No es aventurero, ni pesimista, ni apocalíptico, señalar que los últimos años están siendo muy duros para el canal librerías. Las librerías están abiertamente ante una crisis que compromete seriamente su futuro. ¿Está incidiendo el libro electrónico? Hasta ahora no, las causas hay que buscarlas mucho antes y en otros lados. ¿Está incidiendo la crisis? Sin ninguna duda. Pero reitero, los problemas estructurales venían de antes. La crisis ha roto puentes y ha fragilizado el ecosistema, pero la mayor parte de las causas son anteriores.

Uno de los primeros síntomas de insostenibilidad del modelo en las librerías ha venido determinado por dos causas principales, por un lado la descomunal sobreproducción del libro y el acortamiento del ciclo de vida de los productos y, por otro, el desmesurado volumen comercial que queda al margen del canal (en precio libre, no lo olvidemos). La sobreproducción incidía directamente sobre uno de los activos fundamentales del librero, su espacio o sala de ventas. Esa máquina cansina que es la edición con su ritmo de producir y producir acortando el ciclo de vida llevaba a las librerías a una loca carrera de recibir libros y devolver a la velocidad de la luz, incrementando todos los costes de gestión. Por otro, la masa de volumen comercial al margen de los canales (un 30% de lo vendido en comercio interior se comercializa al margen de las librerías, la cifra, que ha descendido un poco, creo que es más por los problemas de durabilidad del libro de texto que con relación a otras partidas, según el último informe de comercio interior). Estos fenómenos, unidos en el tiempo, conllevaban el germen de una crisis muy profunda del canal librero.

A todo esto hay que añadir el problema de márgenes que la librería española arrastra históricamente, recuerdo aquí para los que no lo sepan que por término medio las librerías francesas trabajan con 7 puntos más de margen que en España, lo que muestra también otro problema importante del canal. La distribución zonal actual es ineficiente y cara. La distribución debe hiperconcentrarse de manera fulminante, un hub de distribución central que suministre paquetes en 24 horas a los puntos de venta debe conllevar la posibilidad de traspasar varios puntos de margen a las librerías, que en relación a las cadenas se alejan peligrosamente de otros formatos comerciales en la cadena de márgenes, creo recordar que en Alemania está establecido por acuerdo del canal los puntos máximos a traspasar a las cadenas frente a las librerías.

En estos últimos años, las potentes políticas de dotación de adquisiciones para las bibliotecas habían conllevado un relativo mantenimiento de las ventas a los libreros, el recorte radical de estas políticas dan la puntilla a las ya debilitadas estructuras libreras. En estos momentos las instituciones académico-universitarias y las bibliotecas ya no tienen proveedores, nadie se atreve a venderles. La conclusión es que las librerías están ante una situación de auténtica debacle, y obviamente hay que hacer algo.

La irrupción profunda de la crisis con una contracción de consumo brutal ha llevado a las librerías a un macrodeterioro de todas sus magnitudes. A la espera de los informes de Cegal sobre datos recientes (el último informe recogía datos de 2009), varios libreros amigos han tenido la amabilidad y la gentileza de pasarme sus datos a 2011. Lo que me hace pensar de nuevo en la necesidad de un centro de datos del sector como algo imprescindible. No es de recibo en el siglo XXI que para poder evaluar debas remontarte a las bodas de Canaan, y esto ocurre por igual a todos los gremios del sector. Insisto, no es de recibo, ¿Cómo podemos hablar así de una industria? Por favor, es más bien artesanía de comercio justo. Los datos que me pasan, y sin ánimo de convertirlos en dogma, me hacen ver que todos los ratios clave se han deteriorado alarmantemente: solvencia, tesorería, disponibilidad, fondo de maniobra, liquidez, endeudamiento, y rotación de existencias. El hecho de que la gente no entre en las librerías y reduzca la compra por impulso a productos de muy bajo precio tiene una explicación natural, nadie compra cuando ve peligrar su empleo o cuando le han rebajado el salario. En una situación como la que estamos atravesando el ocio sufre enormemente. El dato que se extrae del Anuario de Estadísticas Culturales es que mientras el gasto en bienes y servicios culturales cayó casi un 3%, el consumo de libros no de texto lo hizo en un 10,33%, datos de 2010 frente a 2009. ¿Qué magnitud de caída ha tenido este consumo hasta 2012? Probablemente por encima del 25%, y esto ya son palabras mayores. El rol del libro y la lectura en la cultura española nunca ha sido importante, y esto ha sido una tarea inacabada, por no decir un fracaso, de las administraciones de este país. Tengo más que dudas sobre el gasto en campañas de fomento de la lectura como la de Libros a la calle, considero que el problema hay que enfocarlo muchos más aguas arriba.

Tampoco es faltar a la verdad decir que la gente no entra en las librerías porque está justa de fondos. Con la irrupción de modelos de hegemonía del descuento y low cost en todos los ámbitos del consumo, el libro ha acabado por aparecer como un producto caro. Los editores que siguen diciendo que el libro es barato se equivocan. Cuando observas la multitud de productos de marca blanca en los hogares es obvio que es por algo. Voy a casa de amigos y observo que los productos de marcas del distribuidor han invadido los hogares, incluso los de rentas más consistentes. En mis clases suelo poner un ejemplo concreto, mi hijo es un buen lector, por su trabajo percibe 650 euros, tres novedades de narrativa pueden costar unos 60 euros, esto es el 10% de su masa salarial. No es sostenible para los jóvenes, ni para los que trabajan ni para los que están en el desempleo. Frente a esto son ya bastante numerosos los editores que empiezan a percibir con nitidez la situación, a modo de ejemplo citaré el anuncio de la editorial Roca de hace unos días sobre su política de precios, va a editar todas las novedades de este verano a 12,95 porque se sensibiliza con la situación general del país y de los lectores. No sólo aplaudo la iniciativa sino que creo que marcará tendencia. Ya se sabe el dicho, las herejías de hoy son moda mañana.

El problema que observo es el siguiente. Una empresa individual puede bajar precios, hecho que aplaudo, pero no ataca el problema principal. Me imagino que esta editorial ha comprendido que si pone los libros a 12,95 la elasticidad al precio conlleva que sus libros tengan una mejor acogida que los de 20 euros. Hasta aquí la estrategia es correcta, pero hay un problema previo, si la gente no entra en las librerías no se venderá ni el libro de 12 ni el de 20. ¿Qué debería hacer el sector e incluso el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte? ¿O no se puede hacer nada? En mi caso, y viendo las políticas que se están poniendo en marcha por el Ministerio veo dudoso el apoyo decidido a la librería, aunque hay que presionar desde todos lados, al menos al Secretario de Estado (Sr. Lasalle) le observo una actitud muy abierta al diálogo y al consenso. La implicación de los poderes públicos es complicada pero es imprescindible. De entrada creo que hay que prestigiar el libro mediante campañas nacionales con el apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes. Segundo, creo necesario implementar unas políticas públicas de adquisiciones de fondos para bibliotecas con la librería como único proveedor. Tercero, creo que la edición debe alcanzar un acuerdo de mínimos para redireccionar compras a las librerías, es decir, dejar de vender directamente para traspasar la venta al canal. Si todo esto se llevase a cabo unido a un descenso fuerte de precios la cuestión podría entrar en una vía de arreglo.

Y un problema añadido, la crisis de las librería lleva implícita la crisis de la distribución y la de los editores. Uno de los efectos colaterales que tiene la crisis de las librerías es que lleva a lo que llamo «el tres en uno de la crisis del sector». La librería arrastra al distribuidor y al editor. Esto está conllevando numerosas fricciones muy complejas en el canal, con cierres de cuentas de crédito, reducción del margen a determinados libreros, etc… Los libreros ya no compran, o lo hacen en proporciones mínimas, lo que es ciertamente lógico en la medida en que las expectativas de venta son puro azar. La financiación de la edición se volatiliza y se va al garete. Si un libro no funciona puede no pasar nada, en función el tamaño y los recursos de la editorial, pero si no te funcionan tres o cuatro la situación es ya alarmante. Este darwinismo por posición competitiva obliga a un cierto redimensionamiento (decrecimiento que diría Juan Miguel Salvador). La ilusión de la edición independiente de asentarse en unas «librerías biblodiversas» parece una quimera en estas condiciones. Se impone pues sentarse y abordar los problemas antes de que sea demasiado tarde.

Aun cuando el Congreso de Libreros esta previsto para el primer trimestre de 2013 parece necesario constituir desde ya una mesa de trabajo para abordar un plan de defensa de la librería. Esta comisión debería elaborar un texto articulado de propuestas en torno a varios ejes:

  • Cómo aumentar el tráfico a los puntos de venta.
  • Promociones en los puntos de venta y políticas comerciales.
  • Decisiones consensuadas para aumentar los ingresos y mejorar los ratios financieros y de gestión.
  • La librería en el ecosistema digital. Plataforma de comercialización única de libreros y editores independientes. Estructura red y formación de cadenas de librerías.

El apoyo decidido a la librería no es tanto lanzar discursos cínicos y hacer faenas de aliño y brindis al sol como impulsar desde ya el diálogo para cambiar la situación. Recupero aquí medidas que ya en su momento plantee y que considero siguen vigentes en este debate:

  • Redactar un Plan Nacional de Defensa de la Librería.
  • Formación de un sello de calidad para librerías.
  • IVA cero en el libro (digital o papel, y si no es posible por imposición de Bruselas, el superreducido tanto en papel como digital).
  • Deriva de todas las compras institucionales hacia las librerías de planta en calle. Acuerdo con Comunidades Autónomas y auspiciado por el Ministerio.
  • Pago de todas las compras de libros a 60 días.
  • Apoyo financiero y medidas de desgravación, fondos ICO de créditos blandos, apoyo por desgravación a la política de alquileres en los barrios cuando se trate de aperturas de librerías, y compensaciones a las antiguas.
  • Código de buenas prácticas del sector.
  • Apoyar la agrupación de las librerías en cadenas.
  • Formación de redes y comunidades: lectores-librerías-edición independiente.
  • Puesta en marcha de canal de televisión sobre el libro en Internet.
  • Lanzar una revista digital del canal librero.
  • Plan de formación del sector intergremial con la titulación de Master en Gestión de Librerías.
  • Puesta en marcha a partir de DILVE de una plataforma de ebooks de libreros y editores independientes, tanto con descargas como en la nube.
  • Congreso Nacional del Libro en el que se modifique y estructure el sector de una manera mucho más adaptada al siglo en el que vivimos, los gremios, entendidos como en el siglo XIX son una rémora hoy en día.

Y una última reflexión. Hace unos días veía la lista en Facebook de los libros más vendidos de una librería independiente a la que tengo en gran estima. Anunciaba 39 libros, pues bien, el 61,53% (24 libros) de los títulos se correspondían con dos grandes grupos editoriales. El resto, 38,46% (15 títulos) era a repartir entre los 840 editores agremiados y los «invisibles» no agremiados. ¿No estará la edición ante una ilusión con la librería bibliodiversa? ¿No deberían los editores independientes generar sus propios espacios de visibilidad, es decir, montar librerías? Si los libreros siguen así el discurso debe cambiar radicalmente. No pueden pretender que la edición invisible y clandestina les apoye cuando ellos han abdicado a favor de las macroestructuras multimediáticas. Este tipo de cosas nos deja a muchos defensores de buena fe de las librerías con el culo al aire.

Oído en Santos Corner

El Santos Corner es un garito de excelente reputación por donde pasan numerosos editores y gente del sector (y ahora también gente del Ministerio). Allí se oye de todo, pues bien, de cuando en cuando me haré eco de que lo que allí se cuece. Y comienzo con algo que oí hace unos días: A partir de un interesante debate en twitter los editores digitales se están planteando la conveniencia de agruparse de manera inmediata al margen de las estructuras gremiales oficiales y constituir una asociación de edición digital. Interesante y transgresor. Estaré al loro.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Master en Dirección Comercial y Marketing por el IE Business School. En la actualidad soy Director de la Feria del Libro Madrid. Mi trayectoria y experiencia profesional se ha desarrollado en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Grupo Marcial Pons, Ediciones Siruela, OdiloTID–, asiduo visitante de todas las Ferias del libro de Latinoamérica, desempeño también numerosas actividades docentes en España y América.

9 Comentarios

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  6. Manuel, buenos días! Me gustaría escribirte un correo personal, pero no encuentro tu email. Te agradecería mucho poder hacerte una consulta personal. Mi correo: apalacios@fundaciongsr.es Gracias de antemano.

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