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Hace unos días apareció en diferentes medios una noticia a la que considero no se le ha dado la suficiente importancia. Se trata del encuentro bilateral de Francia y Alemania del 9 de septiembre en Berlín entre los responsables de la industria del libro a nivel de institucional, con el apoyo de la ministra francesa de Cultura, Aurelie Filippetti, y Bernd Neumann, ministro alemán de Cultura y Medios de Comunicación. La idea era definir una política conjunta de ambos países en la UE de cara a proteger el libro. Se titulaba: El futuro del libro, el futuro de Europa. Por una política cultural europea en torno al libro. El objetivo: «sensibilizar a la sociedad civil y los responsables políticos, a nivel nacional y europeo, sobre los desafíos para una política cultural y editorial bibliodiversa», dijeron los organizadores.

Por supuesto, el libro digital estuvo muy presente en los debates. También estuvieron en el centro de los debates la escritura, la edición, las librerías y la lectura en el entorno digital. Francia y Alemania están decididos a entablar un diálogo constructivo entre los países de la Unión Europea, con la esperanza de desarrollar los enfoques comunes de políticas culturales para apoyar a la industria del libro, y también en el ámbito de la digitalización. La declaración conjunta de intenciones fue adoptada y firmada por las asociaciones profesionales más importantes de ambos países, el Börsenverein des Deutschen Buchhandels, la Deutscher Kulturrat (Consejo Alemán de Cultura), el Syndicat National de l’Edition y el Syndicat de la Librairie Française.

El mayor desafío para el mercado europeo está ahora a afirmarse frente a las compañías globales de Internet como Amazon y Google, y de esta manera garantizar la diversidad y calidad del mercado europeo del libro digital. Muchas empresas europeas, incluidas muchas pequeñas y medianas empresas, invierten en calidad y diversidad de los contenidos, y representan un mercado de 40 millones de euros, proporcionando empleo a más de 200.000 personas.

Estas compañías globales, opacas y de aspiración monopolística usan el libro como un reclamo estratégico alejado de todo valor cultural. El predominio indiscutible que las empresas no europeas tienen determina un gran impacto en nuestros ecosistemas del libro”, señalan los firmantes. Garantes vez la diversidad editorial, así como la escritura creativa, los editores y los libreros son conscientes de su misión cultural, la transmisión y promoción de la lectura. “Nuestras empresas son el crisol de valores críticos para la empresa. Es por eso que necesitamos una igualdad de condiciones y un marco jurídico que garantice la diversidad cultural en Europa.

Se discutieron cuatro puntos clave sobre lo que se entiende como líneas de actuación en torno a una política europea del libro:

  • El precio fijo, en vigor en 11 países de la Unión Europea, como una herramienta para el desarrollo de la edición creativa y difusión, se debe recomendar a todos los países europeos.
  • La Directiva Europea del IVA sin embargo debe adaptarse con el fin de permitir a los Estados miembros a aplicar un tipo reducido de impuesto a los libros digitales.
  • Las distorsiones de la competencia, especialmente a través de beneficios fiscales unilaterales, dependiendo de la ubicación de la sede de las empresas multinacionales, deben ser eliminados.
  • Derecho de Autor es el corazón de la legislación europea sobre la propiedad intelectual. El demandante sólo decide si se publicará su obra. Este principio no debe ser debilitado por los libros digitales.

Demandan así a los gobiernos de sus países, Francia y Alemania, desarrollar, sobre la base de los puntos clave que se mencionan y en consulta con todas las partes interesadas europeas, una estrategia para el desarrollo de la cultura europea del libro, que tiene sus raíces en el programa de trabajo de la Unión Europea.

Por otro lado también me llama poderosamente la atención una campaña que se ha puesto en marcha en Inglaterra, y que se quiere exportar a otros países europeos de apoyo al libro y a las librerías, denominada Books are My Bag (Libros en mi bolsa).

Elaborada por M & C Saatchi, la campaña ha sido financiada por 1.800 minoristas y las editoriales Random House, Hachette, Penguin, HarperCollins, Simon & Schuster, Macmillan, Bloomsbury, Alianza de Editores Independientes, Waterstone, Wh Smith, Eason.

Numerosas celebridades se fotografían con la «Bolsa» en librerías, la idea es incentivar la demanda de libros en librerías y animar a que otros hagan lo mismo.

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Esta campaña tiene su origen en una campaña iniciada por los IndieBound (libreros independientes americanos), denominada «COMPRA LOCAL». Su director ejecutivo, Oren Teicher, afirma que «están experimentando una modesta recuperación las librerías independientes de los EE. UU. La iniciativa de “compra local”, movimiento que está creciendo en los Estados Unidos, está consiguiendo que la gente se vuelva más consciente acerca de la compra de libros, alimentos, ropa, etc… Se trata de un simple hecho de que hoy en día hay millones de consumidores que están tomando la decisión de comprar en un negocio independiente de propiedad local, simplemente porque es un negocio independiente de propiedad local», agregó. Un dato curioso que aporta es el de que por término media los establecimientos de zonas en las que se ha hecho la campaña «Compra Local» han aumentado sus ventas el 8,6%, un 75% de los establecimientos asegura que la iniciativa ha tenido un impacto positivo en su negocio, la gran mayoría, y añadió que se había incrementado la cobertura de los medios locales sobre los negocios independientes.

Puede verse pues que son numerosos los países con iniciativas de protección de sus librerías y de defensa del libro. Aquí seguimos a la espera de alguna iniciativa medianamente sensata. A mi modo de ver, cuando hace ya más de dos años, y viendo como estaba evolucionando la situación del sector, plantee la idea de Un pacto por el libro algunas personas del sector consideraron la idea una extravagancia de Manuel Gil. Viendo cosas como estas considero que no iba para nada desencaminado.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

4 Comentarios

  1. […] Hace unos días apareció en diferentes medios una noticia a la que considero no se le ha dado la suficiente importancia. Se trata del encuentro bilateral de Francia y Alemania del 9 de septiembre en Berlín entre los responsables de la industria del libro a nivel de institucional, con el apoyo de la ministra francesa de Cultura, Aurelie Filippetti, y Bernd Neumann, ministro alemán de Cultura y Medios de Comunicación. La idea era definir una política conjunta de ambos países en la UE de cara a proteger el libro. Se titulaba: El futuro del libro, el futuro de Europa. Por una política cultural europea en torno al libro. El objetivo: «sensibilizar a la sociedad civil y los responsables políticos, a nivel nacional y europeo, sobre los desafíos para una política cultural y editorial bibliodiversa», dijeron los organizadores.  […]

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  2. Lo siento, pero creo que los pactos como los que mencionas son un parche, como querer parar el tsunami de “Lo imposible” con una sombrilla. Al mercado editorial y a las librerías como las hemos conocido en los últimos 60 años le queda lo que le quede de años de poder adquisitivo a nuestra generación (la que última que ha aprendido a reverenciar el libro de papel).

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  3. […] El mayor desafío para el mercado europeo está ahora a afirmarse frente a las compañías globales de Internet como Amazon y Google, y de esta manera garantizar la diversidad y calidad del mercado europeo del libro digital. Muchas empresas europeas, incluidas muchas pequeñas y medianas empresas, invierten en calidad y diversidad de los contenidos, y representan un mercado de 40 millones de euros, proporcionando empleo a más de 200.000 personas.Estas compañías globales, opacas y de aspiración monopolística usan el libro como un reclamo estratégico alejado de todo valor cultural. El predominio indiscutible que las empresas no europeas tienen determina un gran impacto en nuestros ecosistemas del libro”, señalan los firmantes. Garantes vez la diversidad editorial, así como la escritura creativa, los editores y los libreros son conscientes de su misión cultural, la transmisión y promoción de la lectura. “Nuestras empresas son el crisol de valores críticos para la empresa. Es por eso que necesitamos una igualdad de condiciones y un marco jurídico que garantice la diversidad cultural en Europa.  […]

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