Hace unos días quedé con Daniel Moreno (Capitán Swing) y María Moreno (Veintisiete Letras), dos editoriales que tengo entre mis favoritas debido a la enorme calidad de los textos que publican, para ir a ver una librería-café de reciente creación (La marabunta), y después aprovechamos para charlar un rato de la marcha del sector y de la situación general de la edición. En el curso de la conversación apareció el tema de la «visibilidad». Ambos me decían que yo he insistido mucho en este tema y que su experiencia les dice que no es suficiente, insistían en que podía haber un problema de distribución, pero que no era el problema central, sino uno de marketing, es decir, de la capacidad de inducir demanda. Llevaban razón, estoy de acuerdo. La conversación apasionada con ellos me lleva a intentar reflexionar con detenimiento sobre el problema.

La visibilidad es una condición necesaria pero no suficiente para vender. Un principio muy usado en marketing es el de considerar que lo que no se ve no se puede comprar. En primer lugar el editor debe recurrir a una estrategia push (presión) extensiva (en función del titulo a implantar se puede determinar en qué tipos de punto de venta debe estar presente el libro) en cuanto a la implantación de un determinado título en el canal de distribución y puntos de venta, este parámetro estratégico es fundamental pero hay que acompañarlo de algunas cosas más. En segundo lugar debe implementar una estrategia pull (aspiración) de inducción de demanda. ¿De que hilo tirar? Si los suplementos literarios ya no prescriben, o prescriben muy poco, ¿qué hacemos?, ¿recurrimos a las redes sociales generalistas? Pues creo que no, las redes y los grupos de amigos de las mismas pienso que son un bucle infinito que se retroalimenta a si mismo, y tengo más que dudas sobre la utilidad de que un trabajo en las redes haga que un libro desate su venta. En realidad, cuando veo en Facebook la reiteración de un editor en comunicar sus «cosas», es decir, lo que a él le importa (lo que no quiere decir que sea importante ni siquiera para gente que tiene catalogada como amigo), pienso que está perdiendo el tiempo miserablemente, a esos «amigos» les importa tres pitos sus apuestas y los anuncios de sus eventos. Hace un tiempo me decía un editor que había suprimido como amigo a otro editor de la competencia ya que lo tenía inundado de mensajes como este: «debéis leer la entrevista con mi autor riojano X que ha sido entrevistado en un diario de Melilla». Este chico me decía una cosa que le daba la razón: «si quieres mi tiempo y mi atención dame algo a cambio». Otro tema bien distinto es cuando existan redes especializadas en lectura y libros con la suficiente audiencia como para poder prescribir con poderío, aquí el marketing y la venta sí pueden ser posibles.

El pensar que la red es conversación es incluso discutible. En muchos casos creo que es monólogo, y lo máximo que puedes esperar es que tus colegas habituales pinchen el «me gusta», que no implica nada y menos comprar, que, no lo olvidemos, es de lo que se trata, el resto es filosofía para ociosos. No olvidemos que el buen marketing es el que hace vender y sonar la música celestial de la caja registradora. Hay algún editor que transmite que hay alguna cosa que si les ha funcionado, veamos. Disponen de una buena base de datos de blogueros/as –segmentados en función del tipo de libro que comentan, es decir, por áreas de conocimiento y materia de los libros– y con ocasión de un lanzamiento les llaman, les explican el lanzamiento y les presentan el libro. Esta opción supone tener controlado qué tipo de libros suele comentar cada blog, la audiencia que tienen, y ser muy cuidadosos (surgen recelos lógicos) a la hora de que no aparezca que ciertos blogs son apéndices de propaganda gratuita de una editorial. En este modelo hay unanimidad en cuanto a que esto funciona. En realidad sería el equivalente a presentar el libro a numerosos periodistas de medios tradicionales. La ventaja que esto tiene es doble: son blogueros/as con audiencia; y, lo que es más importante, se les presupone una absoluta independencia, lo que conlleva que si tienen un nivel alto de tráfico en sus blogs las posibilidades de prescripción sean altas. Este modelo supone una compresión dialéctica del editor muy compleja, pues también debe estar preparado para una mala crítica o una prescripción negativa.

Se da también el caso de blogueros-consultores-hacedores de webs que presionan insistentemente a la industria editorial para migrar en exclusiva hacia las redes sociales, bajo una retórica de buhoneros repiten cansina y machaconamente la cantinela que yo llamo el algoritmo de las tres Ces (3C):

  • comunicación: iniciar temas, hay que ser ingeniosos y chistosos (algo parecido a Chiquito de la Calzada en versión cultureta), y esperar debates (no hay debates, hay pinchazos compulsivos sobre el botón «me gusta»);
  • conversación (no hay conversación, hay un monólogo monocorde parecido al club de la comedia);
  • comunidad (no hay comunidad, puedes tener 3.000 amigos feisbukeros y no vender una escoba, ni siquiera poder llenar una presentación de más de 12 personas);

y con un problema añadido, la fragmentación del discurso en función del soporte, es decir, el soporte ha acabado por formatear el discurso: 45 líneas, 140 caracteres, 5 tuits al día como prescripción medicamentosa, etc… Al fin y al cabo no cuesta nada el apuntarse a un grupo, tienes la sensación de no estar sólo, de identificarte con algo, pero esto no implica que tu adscripción al grupo implique una identificación con la marca, ni con sus valores tangibles o intangibles, en el campo editorial no es posible identificarte con la marca al margen del contenido. ¿Significa esto que todos los consultores son iguales? Para nada. Hay consultores editoriales, al menos yo conozco a tres o cuatro, que son capaces de decirte cómo vas a ganar dinero, qué retorno puedes esperar en una determinada horquilla, o si tus ventajas competitivas se han evaporado y debes reinventar tu modelo.

¿Qué se puede hacer entonces para llegar al nicho o al micronicho susceptible de tener interés por un libro determinado? Volver a los principios y a los fundamentos, volver a la librería, al librero y al marketing de bases de datos y fidelización. Sobre el papel la inducción de demanda se produce por dos vías principales: o por publicidad o por prescripción. La teoría de que el desplazamiento de las audiencias implica desplazar el eje del marketing presenta una seria debilidad. No tiene en cuenta la hiperfragmentación del mercado. El proceso de generación de demanda cuando no se puede localizar donde está el target puede implicar establecer un diálogo con una estructura selectiva de libreros y ver a cuantos clientes les puede interesar el libro (ellos conocen quien compra qué, el editor no); en este proceso es importante también el tener una actitud cuidadosa con el librero, pues éste es el que decide (como no puede ser de otra manera) la oferta que conforma en su tienda. Y aquí sí que es importante la conversación, en este sentido hay que estar preparados para recibir un no por respuesta. La reunión de presentación del plan de novedades editorial a seis meses a los libreros funciona hoy igual que funcionaba hace años. Junto a esto recurrir a desarrollar potentes bases de datos segmentadas, no olvidemos que las librerías tienen una cosa importantísima, su caja registradora es una fuente de información vital, con una simple tarjeta que se pase por un punto de venta se puede conseguir una información valiosísima para saber quien compra qué, dónde, a qué horas, que días, de que materias, etcétera.

La situación actual de la edición es cierto que implica una fuerte asimetría entre la importancia cultural e innovación narrativa de las apuestas del editor y el nivel de visibilidad y venta que se alcanza para determinados títulos. ¿Le echamos la culpa al mercado, al distribuidor, al punto de venta? Estamos ante un «gap» que hay que intentar superar, pero que no es nada fácil. Es evidente que el editor pequeño debe integrarse en estructuras más grandes, eso no implica perder sus señas de identidad, sino superar un minifundismo y una opacidad que se convierte en una losa para este perfil de editores, de cara a decenas de temas en los que el tamaño y la envergadura resultan vitales. Sinergias, apoyo, reducción de costes, visibilidad compartida, impresión bajo demanda, son valores editoriales en alza, y recurrir a la librería y al librero acabará por cotizar en bolsa. El editor que quiera sobrevivir en un entorno tan apasionantemente incierto como el que vivimos tendrá que integrarse junto a otros editores en arquitecturas de mayor envergadura. Esta opción es absolutamente ineludible y se está convirtiendo en un imperativo de mercado, no sé si al modo «contexto» o «sintexto».

Pero estamos ante un ecosistema de mucho humo y ruido. Es por eso que cuando veo la proliferación de cursos, cursillos, talleres, etcétera, que se hacen creo llegado el momento de prejubilarme, retirarme a un Yuste epistemológico en Albacete o irme a plantar fresas al Valle del Jerte. Inaudito, ahora resulta que existe la posibilidad de saber lo que se venderá dentro de dos años. Esto es un engaño con coartada. En el campo editorial hablamos de ideas, contenidos, palabras, frases, oraciones, historias… ¿alguien puede ser tan presuntuoso de poder decir a un editor lo que se venderá dentro de 6 meses? En un sector inundado por una retórica del desanimo hay personal vendiendo la retórica del nirvana. Veo con preocupación que muy mal debe estar el sector para recurrir a prácticas nigrománticas, o mejor dicho, a chistes de Lepe. Al final lo que se impone son las matemáticas, el control de costes, el control de gestión, la cuenta de resultados, el balance, el retorno de la inversión, y mimetizarnos con los puntos de venta, o lo que es lo mismo volver a la retórica del empresario o del tendero. Dejo para una próxima entrada unos comentarios sobre la formación en el campo editorial, ahora que veo que proliferan como setas los cursillos de deformación editorial.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

9 Comentarios

  1. Manuel, muy necesarias tus reflexiones; desde la microatonomía de La Rioja nos hemos empeñado varias editoriales en ser aún más visibles, y hemos desarrollado la plataforma de difusión lomejordelaedicionriojana.com
    Deseamos promover las obras editadas en Rioja con una excelente calidad editorial, según nuestros criterios. Es decir, fomentar la proyección social de las editoriales riojanas creando un escaparate cualificado de obras seleccionadas, no necesariamente novedades.
    Gracias por tus reflexiones,

    Responder

  2. […] Visibilidad,demanda y redes « Antinomias Libro. Tags:Manuel Gil,Marketing editorial | Category:Artículos,Librerias,Marketing editorial,Ventas | % Leave a comment Deja un comentario Cancelar respuesta  Nombre (required)  Correo electrónico (will not be published) (required)  WebYou can use these HTML tags<a href=""title=""><abbr title=""><acronym title=""><b><blockquote cite=""><cite><code><del datetime=""><em><i><q cite=""><strike><strong> Twitter Authorizing Twitter Stream with Twitter is no longer optional. You need to go to the Twitter Stream Authorization page in the WordPress Admin (under settings) before your tweets can be shown. Comentarios recientesNubeActualidad editorialAmazonAnatomia de la ediciónAntinomias del libroAppleBeacatBibliotecasCalendarioCedroCenshareCentros comercialesCitas de InterésComercio exteriorComercio interiorComunitariaDavid BravoEdicions 62EditoresEditorialesFeriasFGEEFranciaFree CultureFuturos del libroGECGoogle booksHábitos de lecturaIgnasi LabastidaInformeInformesJavier CelayaJavier de la CuevaJoaquín RodriguezLecturaLegislaciónLiberLibreríasLibrerías independientesLibrosLibros sobre librosLibroWebManuel GilMarketingMarketing editorialnacionalNoticiasobras huérfanasoverdrivePensamientoPinguiinPrecio del libroPropiedad intelectualsoftware editorialTabletasCitas de Interés05/10/2011 to 07/10/2011Feria Internacional del Libro. Madrid 5-7 octubre 2011Feria de Madrid,MadridEspañaMás info27/10/2011 to 30/10/2011Free / Libre Culture ForumCentro de Arte Santa Mónica,Sala Apolo,Varios,BarcelonaEspañaMás infoView All EventsBlogs de interésActualidad editorialAntinomias del libroBearcatEl ojo fisgónLos futuros del libroEntidadesCEGALDILVEEl Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el CaribeFANDEFGEESinliLibro digitalProyecto enclaveSoftware editorialCalibre. Ebook managementCenshareEditecWinEl software Editorial IntelligentGrupo TrevenqueqsystemsVerialVideo formaciónIdeas worth spreadingMassachusetts Institute of TechnologyUnivesity of California TVVideo lecturesMetaRegistrarseAccederRSS de las entradasRSS de los comentariosWordPress.org […]

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  3. Manuel muy interesante y completa tu reflexión, tus palabras me ayudan a pensar y a aprender.
    Y con ánimo de seguir haciéndote reflexionar y de que no te retires 😉 te planteo esta pregunta.
    ¿Qué hay de las tiendas a través de facebook? Telepizza por ejemplo ha incorporado la tienda en su página de facebook, así la red social no sería sólo un escaparate.

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  4. Maestro,

    Continuando la conversación a partir de sus propuestas: entrada en Pensódromo [21] Conversación y ventas

    La trasladamos también aquí para sumarnos a la participación de Julieta, sinerrata y Quique.

    Conversaciòn y ventas

    Quien no tenga claro que “la visibilidad es una condición necesaria pero no suficiente para vender” tiene un problema. Por experiencia como proveedores de servicios de comunicación hemos sufrido en carne propia esa disyuntiva. “Me he gastado tanto en visibilidad… ¿Cómo es que no vendo más?” Es una idea que tarde o temprano te llega cuando realizas un servicio para una editorial, sobre todo, si es de corte tradicional (léase, en el paradigma libro).

    Es cierto que un principio muy usado en marketing (tradicional, el que se enfoca más al producto que al cliente) es el de considerar que “lo que no se ve no se puede comprar”. Sucede, especialmente en el mercadeo enfocado al usuario, que a veces éste compra algo que “no ve” pero “conoce”: por interés, por boca-oreja, porque le ha sido prescrito por un nodo de valor, etc. Es importante pues establecer cuales son los objetivos de una campaña de visibilidad, y cuáles los de una campaña ¿de diseminación? Porque habrá que irse acostumbrando a que en la edición [21] cada vez más comercializaremos con valores que “no vemos”… Con valores que “ve y toca” el usuario tras elegir un formato o un soporte según sus necesidades.

    Está claro que un editor debe recurrir a una estrategia push (presión) extensiva “en función del titulo a implantar”. No todo sirve para todos los productos / servicios. La determinación de en qué tipos de punto de venta debe estar presente el libro… Todo eso es tema primordial en el paradigma libro, pero no tanto en la edición [21]. ¿Para la implantación de un determinado título en el canal de distribución y puntos de venta, este parámetro estratégico es fundamental? Lo es cada vez menos. Lo es cada vez menos, si tenemos en cuenta los datos ofrecidos por Manuel Gil en su entrada Las cifras de la edición 2010: de la epopeya a la elegía (o sobrealimentado de datos e infranutrido de información). . Algunos editores, en privado, ofrecen unos datos que pueden perjudicar seriamente la salud.

    ¿Implementar una estrategia pull (aspiración) de inducción de demanda? Eso funcionó en el paradigma libro, durante un tiempo. En la edición [21] pensamos que ya no. Es cierto que nadie ha ahogado la suficiente cantidad de gatos como para decantar un mapa de ruta extrapolable al conjunto de la actividad (si es que realmente un éxito incontestable resulta extrapolable); pero lo que parece cada día más claro, es que el lector [21] no gusta de ser inducido a ninguna compra: quiere que se le traslade valor en las acciones comerciales; quiere tener conocimiento de productos y servicios pero solo cuando son de su interés. Porque si el tema no interesa a un usuario lector, de nada servirá esa estrategia. El reto por tanto para los editores es saber quiénes y dónde están los interesados en el tema propuesto. Y aquí las redes sociales, la “gran convernsación” que tiene lugar en la red (que hay que saber escucharla e interpretarlas) son un factor crítico.

    ¿De que hilo tirar? “Los suplementos literarios ya no prescriben, o prescriben muy poco”, eso es un hecho que hay que admitir sin reservas de una vez por todas y hacerlo extensible a todos los medios de comunicación tradicionales. ¿Qué hacemos? ¿Recurrimos a las redes sociales generalistas? La respuesta a esta cuestión simple no es sencilla. Depende. Si se abordan las redes sociales como si se trataran de medio tradicionales o de canales prescriptivos per se, ocurre lo que comenta Manuel: que las redes y los grupos de amigos de las mismas se convierten en un bucle infinito que se retroalimenta a si mismo, que aporta serias dudas sobre la utilidad de que un trabajo en las redes haga que un libro desate su venta.

    Es cierto que la mayoría de los muchos perfiles de editores que vemos en Facebook se caracterizan por la reiteración en comunicar sus «cosas», es decir, lo que a él le importa (lo que no quiere decir que sea importante ni siquiera para gente que tiene catalogada como “amigo”). Y estamos de acuerdo con Manuel: ¡están perdiendo el tiempo miserablemente! Porque a esos «amigos» les importa poco sus apuestas y los anuncios de sus eventos.

    Está claro que un mercadeo centrado en el usuario ha de tener como máxima esta respuesta por su parte: «si quieres mi tiempo y mi atención dame algo a cambio». Es decir, hay que aportar tanto en las acciones de visibilidad como en las de diseminación, un valor específico (cosa mucho más fácil de decir que de hacer, ciertamente).

    Otro tema bien distinto —estamos de acuerdo— es cuando existan redes especializadas en lectura y libros con la suficiente audiencia como para poder prescribir con poderío, aquí el marketing tradicional y su influencia sobre las ventas sí pueden ser posibles.

    ¿Pensar que la red es conversación es incluso discutible? La respuesta a esta cuestión sencilla, también es “depende”: En muchos casos, como apunta Manuel, “se tiende a convertir en un monólogo, y lo máximo que puedes esperar es que tus colegas habituales pinchen el «me gusta», que no implica nada y menos comprar, que, no lo olvidemos, es de lo que se trata, el resto es filosofía para ociosos. No olvidemos que “el buen marketing es el que hace vender y sonar la música celestial de la caja registradora”.

    ¿Hay alguna cosa que si ha funcionado? Veamos. Disponer de una buena base de datos segmentada es fundamental y, por lo que ha sido nuestra experiencia, una de las grandes cosas pendientes del sector. Muchísimos editores consideran base de datos la serie de carpetas en el gestor de correo electrónico.

    “¿Se da también el caso de blogueros-consultores-hacedores de webs que presionan insistentemente a la industria editorial para migrar en exclusiva hacia las redes sociales, bajo una retórica de buhoneros repiten cansina y machaconamente la cantinela que yo llamo el algoritmo de las tres Ces (3C)… comunicación, conversación y comunidad?“ ¡Por supuesto! Uno de los problemas que más veces enfrentamos en nuestra experiencia en ese campo tiene que ver con la ausencia de una comprensión “profesional” de las modas y fenómenos sociales. Se comenta que muchos editores no leen lo que publican… Quizá sea así. Pero de lo que estamos seguros es que muy pocos editores se han tomado la molestia de aprender alrededor de estos temas cosas que si aprendieron por ejemplo sobre el mundo del papel, o la comercialización tradicional. Desconcertados por la rapidez de los cambios o por los cambios mismos, a la mayoría le cuesta salir del titular del gurú o de la influencia comercial de los medios (que cada vez más han travestido su valor periodístico en prescripciones comerciales… el caso de los medios y Apple, es de los más llamativos: jamás se ha hecho tanta publicidad gratuita vestida de información periodística).

    ¿Significa esto que todos los consultores son iguales? Para nada: algunos se toman la molestia de conocer al cliente y meterse en sus tripas no con la idea de implementar “su” solución, si no con el fin de generar una solución para ese caso concreto. Lo que no siempre es fácil: porque cuando un cliente contrata un servicio lo contrata para resolver mejoras, no para que le insistan en que lo tiene todo patas arriba Y como se trata del mercado real, finalmente es el presupuesto el que manda y el que obliga a establecer prioridades. Es lo que tienen los planes reales, que jamás son perfectos. Es esto, en la mayoría de los casos, lo que muchas veces deja un vapor de insatisfacción en el ambiente: se olvida con mucha facilidad que se apostó por una solución económica y ajustada, cuando se esperan resultados fulgurantes y espectaculares.

    ¿Qué se puede hacer entonces para llegar al nicho o al micronicho susceptible de tener interés por un libro determinado? Estamos de acuerdo con Manuel: “Volver a los principios y a los fundamentos, volver a la librería, al librero y al marketing de bases de datos y fidelización”. El tema es si volvemos a las bases desde el paradigma libro o desde la edición [21]; si volvemos pensando en clave producto o en clave usuario: dónde pongo mi libro o qué necesitan mis lectores.

    Es cierto, compartimos, que “la teoría de que el desplazamiento de las audiencias implica desplazar el eje del marketing presenta una seria debilidad, porque no tiene en cuenta la hiperfragmentación del mercado”. Lo que no significa, por débil que sea, que no tenga que tenerse en cuenta. La argamasa de los nuevos mercados es fina y muchas veces cruda. Y en este caso estamos ante un cambio de paradigma tan radical, que los procesos de generación de demanda por sí mismos no son suficientes para localizar el target ni establecer un diálogo con una estructura selectiva de libreros.

    Es cierto que el nodo librero es delicado. Es cierto que muchas empresas libreras pasan por dificultades; pero en la edición [21] —así lo entendemos y así lo estamos trabajando— el encuentro editor-librero se da a medio camino. Es decir, las dos partes han de recorrer un trecho. Unos planteando nuevas formas de editar y nuevas formas de comecializar y otros, planteándose nuevos horizontes más-allá-de-los-libros. Una conversación comercialmente fructífera sólo tiene lugar entre dos partes en movimiento: porque cuando el editor [21] llega a una librería tradicional a ”conversar” es muy probable (lo sabemos por experiencia) que le den con la puerta en las narices.

    ¿El editor pequeño debe integrarse en estructuras más grandes? Claramente estamos de acuerdo con Manuel: “El editor que quiera sobrevivir en un entorno tan apasionantemente incierto como el que vivimos tendrá que integrarse junto a otros editores en arquitecturas de mayor envergadura. Esta opción es absolutamente ineludible y se está convirtiendo en un imperativo de mercado”.

    ¿Estamos ante un ecosistema de mucho humo y ruido? Si, las grandes transformaciones tienen eso; pero no invalida ni un ápice que el cambio que estamos viviendo es real; es decir, que “al final lo que se impone son las matemáticas, el control de costes, el control de gestión, la cuenta de resultados, el balance, el retorno de la inversión…”

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  5. Querido Manuel,

    Me uno al movimiento en contra de tu jubilación anticipada. Predicar en el desierto es muy duro, pero si además los pocos que parece que ten encuentras hablan arameo mucho peor. No estamos preparados ni mucho menos para la que se avecina, no hay análisis, ni autocrítica, ni en definitiva ganas de cambiar. Lo que venga lo afrontaremos a la española, calándonos la montera e improvisando, eso se nos da de cine. Es paradójico que los profesionales del sector del libro lean tan poco. Ya lo denunciabas en tu anterior entrada, casi ningún editor está suscrito a Texturas.
    John B. Thomson en su magnífico libro “Merchants of culture” identifica en su capítulo final como uno de los problemas de la comercialización del libro (“troubles in the trade” los llama) la mal llamada cuestión de la “diversidad de lanzamientos”, consecuencia directa del cortoplazismo o “short-terminism”. Como bien explicas los grandes editores en su afán de expulsar a los otros y ganar visibilidad han inundado los espacios de venta, él lo llama diversidad de output o de “lanzamientos”, que es muy distinta a la diversidad real, la del mercado, la de los libros que realmente son conocidos, comprados y leídos.
    Son muchos los títulos que salen pero la oferta es horizontal u homogénea, buscando todos al ganador que es quien se llevará la parte más jugosa del mercado. La “estrategia push” la han practicado muy bien los grandes grupos editoriales que son los que han contado con pulmón financiero dejando sin espacios a los pequeños y voluntariosos editores y que son los que realmente generan la diversidad del mercado.
    Las reglas del juego cambiarán en breve, con las grandes cadenas mirando más los costes que las ventas, los pequeños deberían hacerse con el bastión de las librerías independientes, que no son pocas. Los libreros estamos hastiados de pedidos automáticos, de devoluciones masivas, de planes editoriales sin sentido. Nadie nos pregunta (y se nos gana con muy poco), tan sólo pedimos que se nos escuche y que nuestras plegarias sean en ocasiones tenidas en cuenta, vivimos de los libros que se venden, de los que no se venden viven las industrias papeleras y las de logística y no creo que ningún librero se guarde para sí sus ideas sobre cómo mejorar un determinado plan de publicación.

    Un abrazo y gracias por permitirnos contar con un espacio para reflexionar y debatir.

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  6. Me uno a la petición de Julieta, por favor no se jubile. Para una editorial nonata y, por tanto, inexperta, que bucea en este océano de información, opiniones, vendedores de humo y proclamadores del miedo a lo desconocido que es internet y las redes sociales, leer un post como este es como hacer tres másters seguidos. Gracias por poner un poco de sensatez a este maremagnum.

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  7. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Hace unos días quedé con Daniel Moreno (Capitán Swing) y María Moreno (Veintisiete Letras), dos editoriales que tengo entre mis favoritas debido a la enorme calidad de los textos que publican, para ir a ver una librería-café …..

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  8. Es curioso que justamente hoy esté preparando un post sobre la formación de editores en las carreras y másters de edición y parte de lo que dices me viene como miel sobre hojuelas.
    Hace ya casi tres años que estoy alejada de la realidad de esos cursos en España, pero aquí, en Buenos Aires (que este año será capital mundial del libro por decisión de la Unesco), la carrera de edición de la UBA se dicta en la Facultad de Filosfía y Letras.
    Nada que reprochar, porque de Letras vengo. Pero cuando pienso en lo muchísimo que tuve que aprender del mundo de la empresa (una editorial no es otra cosa, aunque su objeto sean las ideas y la literatura) y aprenderlo a marchas forzadas; lo que tuve que invertir, de tiempo y dineros, en un MBA que me permitiera entender ese otro mundo, me pregunto si estamos formando realmente a los editores del futuro.
    Una cosa te pido, por favor: no te retires ni prejubiles. Podrá parecer soberbia generacional, pero me parece que si nosotros nos marchamos a descansar de tanta tontería como se oye por ahí, no quedará nadie que tenga la doble experiencia del amor a los libros y del amor al comercio de los libros. Y es el momento de que prediquemos con el ejemplo. Porque de grandes editores del pasado hemos aprendido nosotros.

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