Una de las paradojas que aparece en el último informe de Comercio Interior del Libro en España 2009 respecto a la situación editorial es la de observar como el número de empresas privadas y agremiadas sigue creciendo año tras año (en los dos últimos años más del 10%), a pesar de la crisis y de la insostenibilidad de los modelos. Pero junto a ello, el dato de que en un solo año se ha perdido casi el 10% del empleo debería llevar a reflexionar sobre la situación del sector editorial.

Veamos los siguientes gráficos:

En cuanto al empleo veamos el gráfico de situación:

El empleo directo en el sector ha perdido en una año casi el 10%. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Pues que la inexistencia de barreras de entrada a la edición posibilita el que se constituyan microempresas editoriales de una o dos personas, lo cual está muy bien desde el punto de vista de la bibliodiversidad cultural, pero en un mercado hiperfragmentado debería llevarles a reflexionar sobre la necesidad de integrarse en estructuras de mayor tamaño y envergadura. Me refiero aquí a constituir grupos de editores independientes asociados horizontalmente para poder ganar visibilidad y fuerza en los canales de distribución, y dotar de robustez y viabilidad comercial y financiera a sus proyectos. Junto a esto, la pérdida de empleo es más que probable que provenga de recortes de plantilla (downsizing) en el grupo de editoriales muy grandes y que tienen en el libro de texto un eje capital de su negocio, no debemos olvidar que los libro de la ESO han caído un 24,3%, y el epígrafe de «libros y material complementario» (apoyo al texto) un 28,2%. Caídas escalofriantes como para que no afecten al empleo. Pero no descarto que también haya habido alguna editorial que ha aprovechado la coyuntura para hacer limpieza injustificadamente.

Una última reflexión al hilo de todo esto, se hace imprescindible un plan de reconversión del libro, pero no derivado de la crisis ni de la piratería, sino de la insostenibilidad de unos modelos que hunden sus raíces no ya en el siglo XX, sino en el siglo XIX.

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Escrito por Manuel Gil

Nacido en Albacete, es licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Dirección Comercial y Marketing por el Instituto de Empresa y miembro de la primera promoción del Programa Avanzado de Dirección de Empresas Editoriales del Instituto de Empresa. Tras más de 35 años de experiencia profesional en importantes empresas del sector del libro –Cadena de Librerías 4Caminos, Paradox Multimedia, Marcial Pons, Ediciones Siruela, Odilo TID– en la actualidad compagina con su labor como profesor de diversos Masters en España y América con tareas de consultoría en el sector del libro.

10 Comentarios

  1. María Moreno 12/11/2010 en 18:11

    Manuel, ¿a qué se debe la caída del libro de texto?

    Sobre las microeditoriales: efectivamente, suelen ser proyectos personales de una o dos personas que han de afrontar todas tareas, las “místicas” y las “terrenales”, de forma más o menos profesional. La reflexión y la gestión del “pensamiento colectivo”, y más si es transparente, Pablo, exige mucho tiempo, tiempo que, normalmente, una microeditorial debe dedicar primero a lo urgente y después a lo importante (o al revés)… Y ahí vamos.

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    1. María, no estoy de acuerdo con lo de que el tiempo apenas llega para atajar lo urgente, y que es normalmente imposible abordar lo importante y lo necesario. Los recursos (tiempo, dinero, personas) explican si quieres lo “micro”, la cantidad de novedades por año… cosas recursivas, entiendo, y por tanto son cosas sujetas a gestión. No creo que justificaras por falta de tiempo que un libro saliera publicado con faltas de ortografía… Yo hablo de conductas, de formas de pensar, de acciones y de voluntades. Para mi es un hecho -salvo filias y fobias- que las pequeñas editoriales van cada una a lo suyo y que esa es la verdadera dimensión de lo “independiente”. Pensar, o reflexionar sobre la edición, teniendo como centro del negocio el libro en papel o los corpus lingüísticos, no es un recurso. Y así vamos…

      Responder

  2. Es posible que no haya llegado aún el momento intencional de agrupación de pequeños editores. Se tendrá que dar una parada ante un horizonte más calmo para que editores quijotescos y pequeñas editoriales se lancen a esgrimir sus proyectos personales en conjunto, asociándose como ya lo hicieran los siete de Contexto.
    De momento, esas microeditoriales se están fortaleciendo frente a las grandes porque saben ocupar el nicho de mercado que les corresponde y porque se han visto frente a un cambio en el perfil del lector-usuario-comprador que, prácticamente, les está llegando a las manos por estar justo donde deben: se trata de una retroalimentación. Corregidme si la búsqueda y el encuentro de (sus) lectores, para las pequeñas editoriales, no es más fácil hoy que hace un par de años.
    Los grandes grupos, a mi parecer, se están tropezando en estos momentos con escollos inesperados: no se vende tanto lo premeditado como bestseller (luego las campañas no funcionan igual de bien y, como se ha apuntado, la crisis económica no es la única ni muchísimo menos la más certera excusa, por no hablar de los piratas sin loro), pero sí se venden títulos susceptibles de ser tildados como material de editoriales medianas y pequeñas. En fin, que vamos de sorpresa de sorpresa redefiniendo tanto al nuevo lector como al nuevo consumidor de novedades, muchas veces el mismo sujeto que usa, lee y tira.
    Que el sector editorial se amalgame en nuevas familias de proyectos y/o intereses afines es cuestión de tiempo, pero claro, para ello las circunstancias, repito, deberán ser otras, y pienso que vendrán dadas por un lector distinto que se identificará (esperemos) con un mercado al que miramos, que prevemos, que algunos saben, pero que desconocemos sobre el mapa. Nuestra atención está puesta hoy en el lector hasta el punto de temer sus movimientos. Antes, cuando no se producía para lectores, se fabricaban lectores. Ahora que comprobamos cómo el lector (y no el “no lector” -nueva paradoja-) desestabiliza la cadena del libro, me pregunto, me sigo preguntando por qué yo misma sigo manejando un lenguaje y un sistema de ideas obsoleto: ¿será por que no nos hemos puesto de acuerdo en los parámetros de creación, aprendizaje y dación de un nuevo sector del libro y por ende, del contenido? ¿O será por que cada cual va a ir a lo suyo, sin convenir más reglas que las ya marcadas por la vieja economía de mercado?

    Gracias por su maestría, Manuel.

    Saludos.

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  3. Maestro Manuel Gil,

    Interesantísima su entrada, invitadora como siempre.

    Bien… pero ¿y si fuera precisamente por eso? ¿Y si la crisis y la insostenibilidad del modelo estuviera lanzando al ruedo a más de uno? Muchos son los que leen “crisis del modelo industrial del libro” y no tanto “crisis del mundo del libro”. Y muchos son también los que en tiempos como estos, encuentran refugio en la poética de sus sueños editoriales (espero no me oiga Joaquin). Durante este último año, directa o indirectamente, han entrado en contacto con Pensódromo cada vez más personas con ganas de defender un (micro)proyecto editorial… buscando asesoramiento, etc (Martin Gómez le podría decir otro tanto).

    Ustes plantea tres ejes de reflexiòn:

    1. reflexionar sobre la necesidad de integrarse en estructuras de mayor tamaño y envergadura

    ¿No es esto –idea que sabe comparto a título personal– una quimera que quizá deberíamos asumir como imposible? Dígame… no digo una época… dígame un momento en que cinco personal vinculadas al mundo del libro, todas ellas macanudas, todas ella juiciosísimas, hayan encontrado más puntos de acuerdo (y por consiguiente hayan emprendido algo conjuntamente) que de desacuerdo (y por consiguiente hayan tirado cada una por su lado). De acuerdo, hay unas pocas editoriales “culpequín” (ya sabe, culturales, pequeñas e independientes) aliadas en una serie de cosas… ¿Usted cree que sería gobernable una alianza de diez, quince editores en un contexto de más envergadura? Yo lo veo imposible a estas alturas (es decir, en los sótanos en que anda todo)… Porque -como dice Katz: “No hay razones ideológicas para que las cosas sean de una manera o de otra. Para crear esas estructuras habría que hacer…un recorte arbitrario y no preciso que obedeciera más a razones y afinidades subjetivas e interpersonales que a fundamentos que posibiliten acciones colectivas”. A estas alturas ya tenemos claro que los editores se unen para obtener prebendas particulares, no para la generación de políticas colectivas transparentes. Y que para hacer políticas colectivas transparentes, hay que ser capaz de estructurar un discurso que no dependa de la valoraciones subjetivas y difusas. Yo se lo he dicho en privado y lo digo públicamente: usted, Manuel Gil, es una de las pocas personas con capacidad de pensar colectivamente de forma transparente… que sus prevendas ya se las resuelve a título personal (este trabajo antinómico da fe de ello).

    2. un plan de reconversión del libro

    ¿Es posible asumir el diseño de un plan en un contexto con tanta incertidumbre… con un mercado tan por definirse? Tengo mis dudas (miles); pero participaría con gusto en un proyecto de esa magnitud… pero vuelvo al punto anterior: sólo seguiría a alguien con un pensamiento colectivo transparente… Lógicamente, participaría para obtener prevendas particulares 🙂 Bromas a parte, el mercado está hiperfragmentado… y más que sea a hiperfragmentar… ¿Se deshiperfragmentará en adelante? No lo sabemos todavía… ¿No debería por tanto esa reconversión plantearse en hiperfragmentos? Pienso que ahí hay un tema… Y para empezar, lo que sí que habría que hiperfragmentar -a pedradas si hace falta- son esos nodos institucionales hipercompactados que dicen representar al sector de la edición en su conjunto… Hay que rehacer todo nuevo… ¿Permitiría algo así nuestro amigo Antonio María?… ¿Qué papel jugaría en un proceso así la Dirección general del Libro…? Porque ya sabemos que si le pides fuego a la dirección para un pitillo, tienes que ir a buscar mechero a la FGEE… que además, no te deja fumar por ley. Me da que sería más fácil conseguir plata para encarcelar a mi hijo-que-se-descarga-una-peli-sin-pagar.

    3. insostenibilidad de unos modelos

    ¿Qué ocurre realmente cuando un modelo se vuelve insostenible? ¿Realmente es necesario libar recursos públicos para sostenerlo? Lo que ha pasado con la banca… como ciudadanos ¿no hubiéramos preferido algún cambio digamos más contundente? Porque eso de privatizar ganancias, estar por la desregulación pública, pero luego socializar pérdidas… El tema es dejar de llorar en almacenes lo que no se ha sabido comercializar como editor… ¿Y cómo ayudamos a pléyades hiperfragmentadas de editores a comercializar mejor sin intervenir los canales, los intermediarios… A mi personalmente me interesa mucho más el emprendimiento de resideñar sistemas, que participar de un parcheo colectivo (y vuelvo al punto primero: sólo haría una excepción si al frente de una montaña así hubiera alguien con cuchillo y tenedor muy conocedor de lo que se ha vuelto insostenible (eso es fundamental: porque de gurús-futurólogos vamos ya sobrados), y muuuy abierto de mente para abordar las grandes transformaciones ¡en gerundio! (porque de solucionadores “llave” para problemáticas “cerradura” también vamos bastante sobrados).

    Abrazos y continuamos.

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  4. Muy buen artículo. Iba a dar nuestra opininión, pero es que sería copiarle el comentario a David Soler que ha sido muy acertado.

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  5. Eso digo yo, por qué históricamente el sector ha propiciado que salgan microeditoriales. Yo creo que es por lo que representa el propio negocio: es un proyecto personal.
    Desde un punto de vista de visión estratégica de empresa a largo plazo uno pensaría que lo suyo es unir fuerzas pero el “problema” es que esos nuevos editores no piensan en su negocio como una empresa sino como un proyecto personal. Y no me parece mal, la verdad. Es muy respetable y más si les alcanza para vivir y para cumplir su sueño.

    Para mi el reto esta en encontrar sinergias entre las pequeñas y tratar de hacer lo que ahora llaman “una fusión fría” donde se comparten actividades comunes (logística, producción, administración, ¿ventas? ¿marketing?) pero las líneas editoriales son independientes. ¿Funcionaria? ¿Es posible?

    Responder

    1. Bueno, David, yo tengo muy claro que a todas les de para vivir. Quizá por eso también surgen tantas editoriales pequeñas, porque muchas de ellas mueren al poco de nacer y de ellas salen otras que vuelven a morir, etc. La rotación, como en las mesas de novedades, es muy alta. Eso también hay que tenerlo en cuenta.
      Y por otro lado, la postura de proyecto personal no debería estar reñido con un cierto concepto proyecto empresarial, lo cortes no quita lo valiente. Y ese es un déficit que ha sido mayoritario durante mucho tiempo en España. Confundir proyecto personal con alergia a las mínimas reglas básicas de un proyecto empresarial y comercial. Excusándose en que son proyecto culturales. Creo que en esas prácticas está el nivel de precariedad laboral y formativa que reflejan las cifras de las que habla el post.

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  6. […] Paradojas editoriales: crecimiento de empresas y pérdida de empleo […]

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  7. […] This post was mentioned on Twitter by Manuel Bragado, Jorge Portland. Jorge Portland said: Una lectura más realista sobre el sector editorial que la ofrecida en El País, es el post de hoy en Antinomias Libro: http://bit.ly/dmBGRW […]

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  8. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Una de las paradojas que aparece en el último informe de Comercio Interior del Libro en España 2009 respecto a la situación editorial es la de observar como el número de empresas privadas y agremiadas sigue creciendo año tras…..

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