliotecarios) que estudiasen en un corto espacio de tiempo un plan «renove» para el sector. Insisto en una cuestión: dinamizar el consumo de libros se debe realizar desde incentivos a la demanda, no a la producción. Por cierto, admito todo tipo de sugerencias en el plan de incentivos a la demanda.

Introduzco para terminar una idea que leí este verano en un libro sobre el sector del libro en los años 60: ¿no habría que declarar la industria del libro de interés prioritario (o nacional)? ¿No es este sector uno de los pilares paradigmáticos de la Marca España? ¿Es esto incompatible con las políticas neoliberales actuales? Estoy convencido de que no se debe contraponer subvención a mecenazgo, ambas formas son compatibles en cuanto a financiación de la cultura, y creo que es imprescindible educar a las jóvenes generaciones en la valoración de la cultura. Y sin que sea incompatible abrir fiscalmente la cultura a la iniciativa privada con la responsabilidad de los estados, éstos deben tener presente que las industrias culturales de hoy son un patrimonio a futuro. Reitero una idea, un país se mide por su cultura y por sus librerías.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

13 Comentarios

  1. […] Un libro que se edita subvencionado con dinero público, al salir al mercado amortizado y comenzar a generar beneficios casi desde el primer ejemplar que se vende, debería tener un precio «regulado» de cara al consumidor final; es decir, ser un libro low cost. No es lógico que un libro salga al mercado con un precio de 20 euros cuando carece de coste directo para el editor. Se pierde así el criterio de «utilidad pública» de la subvención. No olvidemos que el sector del libro es de los pocos (junto con la luz) ámbitos del consumo en el que los precios no han bajado, todo lo contrario, el precio medio ha subido un 14,6%, de los 12,6 euros a los 14,5 euros.  […]

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  2. Desde mi punto de vista, el problema no es tanto las subvenciones al sector cultural, sino el espíritu de las subvenciones. Excepto en algunos casos, y aún con limitaciones, me parece simplemente una forma de repartir dinero público a intereses privados (personales o empresariales) sin contrapartida de ningún tipo.
    Para la empresas privadas, debe ser el mercado (sí, sé que en España el mercado es un demonio de siete cabezas que quiere vernos destruidos a todos) el que decida si el producto que ofrece es interesante, y si vale lo que se pide por él. De otra manera, se está cometiendo una injusticia. Ofrecer incentivos a determinadas empresas o sectores y no a todas, supone una injusticia para el resto.
    Más de lo mismo si hablamos de subvencionar el consumo. Tomando el caso concreto que nos ocupa, no entiendo porque yo, por leer mucho, debo ser subvencionado mientras que amigos míos que no leen nunca pero van dos horas todos los días al gimnasio, no tienen derecho a ninguna ayuda del Estado. ¿No deberían recibir también ellos una subvención?
    Aún así, tampoco me parece correcto. Hablamos, en los dos casos, de actividades que se pueden realizar usando recursos públicos (una biblioteca en el caso de la lectura, un polideportivo quien quiere ir al gimnasio). Si uno quiere gastarse más dinero en ellas, está en su perfecto derecho, pero no debería recibir subvenciones del Estado para satisfacerlas.
    En definitiva, menos pedir ayuda a los demás y más estrujarnos la cabeza para solucionar nuestros problemas.

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  3. Las subvenciones a la cultura en España no creo que tengan mala prensa “per se”. Lo que subleva al personal es la percepción de que se subvenciona a Fulánez o a Mengánez (que luego su libro/película/fantochada de turno encima es infumable) en lugar de al sector en un sentido más amplio.

    Por otro lado, lo de subvencionar la demanda no lo veo. ¿Qué hacemos, un plan PIVE para el libro? Desgravar me parece un lío porque requiere repensar las estructuras administrativas de la AEAT y complica la confección de la declaración de la renta al ciudadano estandar, que en general no se entera. Lo más simple para estimular la demanda es reducir impuestos: tipos al 0% en papel y al 2% para el eBook… ah! no, que la Comisión Uropea entonces nos lleva a juicio.

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    1. No acabo de entender por qué el libro tiene que tener un trato impositivo distinto a otros bienes culturales

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      1. Yo tampoco.

        El papel: libros, periódicos y revistas lo ha tenido siempre, pues históricamente se tributaba al 4% mientras el resto de bienes lo hacía al 8%, pero esto seguro que ya lo sabías. La única razón que veo para ello es que exista una cierta voluntad política de que así sean las cosas. En todo caso mi planteamiento era que, si de estimular la demanda se trata, es mejor reducir la presión fiscal en lugar de entrar en una política de subvenciones.

        ¿Qué hacen Gobiernos y Administraciones de un tiempo a esta parte? ¿Reducen la presión fiscal? No, la aumentan; luego cabe deducir que lo de “estimular la demanda” no entra en su plan estratégico. Y por eso opino que crear más burocracia sólo servirá para crear más burocracia.

        Saludos,

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  4. Creo que el planteamiento, estando básicamente de acuerdo, debería ser más amplio. He participado en experiencias de subvencionar la demanda (bono cultura en Euskadi) y creo que merecen la pena, pero hay que intentar ir hacia proyectos más sostenibles en el tiempo (¿clubs culturales?) y en el sorpaso de la oferta a la demanda quizás haya que plantear la incentivación de la demanda, y el crédito blando a la producción.

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  5. […] Hace unos días apareció en el diario online eldiario.es un interesante artículo de la periodista Paula Corroto sobre el tema de las subvenciones. En ese artículo recoge muy bien unas declaraciones …  […]

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  6. Totalmente de acuerdo, aunque yo sí apostaría por la subvención a la producción, justamente en los términos de utilidad y acceso públicos correspondientes. Si el trabajo del editor ya está pagado, con que el PVP incluya los derechos de autor y los costes de producción residuales ya me vale. Y de eso a gratis hay muy poquito.

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  7. Somos una pequeña editorial infantil, Manuel, y apoyamos las propuestas.
    El asunto de la dotación de bibliotecas públicas Y ESCOLARES (sugerimos con mayúscula) es incuestionable. Sobre las subvenciones a la producción, en las últimas a las que concurrimos en 2011 las cantidades no daban ni para las chuches de la presentación… así que sí, estimúlese la demanda, lo prefiero.
    Por cierto, ¿deberían las editoriales beneficiadas por estas medidas tener su producción claramente ubicada en España?¿O valen los libros producidos en los países asiáticos? Porque menuda Marca España…

    Lo que no puede ser es que sigamos así, y que pese a tener dos premios nacionales a la edición, los pocos libros que editamos no lleguen adonde deberían llegar.

    ¿Tanta búsqueda de la excelencia solo para morir siendo bellos?

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  8. Carmen Pardo 05/12/2013 en 9:24

    Excelente reflexión, que me suscita solo una duda; dices “al introducir en las subvenciones un criterio de «utilidad pública» sería razonable que ese libro subvencionado pasara a estar disponible en digital de manera gratuita en un plazo de tiempo muy corto, por ejemplo dos años, o bien a dominio público.” ¿En qué lugar deja esto al autor? Es cierto que la edición subvencionada sale al mercado amortizada, pero ¿cómo se gestionaría la parte del autor cuando el precio está reducido?

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    1. Si un libro se va a editar subvencionado con dinero público y se le va a poner por ejemplo un precio un 50% más bajo, el porcentaje de derechos de autor puede elevarse del 10% habitual al 35%. Es una idea.

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  9. Información Bitacoras.com

    Valora en Bitacoras.com: Hace unos días apareció en el diario online eldiario.es un interesante artículo de la periodista Paula Corroto sobre el tema de las subvenciones. En ese artículo recoge muy bien unas declaraciones mías que le realicé telefóni..…

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