Reproduzco aquí las 10 tesis de mi participación en la mesa sobre la «Información en el sector del libro» de las jornadas Otra Mirada de la FIL:

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La información como activo estratégico para la edición y la librería independiente

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«La nueva fuente de poder no es el dinero en manos de unos pocos, sino la información en las manos de muchos.»

John Naisbitt

1. El libro en España está inmerso en una crisis estructural y coyuntural de gran envergadura y con muchos de sus imperativos sistémicos manifiestamente cuestionados. La industria del libro está atrapada entre ante la doble vertiente de su crisis:

  • Por un lado un cambio de paradigma del sector.
  • Por otro una crisis económica brutal.

2. Ambos parámetros cuestionan los fundamentos de este sector. Como industria insertada dentro del ámbito del consumo, debe plantearse un serio ajuste de magnitudes y un relativo y controlado decrecimiento estructural buscando un procomún del sector. No valen soluciones individuales. Lo fundamental ahora mismo es diseñar escenarios, buscar consensos, abrirse a ideas nuevas y buscar liderazgos.

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3. Estamos pues ante un momento especialmente delicado de la comercialización del libro en España. El sector está en una situación especialmente compleja y necesita un urgente plan de rescate. El mercado español del libro ha sido en cierto modo un gigante con pies de barro. Si hasta hace un par de años yo definía la situación como «apasionantemente incierta», ahora la califico de «flagrantemente dolorosa».

  • Entre 2007 y 2011 la facturación total del sector agremiado (¿y el no agremiado)? ha descendido en 350 millones de euros. Los datos que ofrece el Informe de Comercio Interior pienso que son muy benévolos y autocomplacientes con la caída del sector, a mi juicio mucho más profunda y rotunda. Los datos que me facilitan apuntan que entre julio 2011 y julio 2012 el sector presenta una caída de más del 12%. Y la caída final en 2012 puede estar muy cercad del 20%.
  • Desde 2008 a 2011 el sector ha perdido empleo en un 14,62%, igual número de empleados que en 2002, ahora mismo en torno a 13.400 empleos directos en el mundo editorial.
  • Somos por tanto una industria en reconversión. La necesidad de planes de choque e informes que no sean de retrovisor se me antojan imprescindibles para abordar la una situación que no admite demora, el tiempo juega ahora mismo en nuestra contra. Estamos sobrealimentados de datos pero infranutridos de información de valor.

4. Lo que los próximos años van a determinar es el reto de saber quien domina y ejerce el liderazgo del mercado mundial del libro en lengua castellana. Y entre el auge de la edición en América Latina y el marasmo de la edición española, si tuviese que apostar lo haría por la primera.

5. No me gustan las etiquetas en la edición. No acabo de abrazar ninguna etiqueta con la que se intenta definir a un cierto perfil de la edición, desde bibliodiversidad a independiente, se acaban usando como arma arrojadiza y en el fondo se convierten en dogmas. La etiqueta independiente por ejemplo, abraza la realidad de unas empresas de capital familiar o personal que «buscan su imagen identitaria en unos atributos culturales que posibiliten anclarse en un capital simbólico que consideran per se un valor añadido».

Creo por tanto que la edición debe ser repensada a partir de actitudes: cooperación frente a competencia; transparencia frente a opacidad; compartir frente a ocultación; responsabilidad con su tiempo, con las nuevas generaciones y sobre todo con la lectura frente a mercantilismo puro; ética frente a cosmética; agregación transversal frente a estructuras piramidales y monolíticas; digresión frente a unanimidad. ¿Hablamos entonces de pequeños? ¿Dónde ponemos el listón? ¿A partir de qué cifra cortamos? Todo esto no puede ocultar que en todo el ámbito de la edición iberoamericana hay una edición invisible y/o clandestina, que lucha abiertamente por una visibilidad que los canales de distribución les niega, y con características de catálogo ciertamente culturales y reflexivos.

6. En el marco de la diversidad de problemas que la edición independiente y bibliodiversa y la librería independiente tienen en el mundo hispanohablante hay varios que se me antojan críticos:

  • Visibilidad del contenido y acceso a los canales de distribución.
  • Baja ocupación de lineales en los puntos de venta.
  • Dificultades económico-financieras, financiación, etc…
  • Muy malos ratios económico-financieros.
  • Baja acumulación de capital.
  • Escasa integración en redes de valor.
  • Opacidad y falta de transparencia. Lo inexcusable, en una industria aparentemente tan potente, es la opacidad general que atesora y la escasa necesidad de información que necesita.
  • Acceso a las fuentes de información. La información es un activo crítico, pero su valor no residirá en poseerla sino en compartirla.
  • Hacia un procomún de la información en beneficio de todos. ¿Qué queremos decir con procomún de la información? Todos producimos, todos compartimos. ¿Desde el Cerlalc? Probablemente.
  • No se puede generar escasez artificial de lo que es abundante, la información debe fluir libremente para operar en mercados internacionalizados y globales. Todos producimos todos compartimos.
  • Desarrollar un entorno de procomún en torno a la información tiene dos connotaciones importantes:
    • Una gremial y organizativa que debería evolucionar hacia concepciones red.
    • Una política que supone traspasar fronteras y avanzar en entornos globalizados e internacionales.
  • Por último hay que resaltar lo que muchos denominamos «relación de asimetría» entre España y América. ¿Por qué los libros de la América hispanohablante no llegan a España ni a Europa? El ecosistema digital romperá esta asimetría.

7. En la edición hispanohablante y en concreto en España hay multitud de fuentes de información y datos, pero la problemática que los informes y datos plantean es la siguiente:

  • Mucha información cuantitativa en detrimento de la cualitativa.
  • Enorme dispersión en las fuentes de información.
  • Información de retrovisor. Lo que ocurrió el año pasado.
  • No existen fuentes de información «en tiempo real».
  • No se unifican metodologías. No se mide lo mismo.
  • Se desagrega muy poco.
  • ¿Cuánto contenido queda fuera de los circuitos comerciales? En España cerca de un 30% de lo que se edita. ¿En Hispanoamérica? Lo desconozco. Y este contenido en numerosas ocasiones permanece oculto en los informes.

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En la medida en que la información que se necesita debe ser casi de tiempo real, la información que desde gremios, asociaciones y cámaras se suministra es de tiempo pasado. Estamos ante un gap informacional que incide negativamente sobre las expectativas de internacionalización y la toma de decisiones. Una información acerca de «lo que está pasando» no es una ventaja competitiva volátil, es una venta competitiva sostenible y duradera, que permite abrir vías hacia lo que a buen seguro será una internacionalización masiva de los contenidos de lengua hispana. Y se hace imprescindible ámbitos de colaboración entre fuentes de información a partir de un protocolo.

8. Algunas fuentes de información en España:

  • Estudio de Comercio Interior. FGEE.
  • Estudio de Comercio Exterior. Cámaras del libro.
  • Panorámica de la edición. Ministerio de Educación y Cultura.
  • Informe del INE. Instituto Nacional de Estadística.
  • Informe Fande.
  • Informe Cegal de librerías.
  • Barómetro de la librería. Cegal.
  • Encuesta de hábitos de lectura y compra de libros. Ministerio de Educación y Cultura.
  • Anuario de Estadísticas Culturales. Ministerio de Educación y Cultura.
  • Anuario de literatura infantil juvenil. Fundación SM.
  • Zona libros.
  • Cegal en Red.
  • Informes de Cerlalc
  • Paneles privados:
    • Papel NIELSEN.
    • Panel Gfk.

Y no quiero dejar de reseñar la revista Texturas, convertida desde su nacimiento en la fuente de reflexión independiente más crítica y abierta del sector. Esta revista es un espacio de encuentro y análisis de todo el sector con un enorme sentido de transversalidad en su enfoque. Es también importante señalar que son muy numerosos los autores de la América hispanohablante que colaboran habitualmente con la revista.

9. Propuestas y conclusiones para terminar:

  • Desarrollar una plataforma tipo Dilve para todo el comercio del libro hispanoamericano.
  • Es imprescindible insertar en el ADN del libro un nuevo algoritmo, el de las cuatro Cs: compartir, colaborar, cooperar y comunidad, cerrando así la opacidad y carencia de transparencia del sector.
  • Junto a esto, la internacionalización de numerosas empresas editoriales llevan a pensar en la necesidad de constituir un Observatorio de la Edición y la Librería Independiente a nivel hispano.
  • El sector del libro produce un enorme volumen de datos, siempre información cuantitativa, pero adolece de un problema principal, la baja desagregación, lo que conlleva que sea muy poco útil para la edición y la librería independiente. En función del tamaño y la especialidad la edición y la librería quieren compararse con sus iguales.
  • Hay que fundar la Red de Editores Independientes de España para federarse con todas las que ya existen en el mundo.

10. Conclusión final: el ecosistema digital representa para la edición hispanoamericana la mayor oportunidad de su historia para revertir una situación continuada de una asimetría anómala del comercio del libro, y la información es vital para generar este cambio. Confluir y converger para sobrevivir en un mercado globalizado mundial, y cooperar como acto de resistencia frente a multinacionales y oligopolios.

Manuel Gil

Madrid 22/11/2012

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

3 Comentarios

  1. Maestro,

    Usted sabe que me tomo siempre en serio sus entradas y, en la medida de mis posibilidades, trato de participar de sus propuestas. Sin ir más lejos: si todos los que se sienten actores del sector se tomaran el trabajo de leerse en profundidad sus comentarios y, aprovechando su orden propuesto, expresaran sus ideas propias, quizá no haría tanta falta planes nacionales de choque y cosas así. Comparto pues, con usted y con sus lectores, mis impresiones.

    ¿El título? sugerente. Sobre todo la coletilla final «independiente». Salvo en lo que atañe a Catalunya, lo de la independencia engarza bien con lo cultural, con lo progresista: es tan moderno ser independiente. Lo que pasa, usted lo dice más adelante en su entrada, es hora de sacarse de encima etiquetas irrelevantes. Y ésta lo es, qué duda cabe.

    En cuanto a la cita de John Naisbitt, súper 2.0, los que llevamos ya tiempo en esto sabemos que sin «gestión» la información en manos de muchos no significa nada. Y la gestión, cuesta dinero. O sea que sí: el dinero sigue siendo fuente de poder. El dinero en muchas manos es poder distribuido y eso es una nueva forma de (gestionar) poder. Amazon es lo que es, por su capacidad de gestionar inmensas cantidades de información. Mucha información a disposición pero poca capacidad de gestionarla, de convertirla en dinero, es solo ruido.

    Usted organiza su reflexión en 10 puntos y en 10 puntos la comento (con el ánimo de conversar, como siempre: me he esmerado en no ser el cretino de otras ocasiones…).

    1. Lo que dice usted es verdad; no obstante: cuando el cambio de paradigma era algo que ni se consideraba y la crisis tan brutal todavía no había estallado, tampoco era la panacea: en cuanto a ventas digo: lo era en cuanto a la edición, impresión, publicación y distribución (ayudas a la reconversión, subvenciones, ya sabe…) pero la masa de lectores no aumentó realmente una vez superada la tasa de analfabetismo funcional heredada del franquismo. Eran los tiempos de aquellas campañas de fomento de la lectura que pagaban una pasta a futbolistas, whatever, para decir que leían… Digo esto porque la idea de que «la industria del libro está atrapada» lleva a (auto) engaños. Se ha dicho mucho, usted, nosotros, que por encima de todo, la crisis de la industria del libro (corregida y aumentada por lo que señala) se debe a problemas pre-digitales. Conviene no perder eso de vista.

    2. No son sólo esos parámetros los que cuestionan los fundamentos de este sector. Aunque se trate de una «industria insertada dentro del ámbito del consumo», también se encuentra insertada en el ámbito de la cultura y, no toda la cultura se encuentra insertada en el consumo. Que deba «plantearse un serio ajuste de magnitudes y un relativo y controlado decrecimiento estructural» es algo en lo que todos estamos de acuerdo: de hecho, ya está sucediendo: usted mismo lo detalla a continuación: es decir, no se trata de una detonación controlada por el propio sector, sino por la voladura salvaje de esos mercados del consumo en los que se insertó (porque cuando era simplemente «mundo del libro», la cosa era más cultural, y tenía arreglo… Ya no lo tiene). Habla usted a menudo de esa búsqueda de un procomún del sector y yo siempre le discuto lo mismo: todo eso de la atomización de las audiencias, la molecularización de los procesos productivos, la fragmentación de los mercados, va en dirección contraria a esa idea. Es evidente que lo que sea de interés para… Tipos Infames, no tiene por qué serlo para Negra y Criminal o Excellence… Por eso, no son críticas soluciones colectivas (a cargo del dinero público, se da por sentado: #noconmipasta). Lo fundamental ahora, entiendo, no es tanto diseñar escenarios (que otros ya están diseñando… con bastante más éxito, la verdad), sino extrapolar casos de buenas prácticas: distinguir en los emprendimientos exitosos, aquello que pueda ser extrapolable. El caso de la revista Orsai… ¿no está dando algunas pistas? En cuanto a los consensos… qué le voy a contar: exigen una cantidad tal de esfuerzo, hay que pasar tanto el cepillo para que brillen a gusto de todos que, finalmente, quedan en nada: ¿no pasó eso con la hoja de ruta de Otra mirada 1? ¿Abrirse a nuevas ideas? Claro que sí… pero, usted sabe que eso siempre es más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo cuando no hay subvenciones de por medio: lo que trabajamos con el sector desde los servicios, sabemos la relación entre valentía y cobardía según se trate de dinero público o de dinero privado. ¿Liderazgos? No necesitamos seguir a ningún líder: vivimos en una sociedad en red y los nuevos escenarios digitales para la edición, serán en red: las audiencias se relacionan en red… Red. Y una red no necesita liderazgos sino nodos robustos: hubs, interconectores potentes. Por ejemplo, la FIL (no ejemplo: Liber).

    3. ¿Momento delicado para la comercialización del libro en España? No sea tan sutil maestro: el momento es re-jo-di-do. Fue delicado hace unos años pero ahora la cosa está fea, muy fea. Por eso, cuando escucho lo de un plan de rescate, inmediatamente me llevo la mano a la cartera: ¿rescatar el qué? ¿Esto que tenemos? ¿Por qué no habla de ayudas a la innovación? Ayer compartía sobre del proyecto Gandhi, en México: a un proyecto así, toda la ayuda del mundo. Usted sabe qué pasará con un plan de rescate. Nada. Y para los mismos. Y… realmente ¿por qué rescatar a “esta” industria del libro …que ha intoxicado librerías y llenado galpones? ¿Rescatamos también a los medios de comunicación tradicionales de paso? ¿Ayudamos a Prisa o a el nuevo http://www.eldiario.es? ¿Y a la cultura en Web… una manita? ¿O sólo al libro? El mercado español del libro… ¿Existió realmente? En los almacenes de España hay millones de respuestas bien ordenadas a esa cuestión. Lo que había eran lectores: lectores que compraban libros pero que fueron incapaces de absorver la inmensa bola de nieve de novedades (reconvertida e impulsada, a su vez con dinero público: usted hablaba hace unos días sobre la presencia española en FIL, ahora que nadie para la juerga). Lo que fue un gigante con pies de barro fue la industria, que por su propio interés y su ánimo de lucro, convirtió a ese grupo de lectores en «mercado». Por el contrario, algo que sí demandó ese grupo de lectores para sus nuevos soportes… también sabe de qué hablo. Y entonces el DRM, las acusaciones de piratería, el cánon… ¿De verdad quiere reconvertir todo eso?

    3.1. Usted, quizá mejor que nadie en España, sabe que esos datos son falsos: que la cosa está muchísimo peor. ¿Se acuerda de cuando los elefantes blancos hablaban del libro como «bien refugio»…?

    3.2. ¿Despidos? Esos datos no expresan ¡en qué medida se ha deteriorado! realmente todo lo relacionado con la contratación externa basura. Cuántos traductores, diseñadores, correctores, etc… que ya en tiempos de bonanza era contratados por el sector de muy malas maneras.

    3.3. No somos una industria en reconversión: “son” una industria en decadencia total. Y todo lo que sea planes de choque, doy por sentado que usted piensa que deberían exigirse al gobierno del país (sea del color que sea), porque no creo que pondere que el dinero que eso vaya a costar, salga de quiénes necesitan ese servicio. El tiempo, no juega en contra… El tiempo, cambió: cambió radicalmente: y ahora, juega a favor de otros equipos. No estamos sobrealimentados: nuestro almacenamiento está obeso, mórbidamente obeso por el exceso de estos años. No estamos infranutridos de información de valor: hay un buen puñado de buenos consultores a los que el sector no aprovecha (salvo que pague …España). La información de valor está ahí, en la red, para todo aquel que quiera cogerla o, en algunos casos, esté dispuesto a pagar por ella. El problema es que esa información –gratis o de pago– hay que gestionarla… y eso es lo que falta: buenos gestores de información de valor. Algo que, sabe usted, cuesta dinero.

    4. Ya sabemos quiénes van a ejercer el liderazgo del mercado mundial del libro en lengua castellana. La incógnita, está en saber qué harán todos aquellos que no tengan esa posición de dominio (larga cola, creo que lo llamaban). Sí, en Latam se da un auge… pero si los españoles quieren competir allí con los modos acostumbrados (pagando España), van listos: si uno no es un gran grupo, o no tiene dinero a mansalva, va a tener que vender derechos, coeditar y buscarse mucho la vida POD.

    5. No, no nos gustan las etiquetas: significan (como dijo Alejandro Katz) «un recorte arbitrario y no preciso que obedece más a razones y afinidades subjetivas e interpersonales que a fundamentos que posibiliten acciones colectivas. Las definiciones (por ejemplo, “edición independiente”) que recurren a conceptos dispersos sirven para obtener prebendas particulares, no para la generación de políticas colectivas transparentes. Para hacer políticas hay que ser capaz de estructurar un discurso que no dependa de la valoraciones subjetivas y difusas».

    La edición ya ha sido repensada a partir de actitudes: ahora es tiempo de acciones y extrapolaciones. Cooperación, sí. Competencia, sí (toda vez que se entienda que esa competencia, son los lectores). Transparencia, sí. Y red, mucha red.

    6. No entiendo cómo, después de aceptar que las etiquetas no sirven, puede hablar de «edición independiente y bibliodiversa» o de «librería independiente». Y sí, esos problemas son los que son pero, sería mucho más útil agruparlos en grupos: qué tiene que ver con dinero (con no-dinero), qué tiene que ver con actitudes (no-actitudes)… Y sobre todo, qué tiene que ver con la realidad y qué, con ideología. Porque el ecosistema digital no ha venido a romper asimetrías entre América y España sino a brindarle a los lectores en español (también a los lectores de libros… que por cierto, usted no distingue) nuevos escenarios de acceso, de compra, de gozo lector y de relación.

    7. En este punto usted hace referencia a lo que le vengo diciendo: el problema no es de información; ni siquiera, de formación… sino de gestión: management & managing.

    8. Sí, esas son fuentes de información pero se deja la más relevantes de todas: la fuente de esas fuentes: la Red. En su blog, en el de Joaquín, o en la Anatomiteca, por citar tres… hay más información de valor que en algunas de las referencias que usted señala.

    9. ¿Propuestas y conclusiones?

    Si se logran desarrollar las cuatro C’s: compartir, colaborar, cooperar y comunidad, ya se habrá avanzado mucho. ¿Lo ve posible? ¿DILVE? Cada editor lo usa a su criterio; lo que hace que las características de la información no sean uniformes: puede tener un uso práctico para librerías físicas pero el uso de la metadata para ls librerías virtuales genera muchos problemas porque requiere mucha intervención manual (por no decir que la mayoría de los editores no sigue las recomendaciones). ¿Internacionalización? Por supuesto… ¿Quien paga? Porque barato, no es. ¿Un nuevo OBIEI? ¿Usted piensa en serio que el momento, los problemas del momento, están demandando un proyecto de ese tipo? El problema no es si sí, o si no, sino si va estar (o no) integrado en los institucionales elefantes blancos actuales (como se discutió en aquella cena con Margarita en Madrid hace ya… tres años, en la que usted estaba).

    Y por favor… Una «Red de editores», punto. ¿No dijo ya que lo de «independiente» no sirve para nada? Por no entrar en que yo me andaría mucho con ojo sobre ese tipo de organizaciones allende los mares porque (desde OBIEI…) tuvimos no pocos contactos y en su mayoría se trata de proyectos más ideológicos que bibliofrénicos; que sí tienen claro, demasiado claro, quién es y quien no es «independiente».

    Como siempre, un abrazo.

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  2. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Reproduzco aquí las 10 tesis de mi participación en la mesa sobre la «Información en el sector del libro» de las jornadas Otra Mirada de la FIL: « La información como activo estratégico para la edición y la librería independi…..

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