El agujero negro del libro: matizaciones necesarias

Hace unos días me llamo una periodista de un periódico generalista para hacerme unas preguntas a través del teléfono. Normalmente nunca doy opiniones por esta vía, siempre pido que me envíen por email el cuestionario, las contesto por escrito y devuelvo por la misma vía. Ni que decir tiene que nunca se recoge la totalidad de lo que manifiestas, y en algún caso directamente ni te entienden, así que luego sale lo que sale. Imponderables del oficio. Viene esto a colación acerca de mi posición sobre el tema del precio fijo o único. Nunca, jamás, he defendido el precio libre, entendido como una cascada escalofriante de descuentos diversificados a los eslabones de la cadena de distribución y puntos de venta, sin existir un precio de referencia. Lo que hace ya algún tiempo escribí en la revista Texturas era un modelo teórico que consideraba interesante debatir ante una posible desaparición del sistema actual de precios en España, producto de políticas neoliberales muy agresivas y decididas. Lo que en varias ocasiones he sugerido y recomendado a Cegal es que debería comenzar a dibujar escenarios posibles y a proyectar futuribles, y en esta línea tener previstas políticas de autodefensa de las librerías. Esto se lo he transmitido en varias ocasiones a mis amigos Juan Miguel Salvador y a Fernando Valverde. Cualquiera que lea este blog, aunque sea esporádicamente, ha tenido obligatoriamente que ver que llevo varios años planteando que hay que diseñar un Plan Nacional de apoyo a las librerías. Dejo este tema así, pues creo que queda lo suficientemente claro.

Y refiero aquí algunas cuestiones que me llaman poderosamente la atención. No escucho que nadie diga que el 50% del comercio interior del libro está fuera del precio fijo, es decir, la venta de los editores (y también distribuidores) a todo lo que se mueve y respira, al margen de la distribución y los puntos de venta, es decir, las librerías. Preocupante, y así lo he manifestado en muchos post de este blog y en algunos artículos.

Tampoco he escuchado a nadie decir que las subvenciones a la producción editorial debían pasar por las librerías. En este blog he criticado con severidad ese problema.

También es curioso que no se cite que la mayor parte de los editores tienen carritos de la compra en sus páginas web, cuando resulta que Cegal tiene ahora la plataforma todostuslibros.com que sirve de agregador y facilitador de la compra online. Es cierto que les he sugerido que cuando el libro no aparezca con existencias en ninguna librería (libros muy antiguos) debe saltar la página del editor. El servicio al cliente debe ser una divisa para todos.

Me preocupa que no se hable de que se está montando una gran plataforma para vender libros electrónicos a las bibliotecas públicas dejando fuera a los libreros. No lo he visto en ningún blog. Preocupante, muy preocupante.

Hay que recordar también, porque no se habla de ello, que la batalla entre las grandes plataformas de comercio online por la cuota de mercado del libro en España va a poner de moda una mercadotecnia online de última generación que va a ser la pera limonera de la sofisticación, cosas como los gastos de envío gratis y los bonos canjeables de 20 euros son antiguallas, lo que viene en mercadotecnia de lineales online hará que muchos libreros se pregunten acerca de quiénes son sus compañeros de viaje.

También me llama la atención que no se hable de la realización de un Código de Buenas Prácticas del sector, para mí imprescindible a la hora de regular la «jungla» en la que se mueve el libro.

Creo por tanto que hay que cambiar ciertos chips, hay que recuperar el espíritu editorial y librero de los años 70; los editores y libreros eran cómplices, no competidores, tenían códigos internos y externos de funcionamiento, actitudes críticas ante lo que ocurría, y esto se ha perdido. Hacer la guerra por tu cuenta puede conllevar que ganes una batalla, pero a buen seguro perderás la guerra. Además, es imprescindible un marketing mucho más contundente y mediático que reposicione el mundo del libro en la sociedad en la que vivimos. El libro es hoy un problema de estado, y éste es el problema. Rotos los frágiles equilibrios por la crisis, la insostenibilidad de ciertos modelos es un hecho incuestionable, el agrupamiento de pequeños buscando sinergias es casi la única tabla de salvación que tendrán si la crisis actual sigue con esta intensidad un par de años más, y ningún informe de los que leo observa brotes verdes, salvo en las alcachofas. El capital intelectual masivo que atesoran gran parte de editores y libreros les debería llevar a cuestionarse la manera de incidir y estar en la sociedad. A los editores y libreros les debería preocupar el avance de la lectura; cómo llegar a los jóvenes, su cliente de los próximos años, una generación perdida, sin renta, sin empleo y sin expectativas; la bibliodiversidad cultural de una sociedad cada vez más empobrecida, en lo económico y en lo social; las adquisiciones de libros y revistas en las bibliotecas públicas; la digitalización masiva de catálogos; el diseño y arranque de proyectos mancomunados de editores en el área de la comercialización digital, etc. Se impone pues organizarse y recuperar los viejos comités de agitación y propaganda, y por supuesto subvertir. En cierta medida, el tiempo corre en contra de lo pequeño.

Termino con dos ideas. La primera: hable hace unos días con Fernando Valverde y le sugerí lo siguiente, hay que sentarse en torno a una mesa y a calzón quitado cerrar acuerdos, definir políticas y afrontar el futuro. La segunda: si hay una ley —la actual— se aplica hasta que el mono hable inglés, y caiga quien caiga, y si no se aplica por vulneraciones diversas, sentémonos a dibujar futuribles.

He sido librero veinticinco años, y entre bomberos nunca nos pisamos la manguera.

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3 Responses to El agujero negro del libro: matizaciones necesarias

  1. “El libro es hoy un problema de estado, y éste es el problema” dices, y si eso fuera verdad, habría una solución. Por desgracia quien define la estatalidad de las problemáticas son los grupos de presión que las sustentan, y no creo que entre banqueros y grandes industrias dejen muchas migajas que repartir. La gran pregunta es qué aporta el librero como elemento de valor a la cadena de distribución y la respuesta que están descubriendo los editores es que en la edición digital ese aporte es nulo, cuando no negativo. Y ya están jubilados o a punto (si no le echan antes, como a los periodistas de El País) los gestores que pensaban en la ética y en eso de no pisarse la manguera antes que en la cuenta de resultados.

  2. Manuel, espero que se te lea con el mismo rigor con el que escribes. Gracias por insistir, pese a todo…

    María Moreno

  3. Pingback: Bitacoras.com

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