rayos_oscuro

Hace unos días nos reunimos para preparar el cronograma de trabajo del primer número de Texturas que saldrá en los primeros días de marzo, fechado como número 20 de la revista. En el marco de esta reunión vimos interesante hacer una estadística de cuántos autores han colaborado y el número de colaboraciones de cada uno de ellos. Pues bien, repasando nombres de autores vimos una cosa que nos llamó la atención: el alto número de colaboraciones de autores nacionales que únicamente quieren aparecer con seudónimo. En mi caso, sí había observado que pidiendo colaboraciones a autores para números semi monográficos de la revista me decían que no podían escribir, argumentaban «razones de empresa». Ni que decir tiene que ese argumento lo respeto enormemente. Pero el tema me lleva a unas reflexiones que quiero compartir: ¿hay empresas que prohíben a sus empleados compartir reflexiones en una revista?, ¿son políticas de empresa o autocensura del empleado ante la posibilidad de irse a engordar la cola del INEM?, ¿hay miedo en el sector? Creo que de todo un poco.

Me viene aquí a la cabeza una idea que he escuchado a algún editor pequeño, siempre en privado, nunca en público: «el sector nunca hizo una transición democrática. El terreno de las ideas, verdadero leit motiv de la edición tiene mucho recorrido democrático que hacer». El tema desde luego resulta preocupante. También me llama la atención que al dirigirte a cualquier persona de otro país la disposición a colaborar sea inmediata y aquí te llegan a decir que debes hablar con una oficina de Irlanda, Luxemburgo o los EEUU. Y en el caso de grupos nacionales te dicen directamente que no pueden. En algún caso, hablando con amigos de otros sectores industriales, lo que me dicen es que estas situaciones se deben a que es un sector en decadencia y con un cambio brutal de paradigma. La pregunta que me gustaría hacer a alguien de mayor edad que yo es si esto ha ocurrido siempre o es un fenómeno de los últimos 20 años. Cuando hace unos años trabajé en Marcial Pons observé que tenían en su archivo una colección de una revista que se editó desde finales de los años 50 que se titulaba El libro español, pues bien, allí había artículos de reflexión crítica y de sensibilidades diversas sobre el sector. No era, como hoy ocurre con una revista del sector, hagiografía editorial ni publicidad institucional de pago. Era una revista que me imagino sería de obligada lectura para los editores y libreros de la época. Pongo aquí enlace a un artículo que apareció en el diario El País hace unos años escrito por el gran editor Federico Ibáñez, director de Castalia, en el que citaba esta revista: Apunte para la memoria: ‘El Libro Español’.

Otra reflexión que me hago va en la línea del por qué los libros sobre el sector tienen muy baja demanda. Hace unos años hablando en México con Tomas Granados, entonces director de la colección Libros sobre Libros del FCE (colección en su momento de referencia para el sector) me decía que el editor no quiere leer nada de su sector o de su profesión porque le enfrenta a sus demonios particulares. Pienso en voz alta ahora en los libros de la colección Tipos Móviles o en un librito fantástico que he leído con verdadero interés hace un par de meses, Confesiones de un editor, de Walter Hines Page, editado por JPM Edicione; el autor fue, entre otras muchas cosas, fundador de una editorial mítica como Doubleday, el libro lo considero imprescindible y de obligada lectura, al menos en mi opinión. ¿Cuántos ejemplares se venden de esos libros? Si la cifra de empleo en el sector fuese cierta, entre empleo directo e indirecto la cifra es de 30.000 personas (al menos eso dicen las cifras de la Federación), cualquier libro sobre el sector que saliese al mercado, pongamos con 1.500 ejemplares, estaría vendido de antemano con que sólo un 5% del personal se lo comprase.

Recuerdo también aquí, y hago autocritica, mi único proyecto como editor (yo no soy editor, soy un comercial). Durante el último congreso de libreros estuve hablando con un gran número de libreros —los congresos tienen esas cosas—, en el hotel, en los descansos, en las comidas, cenas, etcétera, conversas con un montón de gente; pues bien, pensé que unos libros dedicados a recuperar la Memoria de la librería y sus Libreros, en los que contaran sus trayectorias profesionales dilectos libreros hoy al borde del retiro profesional, sería un material de gran importancia, y lo que es más importante, serían libros de venta asegurada, al margen de evitar que esa memoria se perdiera, pues se recuperaría las vidas profesionales de grandes libreros que han influido poderosamente en la formación de muchas generaciones y que constituyen agentes de gran importancia en el devenir cultural de este país. Unos libros así parecían tener sentido. A la vuelta del congreso convencí a mi querido Manuel Ortuño, editor de Trama, de poner en marcha el proyecto. Mi olfato (en realidad debía tener sinusitis, o tener un constipado del treinta y tres, pues no di ni una) me decía que el libro saldría vendido, si hacíamos 1.500 o 2.000 ejemplares solamente con los libreros interesados en el tema el libro sería un bestseller. Leches con el bestseller. El libro no ha pasado de estar en 55 librerías de España (datos de www.todostuslibros.com), y cuando miro el portal hoy ya solo está en 44. El libro no ha cubierto expectativas, al menos las mías, ni de lejos. Lo que indica mucho, pero mucho….

memorias_libreria

Por una curiosidad malsana miro también en http://www.todostuslibros.com en cuantas librerías está el libro de Walter Hines Page (editorial JPM) y descubro con horror que solamente se encuentra en 8 librerías. Inaudito.

Todos_libros_Confesiones

También me llama la atención otra cosa. Cuando viajo a México o a cualquier otro país de Hispanoamérica tengo dicho por algunos editores que cualquier libro que vea en esos países y que trate del sector, ya sean reflexiones de editores o análisis sectoriales, que les compre un ejemplar para sus bibliotecas, puedo citar aquí a bibliópatas como Javier Jiménez, Joaquín Rodríguez, Jorge Portland o Manuel Ortuño. En algún caso, cuando a alguno de ellos me lo encuentro por un pasillo de alguna de las ferias de esos países, lo primero que me dicen es: ¿has comprado ya el libro de… titulado… y editado por…? Ve a comprarlo al stand… y luego lo comentamos.

Por cierto, en Tipos Móviles se anuncia la edición de dos libros muy importantes sobre la edición: las memorias del fundador de Random; y un libro que ha sido un extraordinario fenómeno de ventas en Francia La traición de los editores, de Thierry Discépolo,.

Termino, ya que no quiero aburrir al personal con mis batallitas de abuelo cebolleta, y dejo a reflexión algunos algunos asuntos planteados en este post, pero quiero reiterar dos cosas:

  • ¿Hay miedo a expresar opiniones en el sector?
  • ¿Interesa la reflexión sobre el sector a editores y libreros?
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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

13 Comentarios

  1. […] Way We Read Now• Fragias, Antonio Usted ya no lee ni escribe como antes• Gil, Manuel La cara oculta del libro• Millan, José Antonio Leyendo pantallas• Piscitelli, Alejandro Las humanidades […]

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  2. […] pesar de lo que Manuel Gil plantea en La cara oculta del libro de su blog @antinomiaslibro, sobre la escasa importancia que la gente del sector editorial da a […]

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  3. El tema tiene que ver con la formación e información. Hasta hace poco un editor con 20 años de experiencia era realmente un editor con un año de experiencia repetida 20 veces ( oído en Liber 2012).
    Ahora la cosa ha cambiado…..

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  4. Leroy Gutiérrez Williams 15/02/2013 en 19:20

    Durante los años que llevo relacionado con la edición de libros -empecé en Venezuela y ahora vivo en Uruguay- no ha dejado de llamarme la atención el hecho de que a muchos de los que trabajan en la industria editorial no les interesan los libros. Puede que en otras industrias no entrañe ninguna contradicción producir y comercializar un bien o un servicio del que no se goza -un cirujano plástico estaría obligado a implantarse prótesis mamarias-, pero en el mundo del libro definitivamente sí. Y no es que todos y cada uno de los que trabajan con libros deban aspirar a ser intelectuales, pero sí cabría esperar que participaran y disfrutaran del intercambio de ideas. Quizás este mantenerse al margen de la producción y análisis de las ideas de los otros explique, por una parte, porqué no interesa lo que los demás tienen para decir -de manera frívola o no- respecto a la industria del libro y, por otra, la intolerancia a la crítica. Además, se supone que los libros contribuyen a la construcción del espacio público, aquel donde, independientemente de los vínculos personales y de poder, existen unas formas públicas, imparciales y desinteresadas que garantizan para todos la expresión pública de la razón.
    Aunque también es cierto, si pensamos en cómo va la economía del mundo, que tampoco los presidentes y los directivos de las empresas y de los bancos parecen leer libros sobre economía ni otras materias. De ser así, muchos errores -obviamente dejo de lado las conspiraciones para delinquir- se evitarían.

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  5. […] (“La cara oculta del libro” ¡¡TACHAN!!) se queja Manuel Gil, en su blog (Antinomias Libro, aqui), […]

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  6. Manuel, como de costumbre, aciertas.

    Provengo de un sector -el del diseño industrial- que nunca ha conocido ninguna etapa de crítica pública o publicada, aunque sea constructiva. Las revistas de diseño y otras publicaciones nunca se han metido con nadie, nunca han dicho nada malo de nadie, lo único que se publicaba en ellas eran buenas noticias. Los únicos artículos críticos que aparecían de vez en cuando, provenían de venerables popes o de outsiders. El motivo de tan claustrofóbica atmósfera era que el mundo del diseño que realmente cuenta es muy pequeño y hablar mal de gente a la que te encontrarás en la próxima inauguración -hay mucho pesebre y canapé en el diseño- cuesta mucho; aparte quedan los egos heridos, especialmente susceptibles en ramos creativos. Creo que en la edición pasa lo mismo: muy pocas personas -acaso unas decenas- creen tener el sector en su mano; el comportamiento de la mayoría así parece confirmarlo, pero yo creo que, simplemente, pocos se atreven a decir que el rey va desnudo.

    En cuanto a la falta de interés por parte de los profesionales de la edición: creo que responde a dos factores:
    – La edición es una profesión autojustificada: “editar libros es intrínsecamente bueno”, “hacerlo como se ha hecho siempre es la mejor manera de hacerlo”, “atentar contra el libro es un sacrilegio”, etc… Ese ambiente no promueve la duda.
    – Algo que me sorprendió muchísimo de buena parte de las gentes del libro -editores y escritores especialmente- es lo poco pensada que tienen su propia profesión. Viven de lugares comunes, pero muchos no han pensado seriamente en la edición como ecosistema, como cadena de valor. Tienen su visión y no participan de otras. Por eso la reacción ante el cambio de paradigma fue tan furibunda y esencialista: se envolvieron en la bandera de la tradición y se bautizaron con el tarro de las esencias; hasta separar el contenido del continente les costaba. Por suerte la realidad ha impactado contra sus molleras.

    Gracias una vez más por un artículo tan nutritivo!

    Bernat

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  7. Pensar y actuar por uno mismo constituyen el núcleo central de la cultura europea, que en un largo proceso de secularización nos ha librado de obedecer de manera acrítica a cualquier autoridad por el simple hecho de serlo.

    Eliminado el monopolio de la verdad, la Europa moderna se hace en la búsqueda de lo razonable, no simplemente de lo racional, consciente de que todo avance en la ciencia, la economía, la política —en general, en el saber y en el comportamiento— proviene de poner en tela de juicio las evidencias de turno. No hará falta insistir en que la pervivencia de la cultura europea depende, en último término, de la capacidad de decir no que adquiera y sepa mantener una porción significativa de personas.

    Leído ayer en Ignacio Sotelo, Aprender a decir no. http://elpais.com/elpais/2013/01/17/opinion/1358431831_679530.html

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  8. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Hace unos días nos reunimos para preparar el cronograma de trabajo del primer número de Texturas que saldrá en los primeros días de marzo, fechado como número 20 de la revista. En el marco de esta reunión vimos interesante ha…..

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  9. Manuel,
    Perdóname, pero si bien entiendo y agradezco tu entrada, me suena un poquito inocentona.
    Sí, hay miedo, y lo sabes tan bien como cualquiera. Esto sucede en todo oficio, y más cuando uno se ocupa a publicar (=hacer público) y en países de habla hispana. En algún lado –tal vez en La vuelta al día…– Cortázar reflexionó a este respecto, asombrado porque el mundo de habla hispana sea tan reacio a publicar memorias y autobiografías, y su reflexión puede aplicarse aquí de lleno.
    Además, no entiendo por qué preocupa tanto el uso de seudónimo y no lo que éste permita, qué reflexión propicie. ¿No es acaso más importante lo que se diga?
    En cuanto a lo otro, reconozcámoslo: un altísimo porcentaje de libros sobre la edición son grandísimos ejercicios de “name-dropping”, listas de novedades ampliadas y apuntes egocéntricos que adolecen de la ausencia de un editor que haya cortado por lo sano. Si uno quita el nombre de este u otro autor y en su lugar pone “Mickey Mouse” lo que queda se nos antoja cursi, engolado o irrelevante. Que un libro trate del mundo editorial no garantiza que sea un buen libro. A veces sucede exactamente al revés.
    Y por lo demás, que uno no acierte con un título y se lo coma con patatas forma parte del oficio.
    Abrazo,
    Iñigo

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    1. Absoluta y completamente de acuerdo con Iñigo. Y aún así, son muy necesarias entregas de este tenor. Ojalá fueran más. Es sano recordar que lo que sucede no es lo mejor ni tan normal, aunque suceda.

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  10. Excelente articulo, como los que frecuentemente leo en este blog. Como editor argentino mi sensación y editor de algunos libros para el sector, comprador de todo material que hable sobe el.sector en las lenguas que puedo leer, puedo decir que en Argentina hay menos interés y mucha ignorancia y eso hace que los.libros para el sector se lean con mucho.prurito. En fin, creo.ademas que en cada país hay una tradición.que.tambien ha entrado en.crisis y que.el.cambio.de.paradigma es.definitivamente.cruel.

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