Cualquier estudioso de la comercialización y la distribución sabe que hay tres conceptos para explicar la demanda: existe una demanda principal, una secundaria y una tercera que se denomina emergente. En el caso del sector del libro la demanda principal la cubrirían las librerías y cadenas; la secundaria los saldistas, tengamos en cuenta que todavía hay muy pocos libreros que incluyan en su stock libros de saldo, esta demanda en otros sectores del consumo es la que por ejemplo atienden los outlets, no olvidemos que aquí la ley del libro impide las promociones y el hard-descuento; y en el caso de la demanda emergente me refiero al incipiente y emergente libro electrónico, que en el mercado del usuario final deberán atender las librerías, y me surge la duda acerca de quién atenderá las bibliotecas públicas.

Señalo esto porque leo unos datos de la empresa Overdrive (EE.UU.) de que cierra este año 2011 con 16 millones de descargas-préstamo a bibliotecas, triplicando la cifra del año anterior. El dato me hace reflexionar acerca de por qué aquí no se ha implementado ya un modelo de venta y/o lectura a bibliotecas públicas, mucho más ahora que los recortes y las políticas de ahorro conllevarán una limitación de recursos muy fuertes a las bibliotecas. Solamente las bibliotecas públicas acabaron 2008 con 204 millones de visitantes, 74 millones de préstamos (47 millones eran libros en papel), unas cifras realmente muy buenas, incluso espectaculares, quizá la crisis esté llevando más gente a las bibliotecas, según el Anuario de Estadísticas Culturales 2011.

¿Cuál es el problema? ¿Tecnológico? ¿Miedo de los editores? No acabo de ver dónde está el problema. En el caso de Libranda me consta que lleva más de un año analizando un proyecto de venta a bibliotecas (¿en parálisis por el análisis?), algún editor me ha comentado que algunas plataformas están insistiendo en la complejidad tecnológica del préstamo y/o compra lo que conllevaría vender directamente al margen de los libreros. Se de muchos libreros que están seriamente preocupados por el tema. En España hay librerías que llevan vendiendo a bibliotecas casi desde su fundación, y no sólo vendiendo, sino también financiando, no olvidemos que la librería paga a 60 o 90 días al distribuidor, pero cobra a muchos meses del organismo del que depende la biblioteca, y en numerosos casos se eternizan para cobrar. Cuando redacto estas líneas me llega el dato de los 31 millones de euros que la Generalitat valenciana debe a las librerías de la comunidad por efecto del bono de los libros de texto. El tema es preocupante y no sé si CEGAL está evaluando correctamente el problema. Observo imprescindible el analizar los posibles modelos de trabajo con bibliotecas y poner en marcha un modelo que tenga en cuenta que hasta ahora el canal natural de suministro y abastecimiento de las bibliotecas han sido las librerías. Me señalan que las bibliotecas quieren avanzar en modelos de pago por consumo, mientras muchos editores apuestan por la venta pura (por descarga) y con una renovación del título a partir de un cierto número de préstamos. Algunos modelos posibles:

  • Compra por descarga
  • Lectura online
  • Licencias
  • Suscripciones
  • Préstamo uno a uno o simultaneo

Definir un modelo no es fácil, pero tampoco es el teorema de Pitágoras. Desde mi punto de vista hace mucho tiempo que CEGAL, los editores y los bibliotecarios debían haber montado una comisión de trabajo (con expertos) sobre el tema, es evidente que el uso de DRM (sólo unos pocos editores comercializarán sin protector) para permitir un determinado número de préstamos dota de una relativa complejidad al tema, por otra parte más que resuelto en Estados Unidos. Y aquí surge unas dudas: ¿el usuario debe obligatoriamente ir a la biblioteca o lo puede hacer desde casa?, ¿se descarga desde el host directamente a la biblioteca o al usuario final?, ¿se presta sólo el libro electrónico o también el dispositivo? El punto de prestar los aparatos de lectura no acabo de verlo. Cuando alguien saca un video o un DVD no le prestan el dispositivo, si un usuario tiene vista cansada no le prestan unas lentes… no sé, no acabo de ver esto. Lo que si tengo claro es que cualquiera que sea el modelo que se adopte (pueden adoptarse varios) el usuario registrado de una biblioteca debe poder hacerlo desde su domicilio, sin necesidad de desplazarse físicamente hasta la biblioteca.

Creo que sería bueno ensayar modelos. Y me surge otra duda: ¿dejará el editor que el usuario final pueda copiar y/o imprimir una parte? Ahora, cuando alguien saca un libro de una biblioteca puede fotocopiar unas páginas, ¿en digital se dejará hacer esto al usuario? Lo dudo. Con las bibliotecas casi sin dinero, el libro electrónico (más barato) puede paliar algo la desactualización de los fondos. Hecho que ya está ocurriendo con las revistas culturales, al día de hoy sin poder suministrar a las bibliotecas.

Leía hace unos días un concienzudo post en un nuevo blog del sector (Reflexiones a raíz del Plan Avanza: apuntes para las editoriales, en el blog disquisición{es}) que comentaba las subvenciones y préstamos del Plan Avanza. Aparecen varias empresas con proyectos de plataformas tecnológicas para la gestión de préstamos bibliotecarios. Y es una pena no ver ningún proyecto agrupado de editores independientes y libreros. En cualquiera de los casos habrá que ver quien acaba emulando a Overdrive, no quiero pensar en que Amazon se adelante. Aquí hay que tener muy en cuenta las librerías, al menos a las que llevan años desempeñando esa función en el canal, al menos eso consideran algunos editores. Desde luego, si se lanza una plataforma para vender a bibliotecas sin contar con las librerías entraremos ya de lleno en el «sálvese el que pueda». Mi opinión es que la idea a implementar debe ser una licencia un título ―una descarga―, con préstamo de un número determinado de veces durante un período de tiempo (entre 12 y 17 veces, por ejemplo), cuando las librerías venden un libro en papel se sabe que después de prestarlo 10 o 12 veces el libro hay que volverlo a comprar, pues acaba hecho fosfatina.

Para terminar, me parece urgente trabajar en una solución consensuada sobre el tema de manera inmediata, no hay tiempo que perder, si no se venden libros en papel al menos hacerlo en digital. Los editores y libreros necesitan ventas como el comer. Y dejar fuera a las librerías es cuando menos una locura.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

6 Comentarios

  1. Muy interesante el tema. Un par de cosas:

    – A Álvaro: en nuestro caso (trabajo en una biblioteca pública de la provincia de Barcelona), compramos a intermediarios, la mayoría de los cuales tienen una librería física, aunque no todos. Durante un tiempo se trabajó con empresas que se encargaban únicamente a la distribución a librerías, pero con la desaparición de Puvill (la principal de ellas), este sistema va de baja. Lo más habitual es que las compras se realicen en un establecimiento o a una empresa que ha ganado un concurso público para abastecer a las bibliotecas del material en cuestión (tanto sean libros como auriculares para los ordenadores, da igual), y la mayoría de empresas que se presentan para abastecer de libros son, como es lógico, librerías. Sería un poco raro que lo hiciera una editorial, pues solo podría proveer libros de SU fondo.

    – A Manuel Nicolás: existe la posibilidad de desendescargarlo. Overdrive lo hace. Tú descargas el libro o disco (no sé si con películas también funciona… yo lo probé con un disco), y lo puedes tener 15, 20, x días en tu PC para escucharlo, leerlo, etc. Cuando el plazo expira, el documento en cuestión pasa a la siguiente persona que lo estuviera esperando, o en caso de que no hubiera nadie en lista de espera, pasa a estar disponible en el catálogo para el primero que se lo lleve.

    – A Manuel Gil: en EEUU no sentó nada bien la limitación del número de préstamos de los libros electrónicos (algo que no estaba previsto de salida y que Harper Collins impuso como condición a Overdrive para poder ofrecer sus libros a bibliotecas). A mí tampoco me parece correcto, más que nada porque entramos en terrenos pantanosos (cuando una biblioteca compra un libro físico, no lo está “alquilando por un tiempo limitado” sino comprándolo, punto; y te puedo asegurar que la mayoría de los libros no se vuelven a comprar después de 10-15 préstamos, y menos con los tiempos que corren; acabo de dar de baja una peli que ha durado 145 préstamos).

    Personalmente, creo que la industria editorial está tan #echaunlío con el tema digital, que bastante tienen con pensar en cómo van a poner su catálogo a disposición de los lectores como para haber pensado ni siquiera en las bibliotecas. Somos el último mono (o el penúltimo…) en la cadena del libro, y creo que en general, desde las editoriales, se nos valora bastante poco (que no están pensando en nosotros es un hecho; que nos valoran poco, solo mi percepción).

    Gracias por el post. Me voy a recomendarlo en Twitter. Gracias a Álvaro por haberlo compartido. Saludos 🙂

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  2. dos apuntes a botepronto:
    1) no conozco con detalle el motivo por el que las bibliotecas compran a librerías, pero supongo que responde a un proteccionismo que otrora tendría sentido, pero que hoy no acabo de ver claro. Sé que algún librero se me echará a la yugular, pero tengo la sensación de que como sucede con las farmacias, es necesario optimizar el gasto, la compra al mayor sin intermediarios y con descuentos sustanciales. El dinero de todos tiene que ser bien empleado. Y en estos tiempos, más aun.
    2) respecto al libro electrónico, las dificultades estriban precisamente en tratar de utilizar los mecanismos de venta al usuario, que “no sirven” para las bibliotecas. Mucho más eficiente sería que el ministerio financiase y articulase un sistema exclusivo –¿un servidor central al que las bibliotecas tuvieran acceso?– para abastecer a las bibliotecas, con un control de lecturas. Incluso aunque para ello los editores tuvieran que “editar” un formato específico para tales necesidades (me refiero a un pdf o e.pub con especificaciones concretas).
    El tema da para mucho más, espero poder seguir esta conversación un día de estos en el “santuario”. Salud, don Manuel.

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  3. […] Gil a través de: La venta de libros electrónicos a bibliotecas « Antinomias Libro. […]

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  4. Manuel Nicolás Cuadrado 23/01/2012 en 11:02

    En este caso y aunque parezca obvio, interesa distinguir entre lo que se hace DENTRO de la biblioteca y lo que se hace FUERA de la misma.

    DENTRO de la biblioteca el concepto de libro electrónico tendría que disponer de sendos y variados puntos de consulta compuestos por ordenadores decentes con acceso a una plataforma propia de cada biblioteca, en donde se mostrara el fondo bibliográfico electrónico “capado”, es decir, en modo “solo lectura”, como algunos PDF, que no permiten ni la copia ni la impresión. La lectura así sería parecida a la del libro en papel y valdría tanto para los libros como para las publicaciones periódicas, solo que en modo pantalla. La inversión para la implantación o mejora de estos puntos de consulta entiendo que variaría en función del tipo de biblioteca.

    FUERA de la biblioteca, el modelo se complica, debido al propio concepto de “préstamo bibliográfico” y al propio concepto de “archivo electrónico”. En principio no habría problema en el “lugar” de la descarga. Ya sea en la propia biblioteca o desde el ordenador del hogar del prestatario, el usuario tendría que poder acceder a la plataforma de la biblioteca (con un sencillo proceso de registro, como se hace en millones de páginas-web). La descarga se haría en el anterior “sistema de solo lectura”, con lo que no podría ni copiar ni imprimir el archivo, solo podría tenerlo descargado en el ordenador o en el dispositivo que disponga. Por supuesto todo esto es teoría. Desconozco si tecnológicamente hablando existen o pueden existir estos “archivos en modo solo lectura” y si los mismos son fáciles de “crackear”. Y además nos encontramos con la dificultad añadida del préstamo. ¿Cómo devuelves ese archivo? ¿Habrá alguna manera de “desendescargarlo”? Solo se me ocurre que el propio archivo tenga un “reloj interno” que por ejemplo cada mes se borre automáticamente, aunque no sé si se me va la olla o es que soy demasiado aficionado a la ciencia ficción.

    En cualquier caso y se adopte el sistema que se adopte, D. Manuel vuelve a tener razón: lo cierto es que hay que vender más a las bibliotecas (y a todos) sea libro en papel, libro electrónico o en modo de implante subcraneal.

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  5. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Cualquier estudioso de la comercialización y la distribución sabe que hay tres conceptos para explicar la demanda: existe una demanda principal, una secundaria y una tercera que se denomina emergente. En el caso del sector de…..

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